El labio leporino es una malformación congénita que produce una llamativa alteración en el desarrollo fetal del paladar y los tejidos blandos de la boca. Tanto ésta como la fisura palatina son malformaciones congénitas craneofaciales que se producen a lo largo del desarrollo embrionario como consecuencia de la falta de unión de los arcos branquiales del primer arco faríngeo que da lugar, cuando la fusión es completa, a las estructuras blandas del labio superior y al suelo de la nariz y el paladar óseo.
El labio leporino se produce por la falta de fusión de las prominencias nasales con las maxilares entre las semanas 4-8 de la vida embrionaria, y el paladar hendido, por la falta de fusión de las crestas palatinas, entre las 6-10 semanas de la vida embrionaria. Los factores genéticos son los más frecuentes en el origen de estas malformaciones, pero también pueden aparecer por influencias no genéticas que actúen sobre el embrión en un periodo crítico de la organogénesis.
En estos niños pueden presentarse defectos en el habla, aun después de un correcto cierre anatómico del paladar.
Cómo identificar el labio leporino
La cavidad oral depende para su función de mantenerse como un espacio cerrado y hueco. Para este cierre, requiere de la competencia labial y palatina. Cuando esta no existe debido a ambas malformaciones, da lugar a deficiencias tanto anatómicas como funcionales, alterando el habla normal, la ingestión de fluidos y la masticación.
Además de la visible y llamativa alteración estética que el labio leporino y la fisura palatina originan en el recién nacido, el síntoma más inmediato y preocupante es la dificultad que presenta para la alimentación, pues la fisura palatina está abierta hacia la nariz y la leche, al ser un alimento líquido, puede refluir hacia las fosas nasales. Se adaptan mejor al pezón en la lactancia materna y para la lactancia con leche de fórmula se pueden utilizar tetinas especiales con un "tejadillo" superior.
La prevención de la aspiración y de la infección son las medidas más importantes durante los primeros días y semanas de vida. La alimentación en posición erguida, las tetinas especiales, los cuentagotas o la alimentación por sonda son posibilidades terapéuticas y de prevención.
¿El labio leporino se puede ‘arreglar’?
El cierre quirúrgico del labio leporino se suele realizar cuando el bebé ha ganado peso, al mes o a los dos meses de edad. El momento óptimo para la cirugía del paladar varía de los seis meses a los cinco años de edad, dependiendo de los cambios que ocurren en los huesos faciales con el crecimiento.
Los objetivos de la cirugía son la unión de las segmentos hendidos, una fonación inteligible y agradable, una función palatina eficaz y una estética más que aceptable.
Posibles complicaciones del labio leporino
Las infecciones recidivantes en la esfera ORL son las complicaciones más frecuentes, con otitis media recurrentes y pérdida progresiva de la audición. También es frecuente el deterioro dental, que suele hacer necesaria la corrección ortodóncica.
En estos niños pueden presentarse defectos en el habla, aun después de un correcto cierre anatómico del paladar, por una hipernasalidad cuando se emiten determinados vocablos. Esta situación suele hacer necesaria la ayuda de un logopeda.
Los niños con labio leporino o paladar hendido suelen requerir años de tratamiento especial.
Programa completo de rehabilitación del labio leporino
Los niños con labio leporino y/o paladar hendido suelen requerir años de tratamiento especial por un equipo médico constituido por un otorrinolaringólogo, un cirujano plástico maxilofacial, un ortodoncista, un logopeda, un psicólogo y una asistente social. El niño debe ser dirigido por un pediatra, responsable de informar y aconsejar a los padres y de coordinar y dirigir al conjunto de especialistas que intervienen en llevar al paciente a un buen fin.





