Aitor Sánchez, nutricionista: "Si reducimos la cantidad de comida, nuestro cuerpo no sabe que está en un proceso restrictivo y tiende a almacenar energía por nuestro propio bien"
El reconocido experto explica por qué comer menos no basta para abordar la obesidad y qué cambios en la alimentación pueden ayudar a perder peso y mantenerlo a largo plazo.
Durante décadas, el consejo para perder peso ha parecido sencillo: comer menos y moverse más. Una ecuación aparentemente lógica que, sin embargo, deja fuera buena parte de lo que hoy sabemos sobre la obesidad. Porque la cantidad que comemos importa, pero también intervienen la genética, el metabolismo, la actividad física, el estrés, el sueño, nuestro entorno y hasta los mecanismos que pone en marcha el propio organismo cuando intentamos perder peso.
Pero si sabemos que estamos ante una enfermedad compleja, ¿por qué seguimos reduciendo tantas veces su abordaje a comer menos? ¿Qué ocurre cuando una persona restringe simplemente la cantidad de comida? ¿Y por qué dos personas que aparentemente comen de manera similar pueden tener una evolución del peso completamente diferente?
En el marco de la presentación de la Encuesta de Percepción Social y Médica de la Obesidad en España "Razones de Peso", promovida por Lilly con el apoyo de IPSOS, hablamos con el reconocido dietista-nutricionista Aitor Sánchez, quien cuestiona algunos de los mensajes que durante años han rodeado la pérdida de peso. "Son mensajes que se llevan repitiendo décadas y no han conseguido generar ningún cambio significativo", señala. Para el experto, en muy pocas ocasiones el problema está únicamente en la cantidad de comida. De hecho, a la hora de abordar la obesidad, propone desplazar parte de la atención de cuánto comemos hacia qué comemos, además de tener en cuenta las circunstancias y características individuales de cada persona.
Durante años se ha repetido que para adelgazar basta con "comer menos y moverse más". ¿Por qué esta fórmula puede ser demasiado simplista cuando hablamos de obesidad?
Lo que sucede es que esos mensajes son demasiado genéricos y no entienden la individualidad de cada persona. Ignorar todos los otros obstáculos que tenemos en nuestro día a día: el ambiente, las costumbres, la carga genética, los cambios fisiológicos de cada persona… Son mensajes que se llevan repitiendo décadas y no han conseguido generar ningún cambio significativo. Al contrario, seguimos fracasando como sociedad al enfrentarnos al sobrepeso y la obesidad, y estas condiciones no dejan de crecer.
¿Qué ocurre en el organismo cuando una persona con obesidad empieza simplemente a comer menos? ¿Puede el cuerpo poner en marcha mecanismos que dificulten mantener la pérdida de peso?
Nuestro cuerpo no sabe que está en un proceso restrictivo, por lo que es normal que no quiera acometer cambios que pueden ponerlo en peligro. Al fin y al cabo, la epidemia de obesidad es algo muy reciente en nuestra historia y es entendible que nuestro organismo tienda a almacenar energía por nuestro propio bien. Además, fisiológicamente tendemos a mantener un peso estable, al que estamos acostumbrados, por lo que efectivamente existen obstáculos fisiológicos frente a esos cambios.
¿Por qué dos personas que comen cantidades similares pueden tener una evolución del peso completamente diferente? ¿Qué papel tienen la genética, las hormonas, el sueño, el estrés o el entorno?
En primer lugar porque los cambios de pesos dependen de muchas otras cuestiones más allá de la ingesta. El gasto energético es la parte de la ecuación más variable, y dependiendo de la actividad física, la termogénesis, el ambiente de la persona o las individualidades de cada persona, puede ser muy diferente de una a otra persona. No respondemos igual ante la comida. Estos elementos que nombramos: genética, metabolismo, estrés… además pueden ser obstáculos difíciles de detectar porque no son tan evidentes. En la consulta de nutrición muchas veces nos encontramos que los casos no responden igual a cada abordaje, y por eso hay que personalizarlos.
Si el problema no se resuelve únicamente comiendo menos, ¿qué debería cambiar realmente en la alimentación y en su vida una persona con obesidad?
En muy pocas ocasiones el problema es tan solo la cantidad de comida. Normalmente el cambio en la alimentación necesita ser abordado más desde la calidad que desde la cantidad. Los alimentos que predisponen y facilitan la obesidad también suelen ser los menos saciantes, los más hedónicos… de poco sirve reducir cantidades si la alimentación está basada en alimentos que dificultan el proceso. Por supuesto, no hay alimentos prohibidos, ni tampoco aquellos que sean “adelgazantes”, pero sin duda la predominancia y presencia de algunos de ellos explican que sea más o menos difícil hacer un abordaje frente a la obesidad.
Aitor Sánchez propone una alimentación en la que tengan mayor presencia verduras y hortalizas, fruta entera, legumbres, frutos secos y cereales integrales. Una elección especialmente interesante cuando hablamos de obesidad porque muchos de estos alimentos, por su contenido en fibra, agua o proteínas, contribuyen a aumentar la saciedad y pueden ayudar a construir una alimentación que resulte más fácil de mantener en el tiempo.
Al mismo tiempo, recomienda que dulces, bebidas azucaradas y productos ultraprocesados pierdan protagonismo en el día a día. El objetivo no es convertirlos en alimentos prohibidos, algo que el propio Sánchez rechaza, sino evitar que constituyan la base habitual de la dieta. También recuerda que no es necesario imponer reglas como realizar cinco comidas al día: más que ajustarse a un número concreto de ingestas, conviene encontrar una organización de las comidas que pueda mantenerse y encaje con las circunstancias de cada persona.