La arruga vuelve a ser bella: de Olivia Colman a Cher y Laura Ponte, la Alta Costura encumbra a las mujeres de más de 50


El fin del edadismo ha llegado


Laura Ponte desfilando© Getty Images
Luis NemolatoDirector especiales ¡HOLA!
27 de octubre de 2026 a las 22:45 CET

Moncler contrataba a Cher y a Grace Jones para su última campaña mundial. Y no, no se trata de una colección cápsula apres ski Studio 54, que también podría… Con una indomable rebasando los 80 y otra disruptiva superando los 70; Alessandro Michele debutaba en la Alta Costura de Valentino —hace ahora año y medio— subiendo a la pasarela a diez modelos que, entre todas, sumaban 500 año; antes, Maggie Smith, la pobre, se convertía, a los 88 y sin una sola capa de Photoshop, en el rostro de Loewe y, no, tampoco era una colaboración de la firma madrileña del lujo ni con Warner ni con JK Rowling; Lauren Hutton, tan sexy como en sus tiempos de pasote en la discoteca de Rubell y Schrageren, hacía topless —y a los 78— para la portada de una revista americana en plena Era Trumpista; y hace unos 15 días, Olivia Colman se estrenaba desfilando para Miu Miu con los zapatos dos tallas más grandes grandes —pero eso es otra historia— y todas sus canas en su lugar justo y necesario (¿alguien ha dicho Reina Letizia?) mientras  que Laura Ponte se consagraba como la gran musa de la nueva Era de Chanel, YSL, Tom Ford y Versace después de cumplir los 53…Y, sí, estás en lo cierto, se lo está haciendo todo… Pero, antes de seguir, paremos un momentito, cojamos aire y preguntémonoslo muy alto: ¿alguien puede decirnos qué demonios está pasando en la industria de la moda? Pues que se ha producido un cambio de ciclo. Elemental, querido Watson.

La reina Letizia con el pelo suelto© GTRES
La reina Letizia

Y es que si bien la reina del double tweed dijo aquello de “La moda caduca, el estilo jamás” así como aburrida en su atelier del 31 de la rue Cambon de París, la misma industria que ella misma ayudó a cimentar pareció olvidar durante décadas sus mantra. Prefería adorar la pubertad eterna como si de un vellocino dorado se tratara. Pero vaya, tal y como había hecho siempre… Y todo el mundo y en todas partes... Durante siglos, hemos sobrevivido a una tendencia que parecía no acabar nunca, ésa en la que cumplir veinticinco años equivalía a la jubilación anticipada. En las pasarelas y en la vida de Leonardo di Caprio, sobre todo, pero también en todo lo demás. Un universo en el que las cremas antiaging nos las vendían chavalas que aún podían sufrir de acné y en donde la mujer madura era desterrada al exilio de las tallas grandes, a la media descanso y al zapato de farmacia. 

De Olivia Coldman a Cher y Laura Ponte© GTRES
Olivia Colman

Pero, eso ya es historia. El guión ha dado un giro de 360 grados. El ageism —o sea, la (perversa) dictadura de la juventud— ha firmando, por fin, su rendición incondicional. Que Hollywood quizás podrá seguir creyendo que el próximo taquillazo lo protagonizará un animal parlante y sabelotodo antes que una señora como Dios Manda (¿o quizás tampoco?), pero la Alta Costura, por contra, ha despertado de su letargo. El silver-power ha arrasado con el edadismo. Y no era una corriente, era un maremoto.  

Pero no nos engañemos pensando que los todopoderosos conglomerados del lujo han sufrido un ataque repentino de filantropía social y ahora son la Madre Teresa de Calcuta del Feminismo. No, eso no ha pasado. La revelación ha sido otra. Y es que cuando hablamos de empresa, chiquis, las tendencias se miden en función de los márgenes de beneficio. Y si teníamos alguna duda, la Reserva Federal estadounidense lo ha cuantificado. En negro sobre blanco. Más del 70% de la riqueza del país se concentra en los mayores de 55 años, un grupo demográfico que además es responsable de más del 45% del gasto de los consumidores y si las mujeres tienen mayor esperanza de vida y son quienes más consumen… Nena, echale una pensada.

 Que tampoco hace mucha falta. Con poner el telediario te das cuenta de que con la crisis del coste de vida y la precariedad laboral —y salarial— de los jóvenes las veinteañeras podrán regalar likes en TikTok a cualquier marca de Kering o LVMH, pero quienes realmente pasan la tarjeta Black de American Express son… Sus madres.Y tiene gracia el tema porque hace tan solo un lustro si superabas los 40, tu casilla en las encuestas ya no salía. Como en las aplicaciones de Meeting, ¿Más de 40? Chica, eres invisible. Pero la moda, aquí, tomó nota. O que se dio cuenta de que vender un abrigo de cinco mil euros exige credibilidad y/o identificación. 

Olivia Colman desfilando© Gamma-Rapho via Getty Images
Olivia Colman desfila durante la presentación de la colección 'prêt-à-porter' primavera/verano 2027 de Miu Miu, en la Semana de la Moda de París

Las clientas maduras —que en el hipotético caso se quieren gastar ese pastizal— ya no quieren verse representadas por modelos que podrían ser sus nietas. Que una cosa es apelar a lo aspiracional, pero otra muy distinta, creer en el paño de lana como si fuera la Virgen de Lourdes o una pócima milagrosa rollo madrastra de Blancanieves… Esas mujeres ahora, hoy, exigen verse a sí mismas: seguras de sí, poderosas, bien vestidas y bien vividas… Poner en Pause el "antienvejecimiento" ya no es el mantra; adaptarse —lozanas— a la longevidad es el nuevo —y absoluto— lujo. 

Y eso es lo que estamos viendo hoy en la Industria de la Moda. Asistimos a un momento histórico. ¿Tanto? Sí. Con la moda por bandera, la sociedad está diciendo adiós al mito del "Collige, virgo, rosas" , que estudiabas en Literatura. Ahora, el mundo va por otro lado. Por el “Señora, no tenga prisa. No coja las primeras rosas que encuentre. Pueden esperar. Es más, cuando quiera, cómpreselas usted misma. Porque puede. Como Mrs. Dalloway. 

 Laura Ponte para Chanel© Getty Images
Laura Ponte desfila durante la presentación de la colección de moda femenina otoño/invierno 2026-2027 de Chanel, en el marco de la Semana de la Moda de París

Por encontrar ese punto de inflexión en el que todo cambió… Vayámonos a la Semana de la Moda de Nueva York de la temporada otoño/invierno de 2024. Batsheva Hay exigió que absolutamente todas las mujeres de su desfile hubieran nacido antes de los 80. En aquel icónico edificio de Chelsea, la actriz Molly Ringwald, con 58 años, inauguró la pasarela, seguida de cerca por Ming Smith, la mítica fotógrafa de 79 que puede vanagloriarse de ser la primera mujer afroamericana en formar parte de la colección permanente del MOMA. ¿La idea? Encontrar un ambiente donde envejecer resultara cool, evocando la estética ladies who lunch de la alta sociedad estadounidense al estilo de los Cisnes de Capote o de las chicas (que eran cuarentonas cuando emulaban ser treintañeras) de Sex and the City.

La actriz Molly Ringwald  de rojo © GTRES
La actriz Molly Ringwald

Ese mismo espíritu es el que está invadiendo hoy Europa. Por eso, en París, la reina de los intelectuales de la moda, véase Miuccia Prada subía a la tarima de Miu Miu para su primavera verano 2027 a Olivia Colman (52 años). Debutaba sin emular a ninguna adolescente. Caminaba con las manos en los bolsillos de su falda de cuero, con un jersey de pico azul marino y unos mocasines desgastados, luciendo un maquillaje mínimo y una actitud de 'mujer inglesa desaliñada' que dejó a la front row perpleja pera fascinada. Pero lo más revolucionario fue su melena. Un recogido en una coleta baja, obra del estilista Inanch Emir, quien mezcló cuatro tonos distintos para celebrar las canas en lugar de esconderlas.

Stephanie Cavalli acude a un desfile en la Semana de la Moda de París© Getty Images for The Business of
Stephanie Cavalli durante la Semana de la Moda de París

En Chanel, Matthieu Blazy confiaba en la italiana Stephanie Cavalli (50 años) para abrir su debut de Alta Costura y su colección Crucero, compartiendo el panteón con Christina Chung (60 años), quien consiguió su primer gran contrato a los 56 tras dedicarse a la banca y criar a siete hijas. Y por supuesto, Laura Ponte (53 años), que ha convertido sus líneas de expresión, libres de artificios, en el epítome de la sofisticación sobre esa misma pasarela. Y sobre las vallas de medio mundo como imagen de YSL. La supermodelo de los noventa ponía así la guinda en su regreso triunfal. Venía de Tom Ford y su colección para sexy en Milán donde ya un año antes, con el Versace de Dario Vitale, nos había dicho algo así como ¿quién quiere parecer una novata cuando puedes tener el allure de quien ya ha vivido todas las fiestas?

Stephanie Cavalli en el desfile de Alta Costura de Chanel © Getty Images
Stephanie Cavalli desfila en la pasarela durante el desfile de Alta Costura de Chanel para la temporada otoño/invierno 2026/2027 en la Semana de la Moda de París

¿Conclusión? Así, de primeras, que la Alta Costura, otrora territorio hostil para cualquier ser humano que no fuera joven, es hoy el mejor escaparate para las señoras bien (señoras fetén). Y no como una rareza —que luego vamos a eso— sino como un deber. Natural. Y placentero. Porque “el tiempo otorga gracia y multiplica la belleza”, dijo el amigo íntimo de Harry Styles, Jared Leto y Dakota Johnson cuando llegó a la Casa de Valentino Garavani. Y es que si bien Valentino vistió a reinas de reinas como a Doña Sofía, a él, Alessandro Michele, no le había temblado el pulso al convertir en musa de la campaña Gucci Cruise 2017 —la más punk y neoromantic de todas las suyas— a Vanessa Redagrave cuando ya entonces tenía 76 años. Pero es que, al mismo tiempo, en Prada, la elegancia innata de Kristin Scott Thomas (63) y de Ángela Molina (68) devoraban los flashes, mientras que la camaleónica Kristen McMenamy (61 años) desafiaba la gravedad y las caderas subida a unas plataformas de veinte centímetros para Vivienne Westwood mientras que en Zara, Marisa Berenson, de 79, hacía lo mismo sobre un otomán adamascado.

La actriz Angela Molina© Europa Press via Getty Images
Angela Molina

Es decir, Carmen Dell'Orefice ya no es la única. La rara avis. El punto filipino. O sea, la modelo mayora. Porque antes lo suyo era deliciosamente extravagante cuando en realidad no debía de serlo porque cómo no postrarse ante esa sofisticación y ese pelo blanco como espuma de platino tuviera la edad que tuviera… Hoy, con más de 90 años, ostenta el título de ser la modelo más longeva de la profesión (empezó con 13, fue musa de Dalí y cerró un desfile de Alta Costura para Guo Pei a los 85) y la tía sigue subida a un tacón. Porque siempre es pronto para parar y nunca es tarde para empezar. Y sino que se lo pregunten a la canaria Pino Montesdeoca quien, con 64 —y después de llegar a la moda ya pasados los 50 y tras superar una grave enfermedad— ha debutado en el cine con Pedro Almodóvar (y haciendo de madre de Nieves Álvarez).

 Carmen Dell'Orefice en la New York Fashion Week© Getty Images for NYFW: The Shows
Carmen Dell'Orefice y Sheguang Hu en la pasarela durante el desfile de Sheguang Hu en la New York Fashion Week

A ver que ese cambio de paradigma ya había llegado a la moda, nos podréis decir algún marisabidillo. Y sí, es cierto, pero con los señores. Y ahí están todas las salvedades. Porque la moda no ha sido inmune al heteropatriarcado. Como en todas partes, aquí ha hecho de las suyas. Un señor maduro siempre ha sido interesante y atractivo. La lista es interminable: George Clooney, Brad Pitt, Patrick Dempsey… Mientras que las mujeres… Las mujeres lo han tenido mucho más difícil. ¿Deseable con 60? El fenómeno Demi Moore casi se ha tratado como si fuera un fenómeno digno de estudio científico… Ahora bien, ¿hombres modelos mayores de 80? Nunca ha pasado… hasta ahora. El Loewe de JW Anderson no solo fotografió, a través del irreverente Jueguen Teller, a una Maggie Smith a todo color y sin un ápice de retoque en sus 88 años, sino que para su colección masculina ecaba mano del blanco y negro con Antonhy Hopkins acentuando aún más si cabe que la arruga, como decia Adolfo Dominguez, es bella. 

La actriz, midelo y productora Demi Moore© Getty Images for Academy Museum
Demi Moore

Arruga sí, pero no michelín, que ésa es la trampa de este signo de los tiempos. Que no vamos a ser ahora tan naif… El sistema acoge con entusiasmo la melena plateada, pero siempre bajo la estricta y castigadora dictadura de la talla 34. La industria puede aplaudir que tengas más años que la calle Leganitos, ahora no se te ocurra pesar más de 100 gramos, como si fueras una heroína (ejem) de mediados de los 90s… ¿Hablamos entonces de una inclusión milimetrada de mentirijillas? ¿Aceptamos pulpo ( o sea, el inclemente paso del tiempo) siempre y cuando el 90/60/90 te quede grande? Puede ser. O no. Que a lo mejor es que se ha ganado la primera batalla. 

Carmen Dell'Orefice © Penske Media via Getty Images
Carmen Dell'Orefice

De lo que no cabe duda, aun con sus contradicciones, es que algo está cambiando (¿para que todo siga igual?) y la madurez ya no es solo una cualidad/propiedad apetecible en los aguacates. Como dijo Jamie Lee Curtis "¿Por qué quieres parecer de diecisiete cuando tienes setenta? Yo quiero aparentar setenta cuando tenga setenta". Y en esas, cada vez están más mujeres… Porque el regreso de las reinas maduras no está siendo un simple ejercicio de nostalgia. Al ver desfilar a estas mujeres inmensas, implacables y dueñas absolutas de su relato nos queda clarinete una cosa en la que ya no hay vuelta atrás: la belleza, la de de verdad, empieza a ser interesante cuando tu rostro tiene unas cuantas historias que contar. Como le decía Anna Magnani a su maquillador. "Déjame todas las arrugas, no me quites ni una, que he tardado toda una vida en conseguirlas".

La actriz Angela Molina  a sus 71 años © Getty Images
Angela Molina con su característica larga melena a sus 71 años