Lorenzo Castillo publica su segundo libro: "Todas las casas que he decorado cuentan la historia de sus propietarios y son la expresión más íntima de su realidad"


Convertido en uno de los interioristas españoles más solicitados del momento, ha realizado proyectos desde El Caribe hasta Asia y su estilo es exportable y reconocible en el mundo entero. Ahora, recopila en un precioso volumen sus obras más imponentes de la última década


Lorenzo Castillo, junto a su perrita Tana, en su casa veraniega de Mahón (Menorca).                      © Icíar Carrasco
24 de junio de 2026 a las 18:02 CEST

Alumbrado por un espíritu renacentista, Lorenzo Castillo (Madrid, 1968) hace de todo y todo lo hace bien. Aunque estudió Historia del Arte y regentó durante los 90 una tienda de antigüedades en el barrio de las Letras de Madrid, hace más de veinte años que es uno de nuestros interioristas más internacionales y un anfitrión excepcional. Por sus manos han pasado los mejores hoteles y hogares del mundo y por su palacete de Lavapiés, las personalidades más célebres e interesantes. Pero también ha concebido joyas, textiles y mobiliario y ha ejercido como jurado en el programa de televisión DecoMasters. Con la intención de compartir los proyectos más relevantes de su carrera, en 2018 publicó su primer libro retrospectivo y homónimo, Lorenzo Castillo I. Casi una década después y nuevamente arropado por Ediciones El Viso, presenta su continuación, en la que recopila y reflexiona sobre sus últimos nueve años de obras internacionales y espacios íntimos. 

"Refleja un crecimiento personal y profesional que me ha llevado al culmen de mi carrera", introduce. Entre ambos volúmenes ha pasado tiempo suficiente para mostrar la madurez de su estilo y la consolidación de un legado estético marcado por su triple condición de historiador, anticuario y decorador. Este coffee table book de 288 páginas y prólogo de Hamish Bowles, una de las voces más influyentes de la moda y del diseño, invita a disfrutar de sus ambientes clásicos refrescados, sus magistrales mezclas de épocas, colores y texturas y una riqueza decorativa que revela a su vez una enorme riqueza intelectual. “Lo maravilloso de este ejemplar es que habla de casas muy diferentes para gente con vidas muy distintas en ciudades tan alejadas entre sí como Hong Kong y San Juan de Luz. Cada una refleja la personalidad de quienes la habitan, pero siempre con un claro gusto por el arte y la belleza”, apunta. 

El libro 'Lorenzo Castillo II' (Ediciones El Viso, 2026) recopila casi una década de sus obras de interiorismo y decoración más relevantes.
El libro 'Lorenzo Castillo II' (Ediciones El Viso, 2026) recopila casi una década de sus obras de interiorismo y decoración más relevantes.

Entre sus hitos más recientes se cuentan el hotel Alfonso XIII de Sevilla, el château Cheval Blanc de Burdeos o el hogar de la princesa Wanda de Ligne, pero también sus residencias en Menorca y Asturias. Esta última, situada en Peruyes y vendida recientemente, es precisamente la encargada de abrir el libro. "La renovación de la Rectoría es, según mi madre, la obra 'más yo'. Cada detalle constructivo y ornamental se hizo a medida. Quise que fuera un homenaje a su propia arquitectura y que pareciera la de un viajero inglés del Grand Tour, con recuerdos que pasan desde el Mediterráneo oriental por Damasco, Siria, Turquía, Tánger, Sicilia y la Corona de Aragón", explica. 

Trotamundos por placer y por trabajo, sabe de lo que habla cuando hace referencia a la cultura de estos y otros lugares. Su cabeza es una enciclopedia de datos y anécdotas que siempre lleva a cuestas y alimenta leyendo, viajando, yendo al cine y visitando museos, galerías y anticuarios sin parar. A pesar de su agenda llena de compromisos, que tan pronto le lleva a República Dominicana como a asistir al evento social de la semana, charlamos con este dandi español sobre el lanzamiento de Lorenzo Castillo II

Lorenzo Castillo, junto a su perrita Tana, en su casa Isabel II en Mahón (Menorca). © Icíar Carrasco
Lorenzo Castillo, junto a su perrita Tana, posando en su casa 'Isabel II' de Mahón (Menorca).

¿Cómo ha sido el período que comprende este libro?

Intenso, con muchos encargos fuera de España y una clientela muy preparada y exigente que sabe lo que quiere y busca en ti a la persona que lo haga realidad.

¿Qué logros dirías que has conquistado?

Haber conseguido la máxima libertad creativa; que quienes recurren a mí sepan cómo trabajo y respeten mi proceso. También poder reflejar esa evolución en proyectos que eran una oportunidad para lucirse, como el hotel Alfonso XIII de Sevilla o el château Cheval Blanc de Burdeos, o en todas las colaboraciones que he ido haciendo: de mi línea de telas para Gastón y Daniela a las joyas de Grassy, las alfombras de Peña, las cocinas de Murillo o el mobiliario de lujo junto a Oficina Inglesa.

¿Y qué has aprendido (o desaprendido) durante este tiempo?

A ser más paciente y a aceptar que el cliente y sus deseos son lo más importante y que su casa tiene que reflejar su estilo y modo de vida, y no ser un alarde del ego del diseñador.

¿Hay algún proyecto que haya supuesto un punto de inflexión en tu carrera?

Mientras en el primer volumen fue mi residencia de Madrid, que me llevó a entrar en la lista de los 100 mejores decoradores del mundo hace 15 años, en este escogería La Rectoría, mi residencia de campo en Asturias, que tiene un estilo complicado de entender y realizar, pero muy fácil de vivir.

¿Y algún otro que recuerdes con especial cariño?

El apartamento de la princesa de Ligne. Lo hicimos cuando su madre murió y me encargaron unir los pisos de madre e hija en toda una planta de un edificio isabelino del Madrid de los Austrias. Tuve que adaptar la decoración del gran genio Duarte Pinto Coelho al espíritu moderno y femenino de la nueva propietaria. Fue una reforma cargada de sentimientos y nostalgia. Pero quizá la historia más insólita es la de mi propia casa de Mahón, un palacio pequeño del siglo XVIII que estaba en ruinas y, aun así, lo compré por la ilusión que me produjo poder rehabilitar semejante maravilla.

La vivienda de la princesa Wanda de Ligne en Madrid, de cuya reforma e interiorismo se encargó Lorenzo Castillo. © Manolo Yllera
La vivienda de la princesa Wanda de Ligne en Madrid, de cuya reforma e interiorismo se encargó Lorenzo Castillo.

¿Qué tienen en común todas las casas que has decorado y aparecen en estas páginas?

Un enfoque intelectual, en el sentido de que cuentan la historia de sus propietarios y no son una frívola sucesión de imágenes sin cohesión ni sentido, sino la expresión más íntima de su realidad y su manera de sentir.

¿Cómo consigues que luzcan espectaculares sin dejar de resultar personales?

Una de mis reglas de oro es que la belleza tiene que convivir con la comodidad, y ese confort se consigue en gran medida a través de la iluminación y los colores, que le otorgan ese intimismo y hacen que, aun siendo nuevas, parezcan intemporales.

¿Qué te gustaría que sintiera alguien al habitar o interactuar con tus espacios?

La gente que conoce mis casas, incluso si no le gustan para vivir, siente cierta fascinación y emoción por algo que desconocían que pudiera hacerse de ese modo. Ese factor sorpresa es lo primero que las personas me transmiten.

¿Cómo dialogan tus facetas como historiador, anticuario e interiorista?

Ser historiador es mi esencia y sale en cada paso que doy como diseñador, ya que me permite poner en práctica mis conocimientos. Y lo mismo me sucede con el arte y las antigüedades. Forman un todo que dota de alma y solidez a cualquier rincón. 

¿Crees que este bagaje condiciona tu clientela?

Es algo que me diferencia de mis colegas, porque pienso en las telas o los muebles al mismo tiempo que estoy planteando la arquitectura. Esto hace que ambos campos, interiorismo y decoración, sean un mismo lenguaje armonioso y equilibrado y que mi propuesta sea atractiva para una clientela que también busca que sepas de arte e historia.

Otro de los proyectos menorquines incluidos en el libro que tiene como escenario Mahón: una casa del siglo XVIII situada en el casco histórico que concibió como una residencia de verano para sus propietarios. © Manolo Yllera
Otro de los proyectos menorquines incluidos en el libro que tiene como escenario Mahón: una casa del siglo XVIII situada en el casco histórico que concibió como una residencia de verano para sus propietarios.

En la época de las redes sociales y el culto a la imagen, ¿es más difícil crear interiores únicos?

Aunque las redes son interesantes en muchos aspectos, yo para inspirarme prefiero mi biblioteca de libros de decoración, viajar, visitar museos, galerías de arte y anticuarios, pasear por las calles mirando las fachadas e ir al cine. 

¿Qué papel juega la artesanía en este escenario?

Conviene recordar que vivimos en un país con una tradición artesanal muy rica y variada. Tenemos la obligación de usar su cerámica, cestos, metales, bordados, mantas de lana, cobres… Son de enorme ayuda para dar carácter a un escenario descarnado.

¿Dirías que tienes tu propia definición de belleza?

La belleza depende del ojo que la observa, con lo que no me atrevería a definirla. Es un concepto abstracto y subjetivo y soy muy respetuoso con la manera en que lo entiende cada persona. Pero es verdad que educar la mirada ayuda a percibir y discernir lo que más se aproxima al canon clásico.

¿Seguirás explorándola en el siguiente lustro?

Lo más interesante está siempre por venir, como la casa más bella es la siguiente por hacer, y todavía me queda mucho por demostrar.

Uno de los ambientes desarrollados por Lorenzo en Hong Kong.                            © Manolo Yllera
Uno de los ambientes desarrollados por Lorenzo en Hong Kong.

¿Habrá un tercer volumen donde poder verlo?

¡Ya lo tengo en la cabeza! Espero no tener que esperar diez años.

¿Algún sueño pendiente que quieras cumplir?

El teatro, la ópera y el cine son terrenos que quiero explorar y, desde luego, seguiré participando en programas de televisión para divulgar y democratizar la decoración. 

La renovación de la residencia de verano que Cristina Lozano y Juan Garnica encargaron a Lorenzo Castillo en San Juan de Luz. © Manolo Yllera
La renovación del hogar vacacional que Cristina Lozano y Juan Garnica encargaron a Lorenzo Castillo en San Juan de Luz.