Coger los bártulos y mudarse al campo es el sueño de muchos que solo unos pocos puedes materializar. La arquitecta Clara Crous y su pareja son dos de los afortunados. El resultado es una casa de madera prefabricada realizada a medida, muebles incluidos, que da respuesta a las necesidades de sus habitantes. Que se trate de una construcción en madera no es casualidad, ya que Carles, su compañero, se dedica a la fabricación digital aplicada a la madera y al plástico. Además, pertenece a una familia de agricultores de la zona, lo que le permite acceder a maquinaria para trabajar y manipular materiales de gran formato.
El vínculo con su ubicación es directa y se deja sentir en su desarrollo y en sus rincones. De esta manera, el proyecto nace del conocimiento directo del territorio y de los materiales locales y propone una forma de construir atenta a la experiencia cotidiana de quienes la habitan, pero también a los ritmos del entorno. Así, por ejemplo, el inicio de la obra se planificó siguiendo el calendario agrícola y coincidió con el final de la cosecha del maíz, momento en el que la mano de obra local quedaba disponible para participar en la ejecución del proyecto.
Situada en un pequeño pueblo del Alt Empordà, esta vivienda, la última parcela disponible de una de sus calles, integra de manera natural la vida diaria, el trabajo y la arquitectura, logrando, al mismo tiempo que la luz y el entorno formen parte de ella.
Con 235 m², distribuidos en una sola planta, la casa se eleva del nivel del terreno para evitar problemas de humedad e inundaciones, ya que discurre cerca un río. De la misma manera, dada la forma de la parcela y la necesidad de resguardarse de la tramontana, la vivienda se articula como un conjunto de módulos de distintas formas y alturas, evocando las construcciones vernaculares anexas a las masías, que crecían de manera progresiva a medida que lo hacía la familia.
Mientras en el exterior, la vivienda se construye a partir de materiales naturales y de proximidad como el corcho, el mortero de cal, la toba, la baldosa hidráulica y la cerámica manual, empleados en suelos, zócalos, exteriores y distintos elementos constructivos. En el interior, la madera (de abeto y abedul) estructura el espacio y define también el mobiliario, aportando continuidad y calidez a toda la casa. De esta manera, la zona de día, que alberga salón, comedor, cocina y distintos rincones, logra sensación de conjunto.
Este espacio único se diseña a doble altura, lo que provoca que la luz natural se expanda y llegue a todos los rincones. En el comedor, una gran mesa de comedor de madera, no podía ser de otro modo, se erige como centro y articula el resto de ambientes.
Para delimitar la zona, sobre el suelo de hormigón pulido, se ha colocado una alfombra cerámica, realizada con baldosas hidráulicas elaboradas a mano por talleres locales. De esta manera, a modo de isla, se divide el espacio sin tabiques. Una solución que favorece la sensación de conjunto, por un lado, mientras que permite el paso de la luz, por otro.
Esta casa prefabricada se integra en el entorno en el que se ubica y en el día a día de sus moradores. Para ello, la zona de día cuenta con ambientes para usos distintos usos, como despacho o rincón de lectura. Situado al otro lado de la cocina y compartiendo tabique, se ha hecho a medida una estantería en una hornacina, lo que rentabiliza el espacio, sin la carga visual que supone un mueble exento, por ejemplo. Una alfombra de fibras vegetales, una lámpara de techo y una butaca completan el conjunto, creando un espacio ideal para hacer una pausa o relajarse.
Las vigas de madera abedul ayudan a la continuidad visual de los distintos ambientes, al mismo tiempo que potencian la calidez. Presidido por un sofá gris, en el salón se combina el estilo nórdico con ciertos toques mediterráneos, que expresan a la perfección el carácter de la casa: funcionalidad, simplicidad y autenticidad.
La luz que se cuela por los ventanales e inunda el espacio es también protagonista, al igual que el aparador bajo de madera, hecho a medida, o la alfombra de fibras vegetales que, tal y como ocurría con el modelo cerámico del comedor, delimita visualmente el ambiente.
La comodidad es parte del ADN de esta casa de campo que se vive y disfruta desde el interior, pero también en el exterior. La decoración del salón se limita a los mínimos elementos, aquellos que hacen más fácil y cómodo el día a día, permitiendo, al mismo tiempo, una circulación fluida por el espacio. Por eso, la televisión se integra, colgándose dela pared, lo que disimula su presencia y evita interrupciones visuales, mientras que el aparador a medida ofrece sitio para guardar y ayuda a mantener el orden en el estar.
También hay que destacar el gran ventanal, que hace que el exterior tome forma de cuadro.
La distribución de esta casa abierta y sin pasillos permite una organización fluida y cómoda. Además, al estar compartimentada en diferentes espacios, cada uno de ellos con una función, se logra no solo poner límites visuales, sino también favorecer la calidez, un matiz que puede perderse en espacios abiertos.
Esta distribución no significa que cada estancia vaya por libre, sino que, a pesar de los módulos que las 'cierran', la unidad se mantiene. La madera, nuevamente, el pavimento de hormigón pulido el estilo nórdico son clave para conseguirlo. Al igual que las alfombras cerámicas que visten el suelo de la cocina y del comedor. Un guiño cromático que también conecta con la artesanía y la autenticidad de esta casa del Alt Empordà.
La cocina de madera, hecha a medida, apuesta por la funcionalidad y la sencillez. De esta manera, combina un frente con módulos superiores con otro, donde se ubica la zona de aguas y la de cocción, sin armarios altos, lo que aligera el conjunto. Para no perder espacio de almacenaje, se ha optado por una repisa central, con luz integrada, muy útil para dejar accesorios, especias o botes.
El dormitorio principal mantiene la misma estética que el resto de esta casa de campo. En él, destaca el cabecero de madera de pared a pared, una de las tendencias de esta temporada, que integra una repisa superior, muy práctica como librería o para adornos. La ropa de cama de materiales naturales y la luz natural son también esenciales en la creación de una habitación que invita al descanso.
Los muebles a medida tienen la capacidad de aprovechar mejor el espacio con soluciones que se adaptan a las necesidades y no al revés, como suele ocurrir en muchas ocasiones. En esta casa del Alt Empordà son de madera, lo que contribuye también a la continuidad visual de los distintos ambientes y a la calidez. En el dormitorio, se ha diseñado un mueble que combina una zona abierta con otra cerrada, creando un agradable rincón junto a la ventana y ofreciendo un valioso espacio extra para guardar.
Ese espíritu libre y sencillo se respira en todas las estancias de la casa. Este baño con ducha revestida de azulejos blancos refleja muy bien esa sensación de calma y de traje a medida. La luz natural vuelve a ser protagonista del espacio, al igual que los materiales y acabados naturales.
Esta vivienda, obra de la arquitecta Clara Crous, resulta honesta y auténtica. Integrada en el entorno, llega a formar parte de él, sin renunciar a la tecnología y al confort actual. Así, por ejemplo, las clásicas persianas alicantinas se han motorizado y se controlan mediante un sistema domótico, que regula su funcionamiento en función del sol y del viento.
Esta parcela de más de 1.000 m², cuenta con una piscina, rodeada de terracota artesanal, que no solo ofrece un espacio al aire libre para disfrutar y refrescarse los meses de verano. Su forma, situación y fabricación incrementan el efecto calmante del agua, logrando un exterior tranquilo que se siente parte de la zona.