La última vez que lo cargaste en brazos, el último paseo en carrito, la última vez que lo llevaste al parque, el último beso antes de entrar en el colegio cuando sus amigos están delante… Momentos únicos y especiales que, durante un tiempo, se repiten constantemente, motivo por el que no se les da mayor importancia, pero que acaban desapareciendo sin que ni siquiera nos demos cuenta. Así lo pone de manifiesto el estudio Es ahora, impulsado por Mayoral, del que se desprende que 2 de cada 3 madres y padres (el 65,4%) sienten que no fueron plenamente conscientes de las últimas veces de sus hijos. Este fenómeno se da especialmente en la primera infancia, pero para los progenitores la 'última vez' más temida es, sin duda, la llegada del nido vacío y la emancipación total, seguida del miedo a perder la exclusividad afectiva, es decir, el momento en que los hijos prefieran pasar su tiempo de ocio con sus amigos antes que con la familia.
Esa pérdida silenciosa viene de la mano de la sensación de que el tiempo vuela, una sensación casi universal, pues reconocen tenerla el 81,3% de los progenitores que han participado en el estudio. De hecho, otra de las conclusiones es que el 94,6% de los padres y madres siente que el ritmo frenético del día a día les impide disfrutar del aquí y ahora con sus hijos. "Efectivamente, el modo de vida que llevamos la mayoría de las familias es frenético y suele ser muy frecuente en consulta la frase de No me da la vida para más", nos cuenta Loreto Charques, psicóloga y directora de Centro Psicológico Loreto Charques, de Madrid (www.centropsicologicoloretocharques.com), con quien hemos hablado en torno a este tema que tanto se comenta socialmente, pero al que se le suele prestar poca atención en medios de comunicación.
El tiempo de calidad precisa de no mirar el reloj cuando estamos inmersos en sus juegos o conversaciones
El hecho de que sea frecuente no es, como apostilla Charques, un consuelo, puesto que los padres se pierden momentos y años con sus hijos que no vuelven. "Los niños se medio crían con sus niñeras o abuelos y, cuando llegamos a casa agotados de las largas jornadas laborales, no se tienen las ganas al 100% de tirarse al suelo para jugar o de interactuar con lo que nos demandan", añade. "Quedan pocas horas del día y prácticamente solo dan para cenar, ducha y acostarse, por lo que es otro día 'perdido' o desconectados de lo importante, que son ellos".
Esta es una realidad que no solo queda constatada en la práctica clínica de una consulta psicológica, sino que también se evidencia en el citado estudio, según el cual un elevadísimo porcentaje (nada menos que un 96,5%) de progenitores pospone dedicar tiempo de calidad a sus hijos varias veces por semana.
El tiempo de calidad en la crianza de los hijos, ¿cómo lograrlo?
Siempre se habla del tiempo de calidad con los hijos, tan necesario para ellos, para su bienestar emocional (y también para el de los propios padres y madres, no lo olvidemos). Aunque algunos autores hablan del engaño del concepto de 'tiempo de calidad', asegurando que los niños lo que precisan es tiempo, sin más, pero con presencia y disponibilidad, la realidad es que en la mayoría de las familias, como hemos visto, no es posible. ¿Cómo conseguir, entonces, el tiempo de calidad?
Para responder a ello, primero hemos de saber en qué consiste esa 'calidad'. "Calidad es el aquí y ahora con ellos", nos responde Loreto Charques. "Hacerles sentir que su opinión, su historia o su juego es importante y les estamos escuchando, no solo oyendo".
La psicóloga subraya que esa calidad en el tiempo con los hijos implica no estar haciendo otra tarea, como estar mirando el móvil o estar contestando un mail mientras nos enseñan el dibujo que acaban de hacer. "La calidad precisa de no mirar el reloj cuando estamos inmersos en sus juegos o conversaciones".
Para poder aprovechar ese tiempo juntos y que los padres puedan así vivir y disfrutar de forma más consciente de las diferentes etapas de la infancia de sus hijos, Charques recomienda sacar al menos un rato al día entre semana para ellos. "Un rato corto, pero diario y de la calidad que hablábamos anteriormente, que se convierta en un rato especial". Ella propone que los niños elijan un juego, una actividad o algo que para ellos sea importante y que sepamos que quieren compartir con nosotros.
"Un momento muy especial es poder sacar diez minutos en la cama, antes de que se duerman, para hablar de su día, sus preocupaciones o bien de si se han sentido orgullosos ese día en el colegio por algo que hayan hecho", que deben ser a conciencia y con presencia, como señala la psicóloga. Además, hay tres momentos muy importantes en el día de un niño: uno es nada más levantarse, otro a la salida del colegio y el último, antes de acostarse. "Debemos asignarnos y repartirnos como padres estos tres espacios para sacar la mayor calidad posible de ese momento".
Teniendo en cuenta esa sensación casi universal de que los hijos crecen 'de golpe', el estudio Es Ahora pone de manifiesto otro dato con el que muchos se sentirán identificados y es que el 86,1% de las madres y padres desearía poder ralentizar la etapa actual de sus hijos. ¿Cómo podemos aprovechar y aprender a valorar esos momentos cotidianos que parecen insignificantes pero que un día desaparecen? "Voy a contestar esta pregunta con algo que escuché un día de un psiquiatra muy conocido, el cual me gusta mucho, que dice: La infancia es el patio donde vamos a jugar el resto de nuestras vidas". Loreto Charques nos muestra así su convencimiento de que si analizamos lo profunda que es esta frase y toda la responsabilidad que nos implica, sacaríamos tiempo de calidad de debajo de las piedras.
"Valoraríamos cualquier pequeño espacio con y para ellos y nos esforzaríamos plenamente en darles la mejor respuesta y atención, ya que sabemos que, más adelante, les influirá en la manera de relacionarse con el mundo, aunque para nosotros sea algo insignificante en este momento", añade.






