Motivada por los soleados días de los que hemos disfrutado en la capital tras las sucesivas borrascas, decidí que era hora de ir de compras para renovar mis zapatos de cara a esta primavera. Se aproximan esas jornadas de entretiempo en las que comienzan a sobrar las botas, es demasiado pronto para ponerse sandalias y no siempre encajan las zapatillas en mis planes. Entré directa a Zara —lo sé, no es precisamente una zapatería, pero no puedo resistirme a conocer sus novedades— y me percaté de que hay un calzado en concreto que está por todas partes: las bailarinas blancas.
No me sorprendió demasiado, pues hace tiempo que las bailarinas ganan terreno en las tendencias —también en las masculinas, como demostró Harry Styles en los Grammy con las suyas de Dior—, pero sí me parece curioso que sea precisamente el color más claro de la paleta el que tiña estos nuevos diseños. Y es que me resulta imposible, como con las botas blancas, asociarlas al pasado. Y ya no solo a comienzos de los 2000 (¿quién no llevó aquellas bailarinas acolchadas que comprábamos en Blanco?), sino mucho más atrás, pues este fue el zapato con el que mis amigas de la infancia y yo hicimos la comunión.
Por supuesto, no fuimos pioneras: iconos del Hollywood dorado como Audrey Hepburn se encargaron de ponerlas de moda hace más de medio siglo. Pero tengo que admitir que no he vuelto a ponerme unas bailarinas blancas desde los 16 años. Y, sin embargo, este 2026 me han entrado unas ganas irrefrenables de hacerme con unas.
En la pasarela han aterrizado en colecciones como la de Akris o Alberta Ferretti, construyendo con ellas total white looks y defendiendo su versión más clásica. Pero también hemos visto modelos con detalles especiales que encajan dentro de esta apuesta por el maximalismo que algunas firmas nos animan a probar este 2026. Entre estas últimas bailarinas destacan las propuestas de Erdem (con románticos lazos), Balenciaga (puntiagudas y con esferas doradas) o Rabanne (repletas de flores).
En febrero se convirtieron, de hecho, en una de las apuestas más recurrentes entre las invitadas a los desfiles de Milan Fashion Week, demostrando que la comodidad que ofrece este zapato en ningún caso tiene por qué estar reñida con la elegancia del conjunto final. Estas bailarinas actúan como auténticas aliadas a la hora de aplicar el truco del bloque cromático que a menudo vemos en el armario de royals y estilistas: junto a unos pantalones blancos, crean la base perfecta para vestir bien sin complicarnos, agregando algún jersey o blusa especial.
También hay otra combinación que explica por qué las bailarinas blancas están viviendo un nuevo momento de gloria: su afinidad con los trajes de chaqueta. La clave está en el equilibrio de proporciones: los trajes ligeramente relajados y de silueta oversize encuentran en las bailarinas un contrapunto que suaviza el conjunto sin restarle elegancia. Además, el blanco introduce un punto de luz muy favorecedor en estilismos más sobrios —como los dos piezas en gris, negro o azul marino— y ayuda a actualizar el clásico look de trabajo sin necesidad de recurrir a piezas demasiado llamativas (aunque un accesorio que destaque, como un bolso rojo o un collar dorado, nunca está de más).
Frente a otros zapatos planos, las bailarinas mantienen un aire refinado que permite combinarlas con facilidad con vestidos midi, faldas lápiz o unos vaqueros rectos. Además, los nuevos diseños se han sofisticado notablemente: los modelos con puntera ligeramente afilada ayudan a estilizar visualmente el pie, algunas incorporan una fina tira sobre el empeine —inspirada en las clásicas Mary Jane—, y aquellas con detalles como lazos o tachuelas, aportan un toque especial a combinaciones con prendas básicas.















