Samantha Vallejo-Nágera, su madre Sabine y su hija Cloe, tres generaciones unidas por la misma cocina: "Sentarse a la mesa en casa es una fiesta"


Entre recuerdos y recetas, Sabine, Samantha y Cloe comparten una cocina que va más allá del plato, reunirse, celebrar y crear memoria.


Samantha Vallejo-Nágera junto a su madre, Sabine, y su hija, Cloe, en Casa Taberna© Cecilia Bayonas
4 de julio de 2026 a las 13:55 CEST

La cocina es uno de los lugares donde mejor se guarda la memoria. Entre ollas, recetas y gestos repetidos una y otra vez, nacen recuerdos que permanecen intactos con el paso del tiempo. El olor de un domingo en familia, una madre preparando la comida o la curiosidad infantil por descubrir qué se cocinaba al otro lado de la encimera forman parte de ese patrimonio emocional que nunca desaparece.

La infancia de Samantha, entre Francia y Marruecos

Samantha Vallejo-Nágera creció en una familia donde todo eso formaba parte de la vida cotidiana. Su madre, Sabine Déroulède, francesa de origen y viajera incansable, entendía la mesa como un escenario donde ocurrían las cosas importantes: las conversaciones, los aprendizajes... En su casa, cada comida estaba pensada con mimo. Había flores frescas, velas encendidas y un menú que cambiaba con las estaciones. No era una celebración puntual, sino una forma de vivir.

Samantha Vallejo-Nágera en Casa Taberna, su restaurante situado en la plaza Mayor del pueblo medieval de Pedraza, en una casona castellana del siglo XVII. © Cecilia Bayonas
Samantha Vallejo-Nágera en Casa Taberna, su restaurante situado en la plaza Mayor del pueblo medieval de Pedraza, en una casona castellana del siglo XVII.

Sabine había crecido entre Francia y Marruecos, y de ese cruce de culturas nació una cocina rica en matices: especias cálidas, guisos lentos, técnica francesa y una sensibilidad especial por el producto. "Mi padre era el que cocinaba", recuerda. "Yo empecé muy joven, con revistas y libros, casi sin darme cuenta". Todo eso fue calando en Samantha poco a poco. Primero como espectadora, después como ayudante improvisada y, con el tiempo, como heredera natural de ese legado. Aprendió que cocinar no es solo seguir una receta, sino entender los tiempos, respetar el producto y, sobre todo, cocinar para otros.

Sabine Dèrouléde se ocupa personalmente de colocar las flores de Casa Taberna, una muestra de su sensibilidad y de su gusto por crear espacios acogedores.© Cecilia Bayonas
Sabine Dèrouléde se ocupa personalmente de colocar las flores de Casa Taberna, una muestra de su sensibilidad y de su gusto por crear espacios acogedores.

Me gustaría que mi hija recuerde que sentarse a la mesa en casa es una fiesta

Samanta Vallejo-Nágera

De la casa familiar a Casa Taberna

Con los años, esa memoria emocional se transformó en proyecto vital. Samantha llevó ese universo a su cocina profesional, primero con su catering y después con espacios como Casa Taberna (Calle Mayor, 3, Pedraza, Segovia), donde cada detalle –desde un plato hasta un centro de mesa– responde a esa misma filosofía: hacer de lo cotidiano algo especial. No hay postureo, sino una elegancia natural que nace de lo aprendido en casa. Platos que reconfortan, recetas que cuentan historias y una forma de recibir que tiene más que ver con la generosidad que con la técnica.

Entre los rincones de Casa Taberna, Samantha Vallejo-Nágera comparte los recuerdos y recetas que han marcado la historia gastronómica de su familia.© Cecilia Bayonas
Entre los rincones de Casa Taberna, Samantha Vallejo-Nágera comparte los recuerdos y recetas que han marcado la historia gastronómica de su familia.

Pero lo verdaderamente interesante ocurre ahora, en ese punto en el que la historia se repite. Sabine sigue presente, eligiendo flores de temporada y afinando pequeños gestos que parecen invisibles, pero que lo cambian todo. Samantha interpreta ese legado con su propio lenguaje, adaptándolo a su tiempo sin perder la esencia. Y Cloe Aznar Vallejo-Nágera, su hija, empieza a construir sus propios recuerdos en esa misma cocina.

Cloe, la tercera generación en la mesa

Cloe observa, ayuda, prueba. Aprende sin saber que está aprendiendo. Para ella, todo empieza en un lugar muy concreto: la casa familiar en Pedraza. Siempre todos juntos, comiendo, cenando… "Ahí está todo". No habla de técnica ni de recetas complejas, sino de momentos. De cumpleaños en los que cada uno elegía su menú —el suyo, codillo con puré— y de esa forma casi ritual de reunirse en torno a la mesa. Porque, como reconoce, lo que más le ha marcado no son solo los platos, sino los pequeños detalles: la vajilla, las flores, la forma de colocar la mesa.

Cloe posa en Casa Taberna, donde comparte cómo conviven la tradición familiar y su formación internacional.© Cecilia Bayonas
Cloe posa en Casa Taberna, donde comparte cómo conviven la tradición familiar y su formación internacional.

Las recetas de familia no son solo listas de ingredientes, sino relatos que pasan de generación en generación.

Samanta Vallejo-Nágera

Quizá hoy solo mezcla ingredientes o ayuda a preparar la mesa, pero en esos gestos aparentemente pequeños se está formando algo mucho más profundo: una manera de entender la comida y la vida. Porque las recetas de familia no son solo listas de ingredientes, sino relatos que pasan de generación en generación, que se adaptan, se transforman y siguen vivos en cada plato. En esa cadena invisible, cada una aporta algo nuevo. Sabine, la raíz; Samantha, la voz; Cloe, el futuro. Y entre las tres, una certeza compartida: que cocinar es una forma de cuidar, de reunir, de celebrar. Que sentarse a la mesa puede ser el mejor de los planes. Y que hay sabores que, por mucho que pase el tiempo, siempre sabrán a casa.

Sabine Dèrouléde y su nieta Cloe comparten fogones en una escena que resume el verdadero sentido de las recetas familiares: cocinar juntas.© Cecilia Bayonas
Sabine Dèrouléde y su nieta Cloe comparten fogones en una escena que resume el verdadero sentido de las recetas familiares: cocinar juntas.

Con esa herencia como punto de partida, hablamos con Samantha sobre memoria, cocina y todo aquello que se transmite –casi sin darse cuenta– entre fogones.

¿Cuál es la primera receta que te viene a la cabeza cuando piensas en tu madre?

Uf… En casa somos muy de suflé. Pero si tengo que elegir, diría el cuscús de mi madre. Es sagrado. Es el plato que más me transporta: a mi casa, a mi familia, a los encuentros. Cuando lo hace, estamos todos. Venimos todos corriendo.

¿Qué aprendiste de su cocina que hoy sigue presente en tu forma de cocinar?

Todo. Todo lo que he hecho en mi vida profesional lo he aprendido en casa. Mi madre es francesa, muy sofisticada, muy detallista. En su casa siempre se recibía bien: flores, velas, un menú espléndido cada día. Yo he crecido entendiendo eso como algo cotidiano. Y al final me he dedicado a hacer exactamente lo que ella ha hecho toda la vida.

Como madre, ¿qué te gustaría que Cloe recordara de tu cocina?

Que sentarse a la mesa en casa es una fiesta todos los días. Comer bien, aprender a cocinar… es algo que te acompaña toda la vida. Me gustaría que heredara ese saber recibir, que es lo que pasa de madres a hijas en mi familia.

Cloe, que estudia en la Escuela de Hostelería de Lausanne, ayuda a su madre siempre que puede y se involucra tanto en el servicio como en la gestión.© Cecilia Bayonas
Cloe, que estudia en la Escuela de Hostelería de Lausanne, ayuda a su madre siempre que puede y se involucra tanto en el servicio como en la gestión.

Ahora que cambian los ritmos, las prioridades… ¿Qué vas a echar más de menos de tu etapa anterior?

Nada. No echo de menos nada. Estoy maravillada. Han sido 13 años increíbles en MasterChef, no me puedo quejar, pero ahora de repente tengo tiempo. Tiempo de verdad. Para trabajar, para estar con mi familia… y lo estoy disfrutando muchísimo.

¿Sientes que ese tiempo te permite hacer una cocina más personal?

Por supuesto. Ahora voy a estar mucho más encima de todo. Durante estos años he dirigido el catering un poco desde fuera, y estoy encantada de volver: a mi catering, a mi restaurante, a mi casa, a mi gente. Cuidarlo todo más. Y también hacer más televisión; ya estoy preparando algo nuevo que va a ser lo más.

¿Quién es el alma de Casa Taberna?

Creo que soy yo, pero gastronómicamente es la chuleta, que es nuestro plato estrella. Y luego está esa parte romántica de la hostelería: no todo está pensado para la rentabilidad, sino para que sea bonito. La vela encendida, la flor fresca, la piedra, el cuero, la madera… Yo entro y siempre me quedo mirando esos detalles. Me encanta.

Ahora de repente tengo tiempo. Tiempo de verdad. Para trabajar, para estar con mi familia… y lo estoy disfrutando muchísimo

Samanta Vallejo-Nágera

¿Qué papel juega tu madre en todo esto?

Fundamental. Ella se encarga de las flores frescas de Casa Taberna. Todas las semanas. Es su pasión. Siempre en función de la temporada: acebo en Navidad, ramas amarillas en otoño, flores del campo… Es una maravilla entrar y verlo, sabiendo que lo ha hecho ella.

Si alguien va por primera vez, ¿qué no puede dejar de probar?

Si vienes, tienes que comerte la carta entera (risas). Mucha gente viene a Pedraza el fin de semana y acaba comiendo y cenando aquí, porque hay mucho que probar. La brasa es la protagonista: la chuleta, los pimientos, las patatas fritas caseras… Pero, en realidad, toda la carta es una maravilla.

FOTOGRAFÍA: Cecilia Bayonas
REALIZACIÓN Y ESTILISMO: María Parra
PRODUCCIÓN: Alejandro Alonso
AYUDANTE DE ESTILISMO: Victoria Izaguirre

Créditos ROPA: Samantha: Vestido de Antik Batik / Chloe: Falda Antik Batik y jersey Again Cashmere / Samantha: Camisa de Sezane y pantalones de Paula’s / Chloe: vestido Lloyds / Samantha: Capa Paula’s, pantalón limited edition El Corte Inglés y jersey Again Cashmere/Chloe: Top y falda de Tintoretto, bolso de Sezane / Sabine: pañuelo Clara & Beth.