Durante la conversación en el podcast A Solas con conducido por la diseñadora Vicky Martín Berrocal, la actriz Ana Milán, de 52 años, se definía con humor como "una maniática histérica", y ponía un ejemplo muy concreto de esa forma de ser: "cuando no tengo un lápiz 0.4 no sé escribir". Una confesión que refleja algo muy común: muchas personas tienen pequeñas manías o preferencias muy específicas en su día a día, especialmente en tareas creativas o de concentración.
Sin embargo, la palabra "histérica" se ha empleado en numerosas ocasiones en términos mucho más despectivos que el que comenta Ana Milán. A menudo se relaciona a una persona "histérica" con una persona que suele salirse de sus casillas, ponerse muy nerviosa y de mal humor pronto, e incluso, hay quién, en términos muy machistas, emplean la palabra para definir a algunas mujeres que simplemente defienden su opinión.
Qué se entiende por "histérica"
Aunque este tipo de etiquetas forman parte del lenguaje cotidiano, lo cierto es que el uso más común de este término suele usarse para definir situaciones en las que alguien reconoce que le cuesta delegar, improvisar o tolerar que las cosas no salgan según lo previsto. Sin embargo, tal como explica la psicóloga especialista en trauma y gestión emocional, Ana Galán (@anagalanpsicologia), la expresión simplifica mucho una realidad psicológica más profunda.
En muchos casos, las personas emplean esta palabra para referirse a mucho más que una manía. Lo hacen, más bien, como una estrategia emocional para manejar el malestar. Desde el punto de vista psicológico, el control suele aparecer como una respuesta a dilemas y batallas internas de cada uno.
Perfeccionismo y control: dos factores esenciales
"Ese tipo de conductas muchas veces están relacionadas con una necesidad intensa de control que suele aparecer cuando una persona siente mucha inseguridad interna o ansiedad", explica la experta, y añade "intentar tener todo bajo control puede convertirse en una forma de reducir la incertidumbre o el malestar emocional".
Planificar, ordenar o anticipar problemas puede ser útil en muchos momentos. El conflicto aparece "cuando esa necesidad de control se vuelve muy rígida, ya que puede generar mucho estrés tanto en la propia persona como en su entorno”, comenta la especialista.
Otro aspecto que suele estar presente en este tipo de rasgos es el perfeccionismo. Muchas personas que se describen como “maniáticas” tienen en realidad un nivel muy alto de exigencia consigo mismas. Quieren hacerlo todo bien, evitar errores y anticiparse a cualquier posible fallo. Esto puede generar una sensación constante de presión.
Por eso, sentirse identificado con este tipo de comportamientos no significa necesariamente que exista un problema psicológico. Cuando la necesidad de control empieza a generar ansiedad, conflictos o agotamiento, recurrir a expertos en salud mental puede ayudar a ir al origen del asunto. "En terapia, el trabajo suele centrarse en explorar qué emociones hay detrás de esa necesidad de control, aprender a flexibilizar esos patrones y desarrollar más tolerancia a la incertidumbre", explica la psicóloga.
De hecho, en numerosas ocasiones, ese control que señala Ana Galán cumple una función protectora en la vida de la persona: "Muchas veces no se trata tanto de ‘dejar de controlar’, sino de entender qué función está cumpliendo ese control en la vida de la persona".
Cómo dejar de ser muy controladora
Sentir la necesidad de planificar, organizar o prever lo que va a ocurrir es algo muy común. El problema aparece cuando ese control se vuelve rígido y empieza a generar ansiedad o frustración. Aunque la terapia puede ser una herramienta muy útil, antes de recurrir a ella hay pequeños cambios cotidianos que pueden ayudar a empezar a gestionar mejor esa necesidad de control:
- Identificar qué situaciones activan esa necesidad: un primer paso útil es observar cuándo aparece ese impulso de controlar. Puede surgir, por ejemplo, cuando hay incertidumbre, cambios de planes o decisiones importantes. Detectar esos momentos ayuda a entender qué emociones -como miedo, inseguridad o preocupación- están detrás.
- Practicar la flexibilidad en pequeñas cosas: no hace falta empezar por grandes cambios. A veces basta con introducir pequeñas variaciones en la rutina: aceptar modificar un plan, delegar una tarea o permitir que algo no salga exactamente como se había previsto.
- Diferenciar entre organización y control excesivo. Ser organizado es una habilidad muy valiosa, pero cuando la planificación se convierte en una fuente constante de estrés puede ser útil preguntarse si realmente es necesario controlar todos los detalles o si algunas cosas pueden dejarse fluir.
- Aprender a delegar. Muchas personas con una gran necesidad de control sienten que solo ellas pueden hacer bien determinadas tareas. Delegar puede resultar incómodo al principio, pero ayuda a reducir la presión y a confiar más en los demás.
- Incorporar hábitos que reduzcan la ansiedad. Actividades como el ejercicio físico, la respiración consciente o dedicar tiempo al ocio ayudan a rebajar el nivel general de tensión. Cuando la ansiedad disminuye, también suele hacerlo la necesidad de controlar cada situación.
- Recordar que la incertidumbre forma parte de la vida. Una parte importante del bienestar emocional consiste en aceptar que no todo puede anticiparse ni controlarse. Aprender a convivir con lo imprevisible suele ser una de las claves para reducir el estrés asociado al control.
¿Es Ana Milán una persona perfeccionista?
Las palabras de Ana reflejan una actitud bastante común. Sin embargo, esa aparente necesidad de precisión convive con una filosofía personal que parece ir justo en sentido contrario al perfeccionismo. En la misma charla con Vicky, la actriz reivindicaba la importancia de mostrarse tal y como uno es: "abrazo la vulnerabilidad y escondo el perfeccionismo".
La clave es entender que las manías no siempre implican perfeccionismo. Pueden ser simplemente hábitos, rituales o preferencias funcionales. Mucha gente creativa trabaja mejor con ciertas condiciones muy concretas (un tipo de lápiz, un cuaderno específico, un orden en la mesa). Eso no significa que busquen la perfección en todo. Es su manera de ritualizar para iniciar un proceso creativo sintiéndose cómodas.














