Laura Estremera, psicóloga: "Una expectativa poco realista sobre la maternidad es creer que podemos con todo y no necesitamos apoyo y red social para criar"


La experta aborda en su libro la importancia de acompañar a los niños en los primeros años, en los que se construyen las bases que lo acompañarán toda su vida


Laura Estremera, autora del libro 'La infancia acompañada'© Ainhoa Fandos Gil
12 de junio de 2026 a las 7:36 CEST

La crianza se enfrenta hoy a una paradoja: nunca ha habido tanta información sobre desarrollo infantil y, al mismo tiempo, tantas dudas sobre cómo acompañar a los niños en sus primeros años. Una etapa que cuenta, además, con una importancia capital: constituye el periodo en el que se construyen las bases emocionales, sociales y cognitivas que acompañarán a una persona durante toda su vida.

Sin embargo, en una sociedad marcada por la prisa, la productividad y la búsqueda constante de resultados, comprender los ritmos reales del desarrollo infantil sigue siendo una asignatura pendiente. Hablamos sobre ello con Laura Estremera, maestra y psicóloga especializada en atención temprana, autora del libro La infancia acompañada, que invita a mirar la infancia desde una perspectiva más respetuosa con los procesos naturales de los niños y más consciente del papel que desempeñan los adultos en esos primeros años decisivos.

En el libro afirma que “la infancia es una etapa esencial que deja huella para toda la vida”. ¿Qué cree que seguimos sin entender del todo sobre esos primeros años?

Considero que es una etapa poco valorada y que la comprendemos de una forma superficial, solemos tener muy claros cuáles son los puntos finales, lo que nos gustaría que nuestros niños lograran o llegaran a ser capaces de hacer, por ejemplo, que sean capaces de regular sus emociones, de cuidarse, de respetar y respetarse, de ser empáticos, relacionarse con los demás sin perder su esencia, sentir curiosidad por el entorno y aprender... pero no comprendemos cómo se da el proceso durante estos primeros años, porque, en muchas ocasiones, este no se parece en absoluto al resultado final, pero es necesario que pueda darse para que más adelante puedan desarrollar otras capacidades.

Un ejemplo sería la capacidad de compartir, nos empeñamos en que compartan con otros niños cuando son muy pequeños y no pueden hacerlo, sin comprender que están en una etapa de poseer y es desde ahí, como más adelante podrán compartir sus cosas con los demás.

Explica que los primeros cinco años son un periodo crítico para el desarrollo emocional. ¿Qué ocurre exactamente en el cerebro en esa etapa?

Aunque es un proceso complejo, para explicarlo de una forma breve y sencilla, tenemos que entender que los bebés nacen con un cerebro sin desarrollar, un cerebro que tiene las estructuras, pero todavía no las conexiones entre ellas y que estas no se construyen de una forma fija, sino que las conexiones entre las diferentes estructuras dependen de las experiencias que los niños reciban del entorno por parte de las personas que les cuidan.

Además, como un niño pequeño, no puede regular sus emociones ni dar respuesta a sus necesidades por sí mismo, necesita que haya adultos cerca que les ayuden, por eso, cuando un niño pequeño siente una emoción intensa necesita que otra persona, más madura y con un cerebro desarrollado le ayude a regularla, esto no solo le ayuda a la criatura en ese momento concreto, sino que crea unas conexiones en ese cerebro en formación que utilizará en el futuro.

Niña abraza a su madre© Getty Images

En el texto diferencia los periodos sensibles de los periodos críticos. Menciona que la regulación emocional tiene un periodo crítico hasta los 5 o 6 años. ¿Qué consecuencias reales tiene en el cerebro de un niño el no recibir un acompañamiento adecuado en esta ventana de tiempo?

Primero diferenciaremos brevemente qué es un periodo sensible y qué es uno crítico, el sensible es un tiempo importante para que un niño pueda desarrollar una capacidad de una forma más fácil y rápida pero que, si no lo hace en ese periodo podrá seguirla desarrollando a lo largo de su vida. En cambio, hablamos de periodo crítico a un tiempo concreto en el que la criatura tiene que estar expuesta a unos estímulos concretos para que una función pueda desarrollarse.

Lo que vamos desarrollando más tarde en nuestra vida se asienta sobre lo que hemos ido pudiendo desarrollar en las etapas previas, un niño pequeño necesita sentir que cuenta con personas que le protegen cuando todavía no puede hacerlo solo, necesita sentir amor, atención, cuidados, seguridad, que acompañan sus emociones... desde ahí irá creando unos patrones de cómo funciona el mundo, qué puede esperar de los demás o qué merece, así como unas herramientas para moverse por la vida, explorar, relacionarse. Y no serán las mismas cuando en los primeros años han podido recibir lo que necesitaban que cuando aquello que tenía que llegar no lo ha hecho.

Explica que tradicionalmente la educación y la crianza se han centrado en la conducta observable (lo que el niño hace o no hace). ¿Por qué nos cuesta tanto a los adultos mirar el "proceso interno" en lugar de querer corregir la superficie?

Porque desconocemos cuál es ese proceso interno, qué hay detrás de las acciones concretas de los niños pequeños y las interpretamos en muchas ocasiones como conductas con intenciones "malevolentes". Un ejemplo de ello es cuando un niño lanza un objeto una y otra vez desde la trona o el carro, los adultos lo podemos interpretar como que nos está retando, que lo hace a propósito para fastidiarnos o molestarnos puesto que le hemos advertido que ya es suficiente y que no lo haga más. En cambio, lo que hay debajo es una experimentación con los objetos, cómo reaccionan según su material o forma, qué ocurre cuando se varía la fuerza aplicada...

Muchos de nosotros podemos sentir que tenemos que saber de todos los temas y si hablamos, de infancia y de crianza, el abanico es amplio: alimentación, sueño, movimiento, juego, socialización, aprendizaje, emociones...

Laura Estremera, maestra y psicóloga

Habla también de la prisa por adelantar contenidos académicos (idiomas: esto lo eliminaría, fichas, números) en los primeros cinco años. ¿Qué le diría a las familias o escuelas que temen que, si no los estimulan así, sus hijos "se queden atrás"?

De nuevo somos conocedores de a dónde nos gustaría llegar, pero se desconoce el proceso sobre cómo se llega con unas bases sólidas. Cada etapa del desarrollo tiene su función y sus características y la forma de aprender durante los primeros años no se parece a la de los adultos, los niños pequeños lo hacen desde la acción, desde el movimiento, es decir, desde el juego libre y no desde la quietud, realizar fichas, actividades dirigidas o escuchar a los demás, que es más bien la forma en la que lo hacemos nosotros.

Quizás nos pueda parecer que cuando un niño juega solo está pasando el tiempo o se está entreteniendo, pero el juego es una necesidad de la infancia y a través de él están adquiriendo los aprendizajes más importantes de los primeros años, quizá lo que nos falta a los adultos es saber mirar qué hay detrás de algo que a simple vista nos parece tan simple.

Portada del libro 'La infancia acompañada', de Laura Estremera

Se identifica como parte de la generación millennial y la define como "la generación de la frustración" y la sobreexigencia. ¿Cómo está influyendo ese sonido de fondo del "estudia, esfuérzate" en la forma en que esta generación cría a sus hijos hoy en día? ¿Nos estamos autoexigiendo "sacar un máster" para ser padres?

Muchos de nosotros podemos sentir que tenemos que llegar a todo, que tenemos que saber de todos los temas y si hablamos, de infancia y de crianza, el abanico es amplio: alimentación, sueño, movimiento, juego, socialización, aprendizaje, emociones... por lo que podemos vivirlo como una sobre exigencia en una crianza que ya de por sí puede resultar agotadora. Y está genial que nos interese la infancia, que queramos comprenderla para poder entender qué es lo que los niños hacen, qué necesitan y cómo acompañarlos, pero sin que eso nos aporte más presión.

Los ritmos digitales nos han hecho querer "recetas rápidas" para corregir comportamientos. ¿Cómo se gestiona la lentitud y los ritmos naturales de la crianza en un mundo que funciona a golpe de clic?

Cada vez estamos más desconectados de los ritmos naturales, los ritmos de luz y oscuridad, las estaciones, las esperas... y en cambio los tiempos de la infancia son los mismos desde hace siglos, lo que nos puede resultar difícil. Cuando hablamos de desarrollo no es posible acelerar procesos, en todo caso, si nos empeñamos en ello podrá "parecer" que el niño se comporta como si fuera más mayor, pero lo hará con unas bases inestables que tarde o temprano asomarán. La infancia lleva su ritmo, sus tiempos y es necesario comprenderlos, aceptarlos y ajustarnos a ellos.

Madre e hija hacen manualidades© Getty Images

¿Qué expectativas poco realistas sobre la maternidad y la paternidad detecta con más frecuencia?

Creer que podemos seguir con nuestro ritmo de vida y horarios como antes de tener hijos o que estos se adaptarán a la vida de los adultos. La idea de que los bebés solo comen y duermen. Creer que podemos con todo y no necesitamos apoyo y red social para criar. Prestar demasiada atención a lo material que podemos ofrecerle o comprarle a la criatura y no tanto a lo emocional y relacional, a todo eso que nosotros le podemos ofrecer y que es tan necesario como nuestra atención, mirada, escucha y presencia. Pensar que lo que los niños hacen por iniciativa propia, en sus movimientos, en sus juegos tiene poco valor o crecer que los niños pequeños pueden calmarse solos y que pueden explicarnos con palabras su mundo interno.

¿Por qué cuesta tanto aceptar conductas infantiles que son normales desde el desarrollo, como no compartir o no poder estar quietos?

Porque no comprendemos el desarrollo de los procesos, muchas veces pensamos que es cuestión de grado, es decir, que cuando los niños son pequeños hacen las mismas cosas que los mayores, pero con menor frecuencia o de una manera más simplificada, pero en muchas ocasiones esto no es así y el proceso no se parece al resultado final. Por ejemplo, para poder compartir con los demás, el niño va a atravesar una etapa en la que necesita poseer, sentir que las cosas son suyas, si no permitimos este momento, va a ser más complicado que más adelante quiera compartir genuinamente.
Por otro lado, los niños cuando son pequeños necesitan moverse, nos puede dar la sensación de que "no paran quietos" y va a ser desde ese movimiento como poco a poco su cuerpo comenzará permanecer más tiempo quieto, es decir, desde favorecer que se mueva es como llegará a estar quieto y no porque le enseñemos nosotros o le hagamos permanecer sentado y tranquilo a ratitos crecientes.

Cada vez estamos más desconectados de los ritmos naturales, los ritmos de luz y oscuridad, las estaciones, las esperas... y en cambio los tiempos de la infancia son los mismos desde hace siglos, lo que nos puede resultar difícil

Laura Estremera, maestra y psicóloga

¿Qué papel juega el apego seguro en la construcción de la identidad y la autoestima?

Los niños pequeños necesitan contar con al menos un adulto estable en sus vidas que atienda sus necesidades y le ayude en las situaciones de malestar, si recibe esta ayuda podrá sentirse tranquilo, seguro y así dedicará su energía a explorar, a investigar el entorno, a aprender, porque sabe que cuando lo necesite habrá al menos una persona para ayudarle. Si el niño va creciendo con esta sensación, también creará unos modelos internos sobre él mismo, lo que cree merecer, lo que puede esperar de los demás, lo que es capaz de hacer... si además siente que eso que él es vale la pena, tiene valor, su autoestima será elevada.

¿Qué señales indican que un niño está recibiendo el acompañamiento emocional que necesita?

Aunque esta pregunta daría para mucho, a grandes rasgos, observaría si se siente seguro de expresar todas sus emociones, incluidas esas que a los adultos no suelen gustarnos tanto como es el miedo, la tristeza o el enfado cuando la situación lo requiere; si es capaz de buscar a un adulto conocido para que le ayude con esas emociones difíciles y acepta el consuelo. También observaría si cuando se siente bien es capaz de investigar el entorno, interesarse por él y jugar. Y por supuesto, observaría todo lo que nos indica a través de su lenguaje no verbal, cómo es su tono corporal, su mirada, su gesto, su respiración, cómo se mueve, cómo usa el espacio, los tiempos, las distancias... y qué nos expresa con todo ello. 

Para terminar, si pudiera resumir el "corazón" de tu libro en un solo deseo o aprendizaje para las familias y profesionales que te leen, ¿cuál sería?

Entender a la infancia y cuál es nuestro rol, así como las cosas que son importantes en cada momento del desarrollo para que puedan ir creciendo al ritmo que necesitan. Porque lo que nos sucede durante los primeros años, aunque la mayoría de las cosas no las recordemos, forma parte de la historia de cada uno de nosotros y sienta las bases sobre las que se construirán muchas de las capacidades que se irán desarrollando a lo largo de nuestra vida.