Psicología

Volver a casa de tus padres sola y con un hijo, como le ocurrió a Loles León: "No estamos hablando necesariamente de un fracaso individual, sino de una respuesta adaptativa a circunstancias complejas"


La actriz ha contado la decisión que tuvo que tomar en un momento complicado. Hemos hablado con la psicóloga Olga Albaladejo acerca de cómo impacta en niños y adultos esta situación.


Loles León© GTRES
5 de junio de 2026 a las 13:09 CEST

Loles León contaba hace unos días en el programa que presenta en TVE, Zero Dramas, que hubo un momento de su vida en el que se vio obligada a volver a casa de sus padres. "Además fui con mochila, fui con un niño", confesaba en tono irónico. A ella le ocurrió a finales de los 70 o principios de los 80, pero se trata de una situación que también hoy viven muchas familias y que "tiene mucho más peso psicológico del que solemos reconocer", como nos indica la psicóloga Olga Albaladejo, experta en Bienestar y Salud integrativa (www.olgapsicologaycoach.com), con quien hemos hablado acerca de este asunto. "Volver al hogar de origen siendo adulto no solo implica reorganizar la vida práctica: también obliga a replantearse la identidad, la autonomía y la forma en que entendemos el éxito y el fracaso".

De hecho, la confesión de la actriz venía de un comentario de Pablo Carbonell en medio de un debate acerca de las dificultades de muchos jóvenes para acceder a la vivienda. "¿Volver a casa de tus padres? Yo no me puedo imaginar lo que es llegar a tu casa con el rabo entre las piernas diciendo todo lo que dije que iba a hacer... no me ha salido". De inmediato, la actriz respondió: "Pues yo te lo explico porque yo lo hice".

"Me fui yo sola y volví con un niño", añadía, al tiempo que detallaba que no tenían ni sitio en casa de sus padres. "Pero allí estuve, refugiada. ¿Por qué? Lo que había".

"Me gusta la palabra que utiliza Loles León: refugio", nos dice Olga Albaladejo. "Porque un refugio no es un fracaso. Es el lugar donde recuperamos fuerzas para continuar".

Volver a casa de los padres siendo adulto es más que un cambio de domicilio. Es una experiencia que toca directamente la identidad.

Olga Albaladejo, experta en Bienestar y Salud integrativa

Cómo afecta al hijo adulto verse obligado a volver a casa de sus padres

Cuando esto ocurre a cualquier persona, impacta, sin duda, emocionalmente. "Volver a casa de los padres siendo adulto es más que un cambio de domicilio. Es una experiencia que toca directamente la identidad", señala la psicóloga. "Cuando nos emancipamos solemos construir una sensación de autonomía, competencia y capacidad para dirigir nuestra propia vida. Por eso, cuando las circunstancias obligan a regresar, muchas personas sienten que están dando un paso atrás".

En primer lugar, suele aparecer la vergüenza, según nos dice. "La investigadora Brené Brown lleva años explicando que la vergüenza nos empuja a escondernos y a aislarnos. Y el silencio la alimenta", añade Albaladejo. "Además, suelen reaparecer dinámicas familiares que parecían superadas. Los padres vuelven a comportarse como padres de un hijo dependiente y el adulto puede volver, sin darse cuenta, a ocupar un lugar más infantil dentro de la familia".

Por eso la experta hace hincapié en que es importante contextualizar esta realidad y ser conscientes de que la precariedad laboral y los bajos salarios en comparación con los precios de la vivienda, o las rupturas de pareja explican buena parte de estos regresos. "No estamos hablando necesariamente de un fracaso individual, sino muchas veces de una respuesta adaptativa a circunstancias complejas".

Y recalca: "durante años hemos asociado la madurez con no necesitar a nadie; sin embargo, una de las señales más claras de madurez emocional es saber pedir ayuda cuando las circunstancias lo requieren".

Loles León con su hijo Bertoldo en una imagen de archivo© GTRES
Loles León con su hijo Bertoldo en una imagen de archivo

Volver con un hijo pequeño: cómo cambia la ecuación cuando ya no solo te cuidas a ti mismo

Si ya es duro regresar a la casa de los padres por no haber logrado mantenerte a ti mismo o por no haber logrado los sueños que se buscaban, hacerlo con un niño pequeño, como le ocurrió a Loles León, puede suponer un golpe más difícil de encajar. Hay que tener en cuenta, como señala Olga Albaladejo, que la situación incorpora nuevas responsabilidades y emociones y, sobre todo, que tiene que ser capaz de apoyar emocionalmente a su hijo y seguir ejerciendo como figura de referencia para el pequeño al tiempo que él mismo o ella misma necesita apoyo no solo económico, sino también emocional.

"Muchas personas sienten culpa, e incluso vergüenza. Temen que sus hijos interpreten la situación como un fracaso o como una señal de debilidad", comparte. "Sin embargo, la realidad suele ser mucho más compleja. Los niños no juzgan las circunstancias económicas como lo hacen los adultos; lo que observan es cómo reaccionan sus padres ante ellas".

Además, hay que ser consciente de que la convivencia de tres generaciones implica negociar espacios, horarios, estilos educativos y formas distintas de entender la vida familiar. "Por eso resulta fundamental hablar desde el principio sobre expectativas, responsabilidades y límites", según la psicóloga, quien también ve aspectos positivos de esta situación: "la presencia de los nietos suele aportar ilusión y sentido a los abuelos, mientras que para muchos padres supone un apoyo emocional y práctico difícil de encontrar en otros entornos".

Loles León© Europa Press via Getty Images

Cómo impacta en el niño convivir con abuelos, padres y un cambio de hogar

Pensar en cómo puede impactar en el desarrollo emocional del menor que ve cómo su madre o su padre tiene que depender de los abuelos es una de las mayores preocupaciones de los adultos y, sin embargo, "una de las que tiene una respuesta más tranquilizadora", afirma Olga Albaladejo. "La investigación sobre hogares multigeneracionales muestra que, cuando existe una relación familiar sana y estable, la convivencia con los abuelos puede aportar beneficios importantes al desarrollo emocional de los niños". Además, "lo que más influye no es dónde vive el menor, sino la calidad de los vínculos que le rodean".

La experta en bienestar y salud integrativa manda un mensaje tranquilizador al respecto al aclarar que todo niño aprende observando y que, si ve a su madre o a su padre atravesar una dificultad con serenidad, pedir ayuda cuando la necesita y seguir construyendo su vida, está aprendiendo una valiosa lección de resiliencia. "Los niños no necesitan padres perfectos. Necesitan adultos que les enseñen que los problemas existen y que pueden afrontarse sin derrumbarse", subraya. "El verdadero riesgo aparece cuando la tensión, los conflictos constantes o la angustia no gestionada impregnan el ambiente familiar".

Durante años hemos asociado la madurez con no necesitar a nadie; sin embargo, una de las señales más claras de madurez emocional es saber pedir ayuda cuando las circunstancias lo requieren.

Olga Albaladejo, experta en Bienestar y Salud integrativa

¿Cómo afrontar esta etapa ‘de retroceso’ con resiliencia?

Albaladejo indica que el primer paso consiste en cambiar la narrativa interna: no verlo como un retroceso, sino como una transición o una etapa temporal de reorganización. "La investigadora Kristin Neff ha demostrado que la autocompasión favorece la resiliencia mucho más que la autocrítica", expone. "Tratarse con la misma comprensión que ofreceríamos a un amigo en una situación parecida ayuda a recuperar antes el equilibrio emocional".

Para ello, la psicóloga recomienda una serie de estrategias que suelen funcionar:

  • Mantener una visión de futuro y recordar que la situación es temporal.
  • Contribuir al funcionamiento del hogar para conservar la sensación de autonomía.
  • Crear espacios propios, aunque sean pequeños.
  • Hablar de la situación con personas de confianza.
  • Establecer nuevas normas de convivencia entre adultos desde el principio.

“No es el sufrimiento lo que transforma. Es la forma en que lo integramos”, concluye Olga Albaladejo. “Por eso, esta etapa puede utilizarse para replantear prioridades, adquirir nuevas habilidades o construir con más solidez el siguiente capítulo de la vida”.