Psicología

Cómo hablar sobre la tragedia de Urda con niños: "Nuestro objetivo no debe ser evitar que sientan miedo, sino acompañarlos cuando lo sienten"


Hablamos con la neuroeducadora Elvira Perejón, quien nos explica qué decirles en función de su edad y de las características particulares de cada niño


Madre consuela a su hija© Getty Images
29 de octubre de 2026 a las 16:06 CET

En medio de la conmoción por el trágico accidente de tren que ha tenido lugar este miércoles a la altura de Urda (Toledo), muchos padres se cuestionan cómo tratar este tipo de noticias con sus hijos. Algunos niños pueden sentir miedo o preocupación, especialmente si ellos o alguien muy próximo utiliza habitualmente este medio de transporte; otros muchos, sentirán tristeza o incluso rabia, mientras que los más sensibles pueden manifestar verdadera angustia. ¿Cómo hablar con los niños ante este tipo de tragedias? Se lo hemos preguntado a Elvira Perejón, neuroeducadora, especialista en neuropsicología infanto-juvenil y bienestar digital, maestra de Infantil y Primaria, speaker, formadora y divulgadora en redes como @educacionincondicional. Ella nos indica qué tener en cuenta según la edad y el momento madurativo del niño, así como según su personalidad y su temperamento. 

Ante la noticia y las imágenes en torno a ella, ¿qué emociones puede despertar en los niños? ¿Más aún cuando es el segundo accidente de este tipo en un año?

Una tragedia así puede despertar miedo, tristeza e inseguridad, especialmente cuando los niños piensan que podría ocurrirles a ellos o a sus familiares. El cerebro infantil todavía está desarrollando su capacidad para interpretar el peligro y comprender las probabilidades. Por eso, escuchar varias noticias sobre accidentes puede hacerles percibir el riesgo como algo mucho más frecuente de lo que realmente es.

Pero debemos recordar algo fundamental: sentir miedo o tristeza no significa que un niño vaya a traumatizarse. A veces, por temor a traumatizarlos, evitamos hablar o intentamos que dejen de sentir emociones desagradables. Sin embargo, nuestro objetivo no debe ser evitar que sientan miedo, sino acompañarlos cuando lo sienten.

Acompañar el miedo es ayudarles a sentirse seguros mientras aprenden a gestionarlo

Elvira Perejón, neuroeducadora y autora de 'Educar con cerebro'

¿Cómo ayudarles y cómo abordar con ellos la información que reciben?

No necesitamos contarles todas las tragedias del mundo ni generarles preocupaciones que todavía no tienen. Pero, si preguntan, debemos responder con sinceridad, delicadeza y un lenguaje adaptado a su desarrollo. Podemos comenzar con: "¿Qué has escuchado?, ¿qué es lo que te preocupa?".

Si preguntan por la muerte, debemos evitar eufemismos como "se ha dormido para siempre" o "se ha ido de viaje" siendo preferible explicar con naturalidad la muerte.

En niños neurodivergentes, puede ser necesario ofrecer explicaciones más concretas, mayor previsibilidad o más tiempo para procesar la información, siempre atendiendo a sus necesidades individuales.

Y algo esencial: los niños aprenden más de lo que ven en nosotros que del discurso que les damos. por eso nuestro ejemplo es fundamental. Desde la neuroeducación hablamos de corregulación emocional porque no necesitamos ocultar nuestra tristeza, sino mostrarles cómo podemos sentir, expresar y gestionar emociones difíciles sin trasladarles nuestra angustia.

Madre consuela a su hija© Getty Images

¿Qué podemos contestar si nos preguntan "¿y si nos pasa a nosotros?"?

Lo primero es validar su miedo sin alimentarlo. Evitemos frases como "no digas tonterías" o "eso jamás nos va a pasar". Podemos responder: "Entiendo que te dé miedo. Que haya ocurrido un accidente no significa que vaya a pasarnos a nosotros. Hay muchas medidas de seguridad y profesionales trabajando para protegernos".

Después, debemos escuchar y acompañar sin exigir que se tranquilicen inmediatamente. Acompañar el miedo es ayudarles a sentirse seguros mientras aprenden a gestionarlo.

¿Cómo ayudarles a diferenciar entre una tragedia excepcional y un peligro constante?

Nuestro cerebro presta especial atención a las amenazas, pero que algo nos impacte mucho no significa que ocurra frecuentemente. Podemos explicarles: "Cada día viajan muchísimos trenes y la inmensa mayoría llegan a su destino sin accidentes. Esta noticia aparece precisamente porque ha ocurrido algo grave y no pasa normalmente".

También debemos limitar o evitar la exposición repetida a noticias e imágenes impactantes, mantener las rutinas y transmitir calma con nuestro propio comportamiento. La seguridad emocional consiste en saber que tenemos personas que nos acompañan cuando algo nos preocupa y no en prometer que nunca ocurrirá nada malo porque evitar eso es imposible.

Elvira Perejón, docente experta en neuropsicología y neurodivergencias© Elvira Perejón
Elvira Perejón, neuroeducadora y autora de Educar con cerebro

¿Qué señales indican que la noticia les está generando una ansiedad que requiere una atención especial?

Debemos observar cambios importantes en su comportamiento habitual: pesadillas, dificultades para dormir, miedo intenso a separarse, dolores de barriga, irritabilidad, preguntas repetitivas o rechazo a actividades que antes disfrutaban.
En algunos niños neurodivergentes también pueden aparecer una mayor necesidad de control, rigidez o dificultades de regulación emocional.

No debemos patologizar el miedo. Lo importante es observar su intensidad, persistencia y si interfiere en la vida cotidiana. Si el malestar es intenso, no disminuye o afecta a su funcionamiento habitual, conviene consultar con un profesional de salud mental infantojuvenil.

La seguridad emocional consiste en saber que tenemos personas que nos acompañan cuando algo nos preocupa y no en prometer que nunca ocurrirá nada malo porque evitar eso es imposible

Elvira Perejón, neuroeducadora y autora de 'Educar con cerebro'

¿Puede una conversación sobre una tragedia servir también para educar en la empatía y la solidaridad?

Por supuesto. Podemos hablarles de las familias afectadas, de los profesionales que están ayudando y de cómo las personas nos apoyamos en momentos difíciles, sin necesidad de exponerlos a imágenes dolorosas. Podemos preguntarles: "¿Qué crees que podemos hacer para ayudar a alguien que está pasando por un momento difícil?". Pero, sobre todo, enseñarles con nuestro ejemplo cómo acompañamos el dolor ajeno y ofrecemos ayuda.

Educar en empatía no consiste en hacer que nuestros hijos carguen con el sufrimiento del mundo, sino en enseñarles que podemos cuidarnos unos a otros, incluso en los momentos más difíciles.