No se suele hablar mucho de ello, se trata de algo que habitualmente queda dentro del entorno familiar, pero hay adolescentes que piden insistentemente a sus padres una intervención quirúrgica para corregir un problema estético. Y también hay otros que muestran un gran malestar, que tienen muy afectada su autoestima por lo que ellos consideran un defecto físico y, aunque no piden directamente la operación, sus padres se la plantean como una opción para ayudar a su hijo o a su hija. ¿Se puede intervenir quirúrgicamente a un menor de edad por una cuestión exclusivamente estética? Lo aclara el Dr. Marco Romeo, médico cirujano plástico, estético y reconstructivo y docente y fundador de la Interactive Aesthetic Fellowship.
El Dr. Romeo detalla también cómo saber si se trata de un complejo que se puede solucionar con una operación estética o de un problema de autoestima más generalizado que no paliará ningún tipo de cirugía.
A algunos no les gusta la idea de que su hijo, tan joven, quiera cambiar su aspecto.
¿Intervención quirúrgica para una corrección estética en menores de edad sí o no?
Si la finalidad es únicamente estética se puede operar a menores de edad; por ejemplo, la otoplastia para corregir las orejas prominentes, que es un tipo de cirugía puramente estética que se hace incluso antes de la adolescencia. También puede ser el caso de la rinoplastia, pero yo personalmente no recomendaría mucho más que esto. Luego también hay que diferenciar que no es lo mismo un menor de 13 años que otro de 17 años, esto puede resultar relativo.
¿Qué suele asustar a los padres al respecto?
A los padres les da respeto la seguridad de los niños, obviamente quieren que no les pase nada malo; siempre se trata de una intervención y, claramente, como padre es normal estar preocupado por la salud de tu hijo. Además también está el impacto psicológico: a algunos no les gusta la idea de que su hijo, tan joven, quiera cambiar su aspecto. Otros padres se sienten bien seguros de este paso, los entienden, y otros incluso los empujan a hacerlo.
Si se trata de algo puramente estético que afecta a la autoestima, ¿no sería recomendable que primero trabajasen ese complejo con un psicólogo?
Un psicólogo sí sería una buena idea. Sin embargo, la realidad es que la mayoría de las familias que he conocido, como cirujano, no han recurrido a un psicólogo porque no llegan a pensar que el menor necesitará consulta psicológica. Por ejemplo, si tienes una nariz muy prominente o una chica que no tiene pecho, y quiere tenerlo más grande, pues se trata de una situación social en la que el padre también piensa que su hijo tiene un problema estético y puede resolverlo con mayor edad, o todavía siendo menor, pero se trata de un problema que es visible y definido.
¿Cuáles son los aspectos físicos que más suelen intervenirse en niños y adolescentes?
La otoplastia exclusivamente por deformidad leve o malformaciones avanzadas, y luego y cuanto más nos acercamos a los 18 años, aumento de pecho en mujeres. También, en fase de desarrollo, están los casos de mamas tuberosas, que en casos graves pueden ser deformidades bastante evidentes. De hecho, en algunos casos está cubierto por la seguridad social. Y la rinoplastia, con mucha frecuencia también.
Hay estudios que teorizan que explicar una intervención a menores de edad, y que por ende la persona la entienda mejor, es más fácil con una mujer que con un hombre.
¿Cómo saber si es necesario o si simplemente se trata de una cuestión de baja autoestima? Es decir, en ocasiones no es tanto un problema estético real, sino una percepción errónea del individuo. ¿Cómo distinguir ambas situaciones?
Distinguir un problema estético real, que se note, de una percepción del individuo, es algo que no cambia entre la población de adultos o la población de menores. Ahí es muy importante la evaluación de un cirujano que ve, que comprueba que hay un problema estético concreto.
Es interesante que, tanto adulta como menor de edad, cuanto la persona más se enfoca más en su problema, en un punto determinado, como por ejemplo puede ser su nariz, más acierto hay en la operación o la solución estética. Al contrario, cuanto más generalizada es su insatisfacción, si tiene una descripción vaga de lo que le incomoda, si tiene observaciones desenfocadas y no describe un problema concreto, es más probable que se trate de una percepción errónea del individuo. Y en este caso se rechaza la cirugía hasta pasar por la evaluación de un psicólogo.
¿Qué diría a unos padres que dudan si autorizar o no una intervención estética para su hijo menor de edad?
No intervengo cuando se trata de padres que dudan en autorizar una intervención. Opino que no hay que empujar nunca en un sentido o en otro, pero aún menos con padres de menores. Si veo que hay alguna indicación quirúrgica y los padres tienen dudas, y si yo mismo como profesional tengo alguna duda, mi recomendación siempre es pedirles que esperen un poco más de tiempo, hacer revisiones en unos meses o al siguiente año, quizás hasta que tienen 16 ó 17 años.
Y cuando vemos que hay un recorrido largo de incertidumbre, de duda, ya en la mayoría de edad operamos. Lo que hago es dar citas repetidas para comprobar si, durante la evolución psicológica y madurativa del individuo, el problema se mantiene o desaparece. A veces desaparece y a veces se mantiene. La mayoría de las veces el menor lo acepta y lo entiende, claramente frustrado por la espera, pero lo fija como objetivo cuando ya se acercan los 18 años.
¿Qué aspectos deberían tener en cuenta los cirujanos antes de proponer una intervención quirúrgica para corregir un defecto estético en un niño o un adolescente?
Es interesante observar que hay una diferencia entre hombres y mujeres menores de edad. Las mujeres menores de edad se pueden operar antes y tener mejores resultados que los varones por dos razones: la primera es que la estructura facial, sobre todo cuando operas rinoplastia y otoplastia, madura antes en mujeres que en hombres, porque por efecto de la testosterona el hombre crece hasta los 18 y 19 años.
Y, en segundo lugar, el desarrollo del lóbulo frontal, que es el lóbulo del juicio, en las mujeres se desarrolla antes. Por lo tanto, hay estudios que teorizan que explicar una intervención a menores de edad, y que por ende la persona la entienda mejor, es más fácil con una mujer que con un hombre, que igual todavía es no tiene todos los recursos para hacer por sí mismo una valoración de riesgo.
Entonces, entre el desarrollo facial bajo el influjo de la testosterona y la maduración posterior del lóbulo frontal, quizá es más seguro operar a una mujer entre los 16 o 18 años, y los hombres siempre mejor después de los 18.
Una vez que la operación quirúrgica se ha llevado a cabo y ha pasado el postoperatorio, ¿mejora notablemente la autoestima del menor?
Sí, cuando se trata de un problema focalizado, la autoestima mejora notablemente. Esto aplica tanto a adultos como a menores. Si el problema está muy enfocado y la intervención está bien ejecutada y no hay problemas, el resultado es bueno, casi siempre el adolescente o niño logra su resultado.
También hay menos variables que afectan en un menor o adolescente comparativamente hablando con respecto a un adulto. Un adulto puede justificar, alrededor de su defecto físico, una vida laboral insatisfactoria, un divorcio, entre otras porque la vida del adulto es mucho más compleja; entonces, hay más factores que entran en el juego. El adulto sufre también en más juicios sociales. En el caso del menor de edad, en cambio, una vez que resuelve este problema la familia lo apoya, lo anima, le sube la autoestima, lo ayuda y ya una vez que tiene un problema concreto –que puede ser las orejas, la nariz o el pecho corregido– ya la seguridad en sí mismo del menor aumenta.
En caso de que no sea así, de que no muestre mejoría en lo que a su autoestima se refiere, ¿a qué suele deberse?
Si la autoestima no mejora, puede deberse a un error de indicación, y también puede ser que haya mucho más detrás. Yo he visto adolescentes que, aun con el apoyo de la familia para realizar un cambio estético, tienen poca capacidad para controlar la frustración. Entonces salen de una rinoplastia, por ejemplo, se ven y expresan su satisfacción, pero a los días siguientes los padres reportan desesperados que el menor reconoce la mejora física, pero encuentra que no es suficiente para él.
Es por eso muy importante manejar bien las expectativas de un menor de edad antes de un cambio estético.
¿Cómo ayudar al niño o al adolescente en ese caso?
Lo mejor es consultar a un psicólogo o psiquiatra.






