La realeza belga se dio cita este viernes, 4 de septiembre, en el estadio Rey Balduino de Bruselas para celebrar una edición especialmente simbólica del Memorial Van Damme. El rey Felipe, la reina Matilde y el príncipe Gabriel fueron los invitados de honor del encuentro, que cumple medio siglo desde su creación en memoria del atleta belga Ivo Van Damme. Para la ocasión, Matilde volvió a demostrar su facilidad para adaptar la elegancia institucional a escenarios muy distintos con un traje de Natan en amarillo mantequilla, una de las tonalidades más delicadas de la temporada, que combinó con accesorios en tonos neutros y joyas cuidadosamente escogidas.
Un traje de tres piezas que juega con el volumen y la silueta
La reina recurrió a un conjunto de Natan, una de las firmas de referencia de su armario y del armario de la reina Máxima, formado por pantalón y chaqueta a juego. Confeccionado en lino, el traje apuesta por una silueta recta y depurada que consigue mantener el aspecto formal sin resultar excesivamente rígido.
La pieza protagonista es la chaqueta, de inspiración wrap, con cierre cruzado y una lazada lateral que introduce movimiento en una prenda de líneas aparentemente clásicas. Las solapas finas y el top del mismo tono construyen un look monocromático que deja que el color sea el centro de atención.
El amarillo mantequilla resulta especialmente interesante en este contexto. Frente a los tonos oscuros y los trajes más previsibles asociados a los actos institucionales, Matilde escogió una tonalidad luminosa, suave y muy femenina, pero manteniendo una silueta de sastrería que preserva la formalidad necesaria para la ocasión.
El pantalón de lino, de pierna recta, completa una propuesta ligera y elegante que funciona especialmente bien en una celebración de finales de verano.
Firmas de lujo y unos pendientes inspirados en la naturaleza
Matilde escogió salones nude de punta, un recurso clásico que alarga visualmente la pierna y evita introducir un nuevo contraste cromático.
En la mano llevó un el bolso Dior Médaillon Envelope Pouch, en piel granulada, con la característica construcción tipo sobre y el cierre inspirado en la estética rococó de los salones de Dior.
Las joyas aportaron el punto más personal. La reina llevó los pendientes Sylva de Nunu BCN, formados por láminas con relieves orgánicos que recuerdan a hojas y pétalos. El diseño, ligero y contemporáneo, introduce una referencia a la naturaleza que suaviza todavía más la estructura del traje.
En la muñeca, un Rolex Datejust de acero y oro amarillo con esfera de diamantes añadía el contrapunto de lujo más evidente.
Una noche para recordar la historia del Memorial
El Memorial Van Damme celebra este año su 50 aniversario, medio siglo después de que el encuentro naciera para mantener viva la memoria de Ivo Van Damme, atleta belga de medio fondo y doble medallista de plata en los Juegos Olímpicos de Montreal de 1976.
Van Damme murió pocos meses después de aquella hazaña olímpica, con apenas 22 años, en un accidente de tráfico. Desde 1977, la competición que lleva su nombre se celebra en Bruselas y se ha convertido en una de las grandes citas internacionales del atletismo.
Durante esta edición conmemorativa, Felipe, Matilde y Gabriel pudieron encontrarse con algunas de las figuras que han escrito la historia del campeonato, entre ellas Carl Lewis, Dwight Stones, Mike Boit y Serguéi Bubka. También hubo un homenaje especial a Van Damme durante la ceremonia de apertura, con imágenes de sus éxitos olímpicos y un repaso a cinco décadas de atletismo.
Así, entre leyendas deportivas y una historia que continúa medio siglo después, Matilde encontró el equilibrio perfecto: un traje de sastrería en el color más delicado y unos accesorios precisos para una noche en la que la elegancia también formaba parte del espectáculo.








