Cómo transformar una casa de los años 40 en un hogar moderno y luminoso: una reforma con identidad en Murcia


Esta vivienda del histórico barrio murciano de Vistabella demuestra que una reforma llamativa no depende de exagerar, sino de saber mirar. Techos recuperados, estructura vista, carpintería a medida y un altillo convierten una casa compartimentada en un hogar actual.


Una casa de los años 40 recuperada© Lluís Bort
1 de abril de 2026 a las 7:01 CEST

En el histórico barrio de Vistabella, en Murcia, una vivienda de los años 40 con 105 m² útiles —85 m² en planta baja y 20 m² en el altillo— demuestra hasta qué punto una buena reforma puede cambiarlo todo sin borrar la memoria del lugar. En Casa Melón, los arquitectos Dictinio de Castillo y María Estrada (del estudio de arquitectura y diseño www.dictiniodecastillo.com) convierten una casa muy compartimentada en un hogar luminoso, flexible y lleno de identidad, donde la estructura original, la altura recuperada y el diseño a medida construyen un auténtico efecto wow.

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Comedor con acceso al altillo© Lluís Bort

El primer gesto 'wow': descubrir la altura oculta de la casa

En muchas casas antiguas, el gran potencial está escondido. Aquí, el punto de partida fue retirar el falso techo continuo para recuperar todo el volumen bajo cubierta. Ese hallazgo cambió la reforma por completo y permitió que la vivienda respirara en vertical, algo poco habitual en un piso urbano. Al retirar ese falso techo apareció la cubierta original, ejecutada con vigas realizadas in situ con encofrado perdido de ladrillo, rastreles de madera y teja vista.

Como explica el arquitecto Dictinio de Castillo, “para nosotros es fundamental desde el inicio potenciar y enriquecer al máximo el espacio existente, estudiando todas las posibilidades que nos ofrece el volumen disponible”. En esta casa, esa mirada fue decisiva: retirar el falso techo permitió recuperar la expresividad de la cubierta original y entender que la verdadera transformación empezaba por aprovechar toda la altura disponible.

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Altillo© Lluís Bort

Un altillo que no solo suma metros: multiplica la experiencia del espacio

El altillo es una de las decisiones que más transforman esta vivienda de más de 80 años. No se plantea solo para ganar superficie, sino para utilizar de una forma mucho más intensiva el volumen de la vivienda al tratarse de la última planta del edificio. Arriba se organiza una gran librería, un rincón de lectura y una habitación polivalente con baño integrado; abajo, la planta baja gana flexibilidad y se libera. 

En el altillo se eligió un revestimiento vinílico tejido de alta calidad, fabricado con fibras de PVC reciclado, una solución muy concreta que respondía a varias necesidades a la vez: poco espesor, poco peso y una superficie fácilmente lavable.

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Altillo© Lluís Bort

Cuando la circulación también emociona

Una de las claves más interesantes de esta reforma está en cómo se replantea el movimiento dentro de la casa. En lugar de mantener una secuencia de estancias cerradas y pasillos residuales, el proyecto abre relaciones visuales, diagonales y vistas cruzadas. El estudio buscó “diagonales cruzadas”, perspectivas largas y una relación más rica entre las distintas zonas para que el interior ganara profundidad y el paisaje exterior penetrara con más intensidad. Dictinio de Castillo lo resume con una expresión muy reveladora: “buscamos pasar del pasillo, al paseo”. 

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Salón© Lluís Bort

El salón de una reforma memorable habla de quien vive en ella

Vista en conjunto, la zona de estar resume perfectamente el espíritu del proyecto. La doble altura, la estructura vista, el altillo flotante, la luz cálida y la vegetación crean una casa muy personal, abierta y luminosa. Como defiende el arquitecto Dictinio de Castillo, lo memorable es que la intervención “hable de sus habitantes, sus deseos y su personalidad”. 

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Entrada con pilar de hormigón© Lluís Bort

Conservar la estructura vista

Si una reforma de una casa antigua quiere tener personalidad de verdad, conviene identificar primero qué elementos originales merecen conservarse y potenciarse. En Casa Melón, esa identidad estaba en la cubierta, en la estructura de hormigón con toda la expresividad de su textura y en el espesor de los muros de carga

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Vista de los espacios continuos y la carpintería a medida© Lluís Bort

Carpintería a medida y color suave: modernizar sin endurecer

La gran pieza de carpintería lacada en verde suave organiza, ordena y da continuidad visual a esta zona de la casa. Su presencia es rotunda, pero no pesa. Al contrario, ayuda a leer el espacio de forma serena y unitaria, integrando almacenaje, nichos y recorridos dentro de una misma solución. La carpintería verde está resuelta en laca, mientras que los detalles en madera se trabajaron con chapa de roble natural mallado.

Es una forma muy eficaz de actualizar una vivienda antigua sin llenarla de elementos sueltos. Aquí, la modernidad no viene de un efecto decorativo evidente, sino de la precisión del diseño, de las juntas limpias, de la integración y de una paleta bien afinada.

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Cocina© Lluís Bort

La cocina escamoteable: una solución para ganar orden y fluidez

Esta cocina demuestra que una buena distribución puede cambiar por completo la vida en casa. Situada en una zona que podría haberse quedado como simple espacio de paso, se transforma en un lugar útil y vivido gracias a una cocina escamoteable, una bancada con almacenaje y una mesa a medida. El resultado es un ensanchamiento del espacio que permite cocinar, comer, trabajar o simplemente estar

Esta manera de reorganizar la planta encaja con una de las ideas clave que señala Dictinio de Castillo cuando habla de reformar viviendas de esta época: “los cambios de distribución más efectivos se centran en abrir espacios y reducir zonas de paso”. 

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Zona de paso© Lluís Bort

Amplitud real: abrir espacios sin perder matices

En esta imagen se entiende muy bien cómo una casa antigua puede ganar amplitud sin convertirse en una planta diáfana sin carácter. La reforma abre, sí, pero no uniformiza. Los pilares, las piezas de carpintería, los cambios de altura y la secuencia de ambientes van marcando pausas y relaciones entre zonas. Eso hace que la casa se sienta grande, pero también rica y acogedora. 

El pavimento de la planta principal se resolvió con un porcelánico italiano de gran formato, de 120 x 120 cm, elegido para crear un lienzo continuo que reforzara la fluidez espacial y multiplicara la luz.

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Baño© Lluís Bort

Un baño con color, textura y luz: pequeño, pero inolvidable

En este baño, el color rosado acanalado, el espejo retroiluminado y la encimera de madera componen una escena muy medida y con muchísima personalidad. Es también una buena prueba de que una reforma contemporánea no tiene por qué parecer un espacio despersonalizado. 

La iluminación de toda la casa se trabajó a partir de luces indirectas y perimetrales, combinadas con puntos de apoyo cuando hace falta una luz más intensa, siempre en temperaturas cálidas de 3000 K y, en algunos puntos, de 2700 K.

Frente a esas casas que terminan pareciendo un escaparate, aquí hay textura, calidez y una atmósfera reconocible, algo que el propio arquitecto reivindica cuando advierte que no le interesan “esos espacios domésticos que casi parecen el showroom de una firma de tendencia, sin el alma e identidad de quien habita”.

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Dormitorio© Lluís Bort

Un dormitorio sereno

En el dormitorio, la reforma baja el tono visual y apuesta por la calma. La estructura del techo y la presencia cálida de la madera generan un ambiente contenido, nada estridente, donde la arquitectura hace casi todo el trabajo. No hacen falta demasiados elementos para que el espacio resulte especial: basta con buenas proporciones, luz natural, materiales honestos y continuidad. 

También aquí se percibe una idea importante del estudio: modernizar una casa antigua no consiste en vaciarla de memoria, sino en permitir que la intervención contemporánea conviva con sus cualidades originales.

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Dormitorio con baño en suite© Lluís Bort

Integrar almacenaje sin saturar

El almacenaje bien integrado es una de las decisiones que más elevan una reforma. Aquí se incorpora dentro de la propia arquitectura, sin recurrir a muebles añadidos que fragmenten el espacio. Eso permite que el dormitorio se vea más limpio, más amplio y más ordenado visualmente. 

Cuando el almacenamiento se diseña desde el proyecto, la casa gana calidad cotidiana y también valor estético. En este sentido, el trabajo a medida de carpintería y acabados marca la diferencia entre una vivienda reformada y una vivienda realmente pensada.

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Baño© Lluís Bort

Baño en 'suite'

En Casa Melón, el valor de la reforma no se juega solo en la distribución o en la luz, sino también en la precisión de los acabados. El estudio da mucha importancia al trabajo de carpintería y cerrajería, a las texturas y a la terminación de la pintura. “Las terminaciones son decisivas para marcar una calidad superior en los acabados y elevar el valor final de la obra”, subraya Dictinio de Castillo. Y eso se nota especialmente en espacios como este, donde la contención formal exige todavía más rigor. 

En el baño principal, la luz circula de lado a lado. El espacio se organiza con almacenaje en línea, frente de lavabo doble y cabinas.

Qué no hacer al reformar una casa de los años 40

En este tipo de viviendas, los errores suelen empezar cuando no se entiende bien el potencial del espacio existente o cuando se trabaja sin respeto por su identidad. Dictinio de Castillo advierte de algunos fallos frecuentes: emplear materiales de escasa calidad, descuidar los encuentros entre distintos revestimientos o no prestar suficiente atención a los detalles y a las terminaciones. Pero hay uno especialmente importante: no valorar la preexistencia.