Leticia Martín, psicóloga, sobre el papel de las abuelas como ancla emocional para Carlos Espí: "Pueden recordar quién era antes de que llegaran los resultados, la fama o el reconocimiento"


El futbolista del Real Madrid acudió acompañado por sus dos abuelas a su presentación como jugador blanco, demostrando el vínculo que mantiene con ellas


Carlos Espí, uno de los fichajes del Real Madrid en la temporada 2026-27© UEFA via Getty Images
4 de septiembre de 2026 a las 17:02 CEST

Detrás del éxito, de los focos del estadio Santiago Bernabéu y la presión del fútbol de élite, se esconde una red emocional sólida que mantiene los pies de un futbolista como Carlos Espí en la tierra. El joven delantero valenciano, clave en la permanencia del Levante UD antes de su salto al Real Madrid, ha demostrado que su madurez dentro y fuera del campo no es casualidad. Su sencillez, su marcada visión del trabajo en equipo y esa naturalidad con la que esquiva el protagonismo individual tienen un origen claro en Tavernes de la Valldigna, su localidad natal, y muy especialmente en la figura de sus dos abuelas, María y Conchín, a las que está muy unido.

Tanto es así, que hemos podido ver al jugador acompañado por ambas tanto en la grada del Ciutat de València como, más tarde, en el día de su presentación oficial como jugador del club blanco, lo que pone de manifiesto cómo el apego a las raíces y el referente de los abuelos actúan como una verdadera ancla psicológica en momentos de gran éxito. Él mismo hablaba sobre ellas sin renunciar al humor: "Hay una que sí, que todo es muy bonito. Pero la otra, cuando voy a su casa parece que no hago nada bien". Contaba, de hecho, en declaraciones a Radio MARCA que sufrían más por las patadas que recibía que por los resultados y bromeaba con esta exigencia de María, que le recordaba las ocasiones falladas incluso después de haber marcado gol. Sus abuelas representan las dos caras de una misma moneda emocional, pero con un peso decisivo en su mentalidad deportiva. Y de lo que no hay ninguna duda es del hermoso vínculo que tiene con ellas.

Para comprender el impacto de estas vivencias en el alto rendimiento, analizamos con la ayuda de la psicóloga general sanitaria Leticia Martín Enjuto de qué manera la presencia, la exigencia y el afecto de los abuelos influyen en la gestión que hacen los jóvenes deportistas de sus propios logros y fracasos.

Leticia Martín Enjuto, psicóloga clínica sanitaria
Leticia Martín Enjuto, psicóloga clínica sanitaria

Al no tener, en la mayoría de los casos, la responsabilidad directa de la crianza, ¿por qué encajamos de forma diferente las críticas o los elogios que vienen de un abuelo en comparación con los de un padre?

Exacto, suele construirse desde un lugar diferente al de los padres. Los progenitores tienen una responsabilidad educativa directa: ponen normas, establecen límites, corrigen comportamientos y acompañan el día a día. Por eso, una crítica procedente de un padre puede estar más asociada, para el hijo, a esa función educativa. En cambio, los abuelos suelen ocupar un espacio en el que existe mayor distancia respecto a la crianza cotidiana y, muchas veces, una relación más vinculada al afecto y a la experiencia.

Precisamente por eso, la opinión de un abuelo puede adquirir un significado emocional muy particular. Cuando existe un vínculo estrecho, sus palabras tienen mucho peso porque proceden de una persona cuya aprobación no sentimos necesariamente ligada a nuestras obligaciones diarias. Un elogio puede reforzar mucho la autoestima, mientras que una crítica puede afectar especialmente, pero también puede aceptarse mejor cuando el joven percibe que detrás de ella hay cariño, confianza y deseo de que siga creciendo.

¿Hasta qué punto la relación con los abuelos moldea esa capacidad de mantener la humildad tras un gran éxito?

Puede perfectamente contribuir a que el joven construya una identidad que vaya más allá de sus éxitos. Cuando una persona empieza a recibir reconocimiento, atención mediática o admiración externa, existe el riesgo de que termine identificándose demasiado con aquello que hace y con la imagen que los demás tienen de ella. En este sentido, los vínculos familiares pueden ofrecer un espacio de normalidad en el que el joven no tiene que demostrar nada para sentirse valorado.

Además, los abuelos pueden conectar al joven con su historia y con sus raíces. Son personas que han conocido otras etapas de su vida y que pueden recordar quién era antes de que llegaran los resultados, la fama o el reconocimiento. Esa mirada ayuda a relativizar el éxito sin necesidad de quitarle valor. La humildad no implica infravalorarse ni restar importancia a lo conseguido, sino ser capaz de reconocer los propios méritos sin convertirlos en la base de la propia identidad.

Cuando existe un vínculo estrecho, las palabras de los abuelos tienen mucho peso porque proceden de una persona cuya aprobación no sentimos necesariamente ligada a nuestras obligaciones diarias

Leticia Martín Enjuto, psicóloga

En jóvenes que están empezando a destacar y a recibir mucha atención mediática, ¿qué rol juegan los abuelos a la hora de actuar como “ancla” para que no pierdan la perspectiva?

Pueden convertirse en una figura de referencia especialmente importante cuando la vida de un joven comienza a cambiar rápidamente. La exposición pública, las redes sociales, las entrevistas y las expectativas asociadas al éxito pueden hacer que una persona empiece a sentirse observada y evaluada constantemente. En ese contexto, disponer de un espacio familiar donde pueda ser simplemente él mismo, sin necesidad de demostrar nada, puede resultar muy protector.

Ese papel de “ancla” no significa frenar su ambición ni quitar importancia a lo que está consiguiendo, sino ayudarle a ponerlo en perspectiva. Los abuelos pueden recordarle que el éxito forma parte de su vida, pero no define quién es. Transmitir orgullo por sus logros al mismo tiempo que se mantiene la normalidad en el vínculo puede ayudarle a desarrollar una autoestima más estable y menos dependiente de la aprobación externa.

La compra de su fichaje ha sido por 25 millones de euros © @cespi10
La compra de su fichaje ha sido por 25 millones de euros

En el caso como el del jugador, de tener dos perfiles de abuelas, una indulgente y otra muy crítica, ¿cómo influye en un joven tener una figura en la familia que le exige tanto frente a otra que lo aprueba todo?

Tener dentro de la familia dos figuras con estilos tan diferentes puede ser, en realidad, una experiencia enriquecedora para un joven, siempre que exista un equilibrio. Una abuela más exigente puede transmitir valores relacionados con el esfuerzo, la responsabilidad, la constancia o la importancia de seguir trabajando incluso cuando las cosas van bien. Por otro lado, una abuela más indulgente puede aportar aceptación, seguridad y la sensación de que uno es querido independientemente de sus resultados. Son dos mensajes diferentes, pero ambos pueden ser necesarios en el desarrollo.

Lo importante es qué hay detrás de esa exigencia. Cuando se transmite desde el afecto y se pone el foco en el esfuerzo y en el proceso, puede ayudar al joven a desarrollar tolerancia a la frustración y capacidad de superación. El problema aparece cuando la exigencia se convierte en una sensación permanente de que nunca es suficiente o de que el cariño depende del rendimiento. Del mismo modo, una aprobación constante y sin límites tampoco favorece necesariamente el crecimiento. Lo saludable es que el joven pueda sentirse valorado por quien es, al mismo tiempo que aprende que también existen límites, responsabilidades y aspectos que puede seguir mejorando.

Mantener los pies en la tierra no significa restar importancia a los logros, sino ayudar al joven a entender que puede sentirse orgulloso de lo conseguido sin que su valor personal dependa exclusivamente de su rendimiento

Leticia Martín Enjuto, psicóloga

Desde la psicología, ¿la "exigencia familiar" ayuda a mantener los pies en la tierra o puede generar una presión excesiva?

Puede ser una herramienta muy positiva cuando ayuda a mantener una perspectiva realista sobre el éxito. En el caso de un joven que empieza a destacar, tener familiares que le recuerden que detrás de un logro hay trabajo, disciplina y constancia puede ayudarle a no interpretar un éxito puntual como la culminación de todo su recorrido. Los abuelos, además, suelen aportar una mirada vinculada a la experiencia y pueden ayudar a relativizar tanto los éxitos como los fracasos.

Sin embargo, veo mucho en consulta cómo esa exigencia deja de ser beneficiosa cuando se convierte en una evaluación continua. Si el joven siente que siempre tiene que demostrar algo más o que cualquier error puede decepcionar a su familia, puede aparecer una presión innecesaria y miedo a equivocarse. Mantener los pies en la tierra no significa restar importancia a los logros, sino ayudar al joven a entender que puede sentirse orgulloso de lo conseguido sin que su valor personal dependa exclusivamente de su rendimiento.

Hay jóvenes que encajan las críticas de sus abuelos desde el humor y el afecto. ¿Es el humor la mejor herramienta psicológica para gestionar las altas expectativas de la familia?

El humor puede ser un recurso muy saludable para gestionar determinadas críticas familiares porque permite rebajar la tensión y tomar cierta distancia emocional. Cuando existe una relación basada en la confianza, una crítica expresada desde el humor puede resultar mucho más fácil de recibir y puede convertirse incluso en una forma de complicidad entre el abuelo o la abuela y el nieto. También permite recordar que no todo tiene que vivirse desde la exigencia o la preocupación por el resultado.

Pero no podemos considerar el humor como una solución universal. Es positivo cuando ayuda a relativizar y a comunicarse, pero no cuando se utiliza para esconder emociones o evitar conversaciones necesarias. Si detrás de esas críticas existe una presión elevada, miedo al fracaso o expectativas que están afectando al joven, también es importante poder hablar de ello directamente. Lo más saludable es que exista un vínculo en el que se pueda bromear, pero también expresar preocupación, frustración o inseguridad cuando sea necesario.