Pollo, bacón, queso y ciruelas, esos son sus ingredientes principales. Un plato de final de verano sugerente y distinto a lo habitual. Estos rollitos son muy sencillos de preparar. Tienen el punto dulce y meloso de la fruta fresca de temporada, la cremosidad del relleno a base de mozzarella, el umami del beicon dorado en la sartén como cobertura y la jugosidad y proteína del pollo, una combinación de 10. ¡Buen provecho!
Consejos para hacer estos rollitos de pollo, beicon y ciruelas
Esta receta no es complicada, pero con estas recomendaciones, te saldrá perfecta.
- Se recomienda usar ciruelas rojas porque el plato queda mejor visualmente con ellas. Si están muy maduras, sécalas ligeramente para evitar exceso de humedad.
- Puedes utilizar también ciruelas verdes o amarillas, según tus gustos y las ciruelas que encuentres en el mercado.
- Corta las ciruelas en trozos grandes, mejor en cuartos para que mantengan la textura dentro del rollito.
- Si usas mozzarella, mejor la de bolitas porque funde sin soltar líquido, pero sécala bien con papel de cocina antes de usarla.
- El beicon actúa como cinta natural que mantiene el rollito cerrado, aporta grasa para que el pollo no se reseque y lo mejor es que sea en forma de lonchas no muy gruesas para que se dore mejor y no quede muy duro.
- Coloca primero el pollo, que puedes aplastar con mazo o rodillo hasta dejarlo fino y homogéneo y, antes de enrollar, dispon encima el queso y los trozos de ciruela.
- Enrolla apretando, envuelve el rollito con el cierre del beicon hacia abajo para que quede fijo, y no olvides asegurar los rollitos con un palillo para evitar que se abran durante el cocinado.
- Se doran los rollitos en aceite, se retiran y se quita el palillo; se pocha cebolla con más ciruela, se añade caldo de pollo y se reincorpora el pollo para terminar de cocinar.
Por qué la ciruela funciona en salado: el equilibrio entre acidez, dulzor y grasa
El contraste dulce-salado con el bacon es uno de los puntos fuertes del plato. La acidez de la ciruela equilibra la grasa del beicon y su dulzor contrasta con el salado, potencia el sabor y la jugosidad del pollo y aporta complejidad sin necesidad de añadir azúcar ni otros condimentos.
La ciruela es, sin discusión, la fruta estrella del final del verano: llega en su mejor momento y aporta un equilibrio único entre dulzor, acidez y aroma, además de una pulpa jugosa, que es ideal para comer sola o para cocinarla. La roja tiene más acidez y jugosidad, la amarilla más azúcar y una carne más firme y la negra un sabor más profundo y un dulzor marcado.
Un capítulo aparte merece la verde, conocida como Claudia, que encuentra su momento álgido entre finales de agosto y primeros de septiembre. Se caracteriza por su altísimo dulzor, pero sin ser empalagoso, por una acidez muy leve, por una pulpa firme y por unos aromas florales y limpios, inconfundibles. En esta receta, contrasta con el beicon, potencia el sabor del pollo y equilibra el queso. Su perfil dulce y su textura firme la convierten en una fruta muy estable en cocina salada.
Cocineros como el gran Ferran Adrià siempre insisten en no destruir la identidad de la ciruela al cocinarla, darle el menor calor posible para mantener su acidez natural, usarla como contraste en platos grasos (bacon, panceta, quesos), aprovechar su jugo para preparar salsas ligeras que no tapen el sabor principal y optar, para elaboraciones saladas, por las rojas o las claudias.





