8 looks inolvidables que marcaron los veranos más libres de Carolina de Mónaco, la princesa más fascinante de la Costa Azul
Pareos atrevidos, accesorios para el cabello o vestidos 'anti protocolo': la princesa monegasca nos dejó estilismos que, 30 años después, continúan encajando en las tendencias estivales
Mucho antes de convertirse en uno de los grandes referentes de elegancia de la realeza europea, Carolina de Mónaco ya ocupaba titulares por su estilo. Durante la década de los setenta, mientras daba sus primeros pasos hacia la vida adulta, cada una de sus apariciones despertaba un enorme interés. La prensa seguía con atención tanto sus elecciones de moda como su creciente independencia, fascinada por una princesa con carácter y ansias de vivir fuera de los límites del Principado. "De ojos azul oscuro, cabello castaño y tez morena, se parecía mucho a su impetuosa abuela, la princesa Carlota, de quien parecía haber heredado una inagotable sed de libertad", escribían sobre ella los medios franceses por aquel entonces.
Carolina de Mónaco durante el Baile de la Cruz Roja, en 1970, con un original maquillaje de ojos azules y tacado de orquídea
Pasó la adolescencia estudiando en un internado en Ascot, Inglaterra, para después abandonar Mónaco y marcharse a París, ciudad en la cursó Filosofía y donde disfrutaba de una vida nocturna muy chic. Fue durante una noche de fiesta en una discoteca cuando conoció a Philippe Junot: ella tenía 19 años, el 38. Todo un escándalo que culminó en boda dos años después, para disgusto de sus padres. "Carolina, cuyo gusto suele inclinarse por los vaqueros o los llamativos vestidos de discoteca, apareció recatada y con aire juvenil con un vestido de Dior", apuntó The Washington Post en sus páginastras la ceremonia.
Carolina de Mónaco practicando esquí acuático, en 1976
Recortes de periódicos que evidencian cómo era el estilo de la hija de Rainiero III y Grace Kelly: jeans para acudir a sus clases en la Sorbona, vestidazos o trajes de pantalón oversize para las noches parisinas y diseños de Alta Costura cuando el protocolo lo requería. Una dualidad que también se trasladaba a sus veranos cuando regresaba al Principado, donde practicaba esquí acuático, nadaba, tomaba el sol y navegaba a bordo del Stalca, el velero de 25 metros de su padre. Recordamos algunos de los looks veraniegos más icónicos de la princesa monegasca durante su juventud.
Combinaba vestidos camiseros con 'mules' de plataforma
Un look de aeropuerto de lo más ideal es el que escogió con 19 años, tras finalizar sus estudios en Inglaterra y poner rumbo a París, la que sería su nueva ciudad durante los años universitarios. Combinó un vestido camisero atemporal con unos mules blancos de plataforma y taconazo geométrico, que hoy, podríamos llevar de nuevo.
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Uno de los accesorios favoritos de las Grimaldi
El pañuelo en la cabeza ha formado parte de los estilismos de Mónaco, pasando de Grace Kelly a Carolina, o a la hija de esta, Carlota Casiraghi. Aquel verano de 1973, nuestra protagonista acudió a una competición de natación en el hotel Monte-Carlo Beach, en Mónaco, luciendo un pantalón a rayas de estilo pijamero a juego con una camisa, ambos en color rosa, como el pañuelo estampado que adornaba su melena corta.
Durante el verano de 1978, Carolina de Mónaco y su por entonces marido, Phillipe Junot, disfrutaban de un día de playa en el Principado, combinando él su traje de baño con el vestido tipo pareo que lucía ella. Estampado, en tonos azules y verdes, era una prenda totalmente casual que ha trascendido el tiempo.
En 1985, ya casada con su segundo esposo y padre de sus tres hijos, Stefano Casiraghi; la pareja se fue de escapada a Cerdeña, donde Carolina de Mónaco apareció con este conjunto relajado que, más de tres décadas después, podríamos lucir en las playas españolas perfectamente. Un pareo corto de lunares que acompañó con una camiseta básica blanca, y cómo no, uno de los pañuelos que formaban su extensa colección, colocado a modo de diadema.
Carolina acudió junto a Stefano y su familia a una gala en Los Ángeles en 1986, donde estrenó un vestido de noche en color negro con escote halter y cuerpo de brillante pedrería. A juego, sorprendió con unos llamativos pendientes en forma de media luna de los que caían apliques en cascada.
Un vestido envolvente de Dior para el verano en Mónaco
Acompañada en 1988 por su padre, la princesa escogía un diseño de una de sus firmas de cabecera. Y es que además de Chanel, Carolina fue vista durante su etapa universitaria a menudo comprando en Dior. En su armario guardaba este vestido de lunares con escote Bardot y cintura envolvente, que pertenecía a la colección de Alta Costura de la maison.
Se veía a la hija de Grace Kelly así de enamorada durante el Baile de la Cruz Roja, en agosto de 1989, junto a su esposo, que perdería la vida tan solo un año después en un accidente náutico. Estaba radiante con un vestido helénico en azul turquesa con detalles dorados, grandes pendientes a juego y su cabello adornado por una corona floral.
Un mes antes de que la tragedia de la muerte de su marido sacudiese los cimientos de su vida, Carolina y Estefanía de Mónaco viajaron a Nueva York a finales de verano para acudir al recién inaugurado Club Tatou. Dejando claro que las normas del protocolo nunca fueron para ella, quien solía introducir curiosos detalles en sus estilismos, estrenó este vestido de palabra de honor, perteneciente a la colección Otoño/Invierno 1989 de Moschino Couture. Un modelo rematado con una original servilleta blanca bordada sobre el escote y cubiertos metálicos dorados —cuchillo, tenedor y cuchara— a modo de aplique.