El verano ha comenzado de la manera más intensa posible con una ola de calor histórica que nos ha obligado a agudizar el ingenio a la hora de vestirnos. Los vaqueros largos son un 'no' rotundo —nosotras ya hemos fichado alternativas de pantalones fresquitos e ideales— , aparcamos por el momento el calzado cerrado y nos despedimos de los tejidos poco transpirables —el algodón y el lino, nuestros mejores aliados—. Pero aunque tenemos estas directrices básicas en mente, a veces se complica acertar con nuestro look dependiendo de la ocasión.
Por eso, los editores de moda nos hemos reunido para poner en común los trucos que seguimos durante los días más calurosos para vestir bien (y sentirnos mejor), que tu también puedes aplicar en cualquier situación: ya sea para ir a trabajar, una cita romántica o disfrutar de un paseo cerca del mar.
Mi armario de verano está lleno de vestidos. Es más, podría asegurar que de junio a agosto solo visto con esta prenda. Son cómodos, fresquitos y me evitan muchos quebraderos de cabeza a la hora de crear un look bonito y práctico con el que sobrevivir al calor. El truco para no aburrirme de ellos es combinarlos con accesorios muy diferentes: un día alpargatas y un capazo, otro unas sandalias planas o mocasines y maxipendientes... ¡Hay muchísimas combinaciones!
Cuando visité Marruecos un mes de agosto, descubrí que allí recomiendan a los turistas vestir con mangas largas, pero no por pudor sino porque así se preserva bien la temperatura corporal. Eso sí, nada de tejidos sintéticos. Tienen que ser prendas ultraligeras de lino puro o algodón al 100%, dos materiales fresquitos e ideales para el verano que facilitan el flujo de aire. Este consejo me salvó, así que continúo aplicándolo en Madrid de vez en cuando al llegar el calor intenso, en ocasiones, con camisas masculinas de algodón que dan ese toque oversize ideal.
Cuando empieza el buen tiempo, me ocurre como a la reina Letizia: no me bajo de las alpargatas de cuña hasta octubre. Me parecen lo más cómodo del mundo, estilosas, favorecedoras y muy fáciles de combinar. La verdad es que tengo más de las que debería, pero la experiencia me ha confirmado que las más versátiles son las de tonos como beis o cuero, que llevo tanto a la oficina como para salir de fiesta. Por lo tanto, son un básico al hacer la maleta, especialmente cuando tengo poco espacio, ya que con solo un par (o dos) resuelvo numerosos looks.
Durante los meses más calurosos suelo encontrar en este tipo de faldas una alternativa a los vaqueros mucho más cómoda y fresquita. Tanto estampadas como lisas, solo necesito una camiseta blanca básica para combinarlas fácilmente, lo que en muchas ocasiones me salva de no saber qué ponerme, ¡sobre todo para ir a la oficina! Y como voy a pasar bastantes horas sentada, intento elegir siempre modelos sin cierre y con cinturilla elástica.
Yo que tengo que coger el metro todas las mañanas, siento que es una odisea encontrar el punto exacto del vagón en el que sentir un poco de aire acondicionado y no sufrir por el calor. Sin embargo, me ayuda mucho que la ropa que elija sea relativamente amplia para evitar cualquier agobio con tejidos ceñidos al cuerpo. Siguiendo esta fórmula, también es mejor lucir prendas superiores que puedas desabrochar para que no se opriman al cuello.
Los colores claros como el beis, el nude, el blanco roto o las tonalidades tierra en su gama más suave, cuentan con dos ventajas. Por un lado, ayudan a combatir mejor el calor pues absorben menos luz. Y por otro, este tipo de prendas resultan muy fáciles de combinar: las blusas de tirantes lisas o de escote halter en estos colores, se han convertido en mis favoritas del verano para llevar con pantalón bombacho.
Vestir bien en verano no me parece tan complicado cuando estoy en casa y voy a la oficina. Sin embargo, cuando me marcho de viaje, la cosa cambia. Sobre todo si tengo alguna cita a la que no puedo asistir con el combo estrella de traje de baño y pareo. Por eso, creo que la clave está en escoger prendas non-iron, es decir, prendas que no haga falta planchar. Hablo, por ejemplo, de vestidos tipo túnica, de punto elástico, faldas ligeras en sentidos sintéticos o pantalones drapeados. ¡Nunca fallan!