Cristóbal Elgueta, paisajista: "Diseñar con color el jardín es entender cómo evolucionan las plantas durante el año"


El color en los exteriores no depende solo de las flores, sino también del follaje, los frutos y hasta las cortezas. Planificar las combinaciones cromáticas según las estaciones permite construir atractivos paisajes cambiantes. Para el fundador de J de M Paisajismo, la clave está en crear jardines que siempre tengan interés visual.


Retrato del fundador de J de M Paisajismo Cristóbal Elgueta Marinovic© J de M Paisajismo
20 de marzo de 2026 a las 12:02 CET

Bien utilizado, el color en el jardín puede generar calma, energía o profundidad visual, además de acompañar los cambios naturales de las estaciones.

El paisajista Cristóbal Elgueta, fundador del estudio J de M Paisajismo (cristobalelgueta.cl, con sede en Chile), explica cómo trabajar las paletas de color en el jardín, desde el papel del follaje hasta la importancia de los ciclos de floración. Su enfoque apuesta por un paisajismo sostenible, basado en comunidades vegetales diversas, adaptadas al clima local y, sobre todo, capaces de mantener interés visual a lo largo de todo el año.

                                                                 
Jardín en el que las flores lucen tonalidades rojizas y púrpuras© J de M Paisajismo

Diseñar con color: el principio que transforma cualquier jardín

El color en el jardín es uno de los factores que más impacta nuestras emociones al momento de habitar o contemplar un espacio verde. Cristóbal explica que puede transformar un lugar en un sitio donde queremos quedarnos a descansar o recargar energía, o, por el contrario, en un espacio poco grato.

El color es energía y en términos evolutivos, la forma que encontraron las plantas para atraer a sus polinizadores, por tanto, juega un papel clave también para aquellos que están pensando en hacer jardines que eventualmente tengan un importante aporte ecosistémico”, detalla el paisajista.

Somos seres visuales, por lo tanto, aquello que impacta nuestra percepción requiere especial atención para generar sensaciones de agrado. En el diseño de jardines, el color (junto con la textura y la perspectiva) es un elemento clave para lograrlo.

                                                                 
Jardín sombrío con floración rosa fucsia y blanca© Alexandra Georgieva / Pexels

Principios básicos para combinar colores de forma armoniosa

El fundador de J de M Paisajismo explica que al diseñar un exterior lo primero es considerar que el verde del follaje es el color dominante. Por eso conviene que sus tonalidades tengan relación con las del ecosistema donde se implantará el jardín, ya que estos reflejan la adaptación de las plantas al clima local.

En zonas áridas y calurosas predominan los verdes grises o azulados. Este tipo de paleta es común en paisajes mediterráneos secos como el desierto de Tabernas, en Almería. En zonas templadas, en cambio, son frecuentes los verdes amarillentos, mientras que en lugares más sombríos o fríos aparecen verdes más oscuros, con pigmentos violáceos en el follaje, algo habitual en regiones húmedas como Galicia.

“Una buena selección de estos verdes permite que el jardín genere continuidad con el paisaje y funcione como fondo para las floraciones. Con verdes grises funcionan bien paletas frías como lavandas, lilas o rosados pálidos; con verdes amarillentos, especialmente junto a gramíneas, se pueden usar colores cálidos como amarillos dorados, naranjas oxidados y pequeños toques de rojo o púrpura”, sugiere el experto. Por otro lado, también hay que considerar que los verdes pueden variar según el frío o el calor, por lo que estos cambios deben tenerse en cuenta al planificar los momentos de floración en el jardín.

                                                                 
Genista, una flor silvestre fragante de flores amarillas© Rubenbon10 / Adobe Stock

El color en el jardín: reglas fáciles para lograr combinaciones acertadas

Una de las formas más simples de trabajar el color en el jardín es partir de una fuente de inspiración: puede ser una flor silvestre, un tapiz, un arreglo floral o incluso un jardín que resulte especialmente atractivo. A partir de esa referencia es posible construir una paleta coherente y trasladarla al diseño del espacio en nuestro hogar.

También conviene recordar que el color en jardinería cambia con las estaciones, porque cada planta florece en momentos distintos del año. Esto permite jugar con combinaciones que no necesariamente tienen que convivir al mismo tiempo. “Si varias combinaciones funcionan bien por separado, pero juntas resultan saturadas, se pueden distribuir en distintas épocas del año según el momento de floración de las plantas”, sugiere Cristóbal.

Por ejemplo, en primavera pueden predominar paletas frías como celestes, jacintos, violetas, lilas y rosados pálidos con pequeños toques de amarillo ácido. En verano, cuando el jardín está más lleno y luminoso, es posible pasar a una paleta más cálida, con amarillos, naranjas y algunos rojos. Finalmente, en otoño pueden destacar tonos más profundos, como naranjas intensos y violetas oscuros. De este modo, el color se convierte en un recurso dinámico que permite explorar múltiples combinaciones y dar riqueza visual al jardín a lo largo de los 12 meses del año.

                                                                 
Parterre de flores junto a un camino de grava© Adobe Stock

Inspiración y observación: el método para crear una paleta en el jardín

Para quienes quieren aprender a combinar colores en el jardín según su propio gusto, Cristóbal propone partir con referencias visuales claras. Las praderas de flores silvestres, la pintura de los maestros impresionistas o el trabajo de los floristas son buenas fuentes de inspiración para entender cómo se relacionan los colores en la naturaleza y en el diseño.

La clave está en observar con atención la proporción de cada color, su intensidad, brillo y textura dentro del conjunto. A partir de ese análisis minucioso, es posible construir una paleta vegetal propia con las plantas disponibles y trasladarla al jardín.

Como regla práctica, el paisajista e ingeniero forestal recomienda priorizar flores pequeñas, ya que suelen ser más fáciles de combinar. En especial aquellas que dejan cierto ‘aire’ entre unas y otras, lo que ayuda a que los colores se mezclen de forma más natural y equilibrada.

                                                                 
Plantas bulbosas en un jardín doméstico© Maayke de Ridder / iBulb

Cómo planificar un jardín con color durante todo el año

Para que el color esté presente durante gran parte del año, el diseño del jardín debe considerar los distintos tiempos de floración de las plantas. Algunas especies florecen durante meses, mientras que otras lo hacen solo durante unas semanas, como ocurre con muchas bulbosas.

“Conviene recordar que la dinámica estacional es clave”, afirma Cristóbal, quien recomienda utilizar plantas de floración prolongada como base del jardín, preferiblemente en colores relativamente neutros, que funcionen como fondo y permitan múltiples combinaciones. Sobre esa base se pueden incorporar plantas de floración corta, que aparezcan en momentos concretos del año para generar contrastes o escenas de color más llamativas.

El paisajista advierte que conviene evitar demasiadas plantas de floración larga con colores muy intensos. Cuando dominan el jardín pueden dificultar la creación de nuevas combinaciones a lo largo del año y obligar a usar colores igualmente fuertes para destacar, lo que a veces produce composiciones visualmente pesadas.

                                                                 
‘Flor del infierno’ (‘Lycoris radiata’), de color rojo y cuya floración se produce a partir de finales del verano© Soyoung Han / Unsplash

Primavera luminosa, verano intenso

En climas templados, la primavera y el verano concentran la mayor riqueza cromática del jardín, aunque cada estación tiene características distintas.

La primavera suele comenzar con colores suaves que van ganando intensidad a medida que avanza la estación. En cambio, durante el verano predominan los colores más intensos, aunque su éxito depende en gran medida del verde del follaje que estructura el jardín.

“Los colores muy intensos como rojos, amarillos y naranjas necesitan del verde adecuado para funcionar bien”, explica Cristóbal. Los rojos destacan mejor sobre verdes muy oscuros, mientras que amarillos y naranjas funcionan especialmente bien con verdes amarillentos, algo que suele acentuarse hacia finales del verano, cuando muchos follajes revelan pigmentos cálidos.

                                                                 
Jardín doméstico en otoño© Adobe Stock

Frutos, hojas y cortezas: los aliados del color en el jardín otoñal

En otoño, cuando la floración comienza a disminuir, el jardín aún puede mantener interés visual si se incorporan otros elementos vegetales que aportan color y textura. “No todo es flores en el jardín. Las hojas otoñales, los frutos, las cápsulas de semillas y las cortezas pueden convertirse en protagonistas en esta época”, recuerda Cristóbal.

En climas templados, donde el follaje pasa del verde a tonos propios de la estación, aparecen combinaciones muy ricas de naranjas, rojos, violetas y amarillos en frutos, que contrastan con los tonos marrones de ramas y cortezas.

Estas combinaciones generan paisajes elegantes hacia finales del verano y durante el otoño. Además, muchos de estos frutos cumplen una función ecológica importante, ya que sirven de alimento para la fauna.

                                                                 
Primer plano de la flor del ciclamen© Wouter Koppen / iBulb

Estrategias para mantener el interés visual del jardín también en invierno

Planificar un jardín con interés visual en invierno es posible, aunque depende mucho del clima. En zonas frías suele ser una estación más limitada, mientras que en climas mediterráneos muchas especies florecen precisamente en esta época, por lo que conocer bien la región y los ciclos de las plantas resulta fundamental.

En estos jardines pueden incorporarse bulbos y especies de floración invernal que aportan puntos de color cuando la vegetación es más sobria. Entre las más utilizadas están el ciclamen (Cyclamen; en la imagen superior), el pensamiento (Viola × wittrockiana), el jazmín de invierno (Jasminum nudiflorum) o el heléboro o rosa de Navidad (Helleborus niger), capaces de florecer incluso en los meses más fríos.

También es importante considerar otros recursos que aportan color y estructura, como los frutos decorativos. Las bayas del acebo (Ilex aquifolium), del durillo (Viburnum tinus), del espino de fuego (Pyracantha coccinea) o del cotoneaster (Cotoneaster spp.) pueden mantener presencia cromática en el jardín cuando escasean las flores, además de aportar alimento para la fauna favoreciendo la biodiversidad.

Cristóbal advierte: “Para integrarlas bien en el jardín conviene entender los ciclos de floración y la arquitectura de las plantas, combinando especies que florezcan en distintos momentos y que mantengan interés también por su follaje, frutos o estructura. Así es posible lograr un jardín con color y textura incluso en la época más fría del año”.

                                                                 
Acebo con frutos rojos© Mariya Muschard / Pixabay

El papel del follaje y las cortezas en el jardín de invierno

Más allá de las flores, el follaje se convierte en uno de los principales recursos para mantener atractivo el jardín durante el invierno. Arbustos de hoja perenne o especies cuyo follaje cambia de color aportan estructura, volumen y contraste cuando muchas plantas están en reposo.

Entre las especies más utilizadas destacan la nandina (Nandina domestica), el boj (Buxus sempervirens), el acebo (Ilex aquifolium), la escalonia (Escallonia spp.) o la madreselva arbustiva (Lonicera nitida). Estos arbustos mantienen su follaje durante gran parte del año y ayudan a estructurar el jardín en los meses fríos.

Crisóbal destaca asimismo que las cortezas ornamentales también pueden convertirse en protagonistas del paisaje invernal. Destacan especies de arbustos y árboles como el cornejo (Cornus alba), el abedul común (Betula pendula), el árbol de Júpiter (Lagerstroemia indica), la secuoya (Sequoia sempervirens) o el plátano de sombra (Platanus × hispanica), cuyas cortezas aportan contrastes de color, textura o descamación que resultan muy visibles en esta estación.

Trabajar con distintas tonalidades de verde, rojos en el follaje o contrastes de textura permite mantener un jardín interesante incluso cuando la floración es mínima. De esta forma, el diseño no depende solo de las flores, sino de la combinación equilibrada de follajes, frutos y estructura vegetal.

                                                                 
Mobiliario que no compite con la vegetación, presenta una tonalidad cobre muy elegante© Massimo Spada para Fantin

A debate: ¿color también en los elementos no vegetales?

Los elementos no vegetales (como mobiliario, piedras o estructuras) pueden influir en la percepción del color del jardín, especialmente en estaciones en las que la vegetación pierde intensidad. Sin embargo, su uso debe plantearse con cuidado para no competir con las plantas.

“El mobiliario puede ser una parte muy interesante para incluir color, pero a diferencia de las plantas es estático”, advierte el fundador de J de M Paisajismo. Por esa razón, recomienda elegirlo a modo de complemento o contraste con el verde estructural del jardín, más que en función de las floraciones que cambian a lo largo del año. En el ambiente sobre estas líneas se apuesta por una tonalidad cobre para la mesa de comedor modelo ‘Still Outdoor’ y los taburetes ‘Hug’, de la firma Fantin.

En cuanto a elementos como piedras, muros o estructuras, su papel suele ser distinto. Lo más recomendable es que mantengan tonos neutros, ya que su principal aporte no está en el color sino en la forma, la textura y la estructura que dan al espacio.

De esta manera, estos elementos ayudan a ordenar el jardín y darle presencia, mientras que el protagonismo cromático queda principalmente en manos de las plantas y sus ciclos estacionales.

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