Han pasado 26 años desde que se apagara la inconfundible voz de Jesús Puente. Aquel estudiante de medicina que cambió el rumbo de su vida tras perder fortuitamente un tranvía de camino a la facultad construyó una carrera icónica sobre las tablas, la gran pantalla y la televisión, donde se consolidó como uno de los rostros más cercanos y respetados de nuestro país. Su interminable lista de éxitos —Las chicas de la Cruz Roja, La estanquera de Vallecas o Violines y trompetas— es un legado que se hereda de abuelos a nietos. Basta con mencionar la sintonía de Lo que necesitas es amor o el plató de Su media naranja para que hasta los millennials recuerden con cariño al cercano presentador que convirtió las noches de los domingos en el mejor plan familiar.
Lejos del ruido de los platós, de los focos y los aplausos del público que tanto le quería, Jesús Puente, que falleció el 26 de octubre del año 2000 tras sufrir un infarto de miocardio, forjó un santuario privado donde su imponente presencia escénica daba paso a la serenidad de su vida más íntima al lado de su mujer, la también actriz Licia Calderón, y la hija de ambos, Chesu Puente.
Abrimos las puertas de su vivienda para analizarla bajo el prisma de la 'arquitectura nostálgica':un hogar que reflejaba la personalidad pausada, culta y tradicional de uno de los rostros más queridos de nuestra escena.
La casa familiar de Jesús Puente y sus rincones más especiales
Jesús Puente trasladó su pasión por los escenarios a la intimidad de su hogar, donde obras de arte, esculturas o muebles antiguos llenaban cada rincón de su casa, convirtiendo su refugio en la capital en casi un museo. Una casa con alma donde cada pieza escondía una historia detrás. "En mi casa el arte era algo que estaba impreso, tanto en la forma de trabajar y de hacer que tenían mis padres como en los muebles, la decoración, la escultura y en todo", así recordaba Chesu Puente en Telemadrid el lugar donde creció feliz.
La arquitectura rústica de finales del siglo XX creaba una atmósfera cálida, acogedora y muy familiar, que convivía en perfecta armonía con un interiorismo que respiraba arte y teatro y, para rematar, el paisajismo mediterráneo del jardín era un elemento más de la propia decoración.
Paredes de piedra natural, luz cálida y detalles nostálgicos: las claves del salón exterior
Veintiséis años después de su adiós, la figura de Jesús Puente sigue intacta en la memoria de todos los espectadores, ya sean grandes o pequeños. Su carisma traspasaba la pantalla con una naturalidad al frente de los programas más punteros de la época, tanto que nos enseñó a entender el amor de otra manera. Sí, antes de que los algoritmos inventaran el match, él ya conectaba a parejas en directo. Celoso de su intimidad, construyó un refugio pensado para disfrutar como marido y padre. En su vivienda de carácter señorial, la discreción se traducía en una arquitectura serena, donde las maderas nobles y la estética clásica de sus estancias clásicas estaban concebidas para la vida familiar sin artificios.
El salón exterior es toda una declaración de intenciones. Una metáfora de cómo las zonas al aire libre representaban la faceta más popular del anfitrión, generoso y muy accesible, pero que reservaba el interiorismo más íntimo. Dejando la parte interior de la casa para el acceso de muy pocos y donde los gruesos muros de piedra protegían su santuario doméstico.
En torno a un porche con un imponente muro de piedra natural con mampostería vista como protagonista, se crea un salón exterior que conserva esa esencia estética de los años 80 y 90. Un interiorismo rústico en el que conviven el estilo rústico y un toque más confortable. Las paredes de piedra, tipo gruta, generan la sensación de estar dentro de una cueva natural, huyendo del diseño convencional. Llaman la atención las dos tinajas de barro cocido incrustadas que actúan no solo de foco visual, sino también como efecto manantial, dando frescura al espacio e invitando a la relajación con el sonido del agua caer.
La celosía de madera con plantas trepadoras añade un toque privado, garantizando la intimidad, pero también para dar rienda suelta a la naturaleza que convive con esta estancia como un elemento más de la propia decoración. El contrapunto lo ponen los sofás, que además aportan ese toque de color para relajar el interiorismo, con un color berenjena oscuro que combina a la perfección con la piedra y la madera. Por lo que el salón no se siente pesado. Para no saturar más y dar protagonismo a la robusta piedra de las paredes, se opta por una mesa baja con sobre de cristal que no interrumpe el orden visual. Sobre ella, libros, revistas y un plato de cerámica artesanal pintado a mano. Detalles, como la maceta con violetas, que dan personalidad y carácter.
La lámpara nos hace transportarnos inmediatamente a los ochenta. Una pieza de sobremesa con pie de jarrón cerámico en torno salmón y con pantalla cónica de tela que es la gran protagonista de la luz tenue y cálida.
Amplio jardín, olivos centenarios y pinos: el paisajismo mediterráneo que envolvía la casa
El paisajismo eleva el diseño arquitectónico de la vivienda. Concebido como un remanso de paz mediterráneo, el césped continuo crea un clima envolvente que huye de pavimentos y unifica el espacio. El gran protagonista es el olivo, que funciona como una escultura natural que atrae todas las miradas. Al ser una especie atemporal, te conecta con el sentimiento de permanencia y su gran longevidad aporta solidez. El verdor de la naturaleza, de los pinos y de las múltiples plantas y arbustos de gran tamaño, además de generar bienestar inmediato, demuestra la importancia del paisajismo para el presentador.
Uno de los grandes aciertos del diseño exterior de la finca es la forma en la que se ha integrado el agua. Jesús y Licia muestran un pequeño canal junto al césped que crea un paso cómodo y visualmente limpio a través de una losa de piedra gris, que conecta directamente con el salón exterior, creando un interiorismo donde lo de dentro y lo de fuera están conectados.
La casa familiar del recordado Jesús Puente demuestra que los grandes lujos no están en los artificios. A pesar de ser uno de los primeros actores que dio el salto a la televisión (y de qué manera) en los años 50, el mítico presentador mantuvo la sencillez y la humildad que lo caracterizaban y lo trasladó así al interior de su hogar, donde evitó la ostentación a pesar de crear rincones que hablaban en primera persona.












