Hoy en día ya sabemos que el envejecimiento actual de nuestra piel es fruto, en su mayor parte, de nuestros hábitos. Exactamente, el 80% sería fruto del exposoma y un 20% de nuestra genética. El tecnicismo “exposoma” no es otra cosa que todos los factores externos e internos que impactan en nuestra salud. “No se trata solo de la contaminación; incluye la radiación solar, el clima, nuestra dieta, el estrés, el sedentarismo, la falta de descanso, fumar y hasta los malos hábitos cosméticos”, detalla Pedro Catalá, cosmetólogo, doctor en Farmacia y profesor de Química Cosmética en la Universidad de Siena. Vamos, todo lo que le pasa y cómo cuidas a tu piel a lo largo de la vida.
“Hoy día sabemos que la piel no envejece tanto por genética como por repetición de hábitos. No es lo que haces un día, es lo que haces todos los días”, añade Carmen Galera, dermatóloga del GEDET y directora de la clínica Derma For You. La mala noticia es que el exposoma acelera la degradación celular, agota los mecanismos de reparación de la piel y provoca una pérdida prematura de colágeno y elastina. Pero la buena noticia es que puedes intervenir sobre él, sobre todos los factores externos que deterioran tu piel.
Los tres efectos negativos del exposoma en la piel y su solución
Vamos primero a detectar al enemigo para poder combatirlo eficazmente. Hemos preguntado a los expertos las tres principales consecuencias negativas del exposoma en la piel y sus soluciones y estas son las conclusiones:
Inflamación crónica de bajo grado
¿Qué es? “Es un proceso inflamatorio silencioso, invisible y persistente que no presenta los signos típicos (calor o hinchazón), pero que va ‘quemando’ las estructuras dérmicas lentamente”, explica Pedro Catalá. Las consecuencias son una degradación del colágeno (proteína estructural de la piel y responsable de su tersura y firmeza), hipersensibilidad, piel apagada, tono irregular, y flacidez antes y peor de lo que correspondería a la edad. “Lo veo mucho en consulta en pieles que aparentemente se cuidan mucho, pero que en realidad están sobretratadas o maltratadas”, revela la doctora Galera.
¿Qué puedes hacer?
- Dieta antiinflamatoria: Procura hacer una dieta variada y rica en polifenoles antioxidantes (verduras, hortalizas, frutas, frutos rojos y bayas, chocolate negro, aceite de oliva virgen extra, té verde), así como apostar por alimentos frescos y de temporada.
- Gestión del cortisol: “El estrés mental es un pro-inflamatorio de todo nuestro organismo, no solo la piel”, aconseja el cosmetólogo y farmacéutico. Puedes practicar la meditación, el mindfulness, la respiración profunda o hacer algún ejercicio físico moderado, como el yoga, el pilates, caminar, nadar… Además de apostar por alimentos ricos en magnesio, Omega3 y vitamina C, y reducir los azúcares refinados, los carbohidratos procesados, y la cafeína y la teína por la tarde.
- Cosmética calmante: “Lo principal es dejar de agredir a la piel sin darte cuenta. Muchas veces hay exceso de uso de ingredientes activos y demasiadas capas de producto sobre la piel”, advierte la Dra. Galera. Pedro Catalá aconseja emplear cosmética que incorpore extractos botánicos y moléculas de origen biotecnológico, como el extracto de malva o la vitamina B12: “Estos activos inhiben las citoquinas: proteínas que regulan la respuesta de nuestro organismo frente la inflamación”, asegura el experto. Por su parte, la dermatóloga del GEDET menciona la niacinamida, el ácido azelaico, el retinol (bien pautado y a las concentraciones adecuadas), y fotoprotección diaria con una textura que se adapte a tu tipo de piel.
Estrés oxidativo y radicales libres
¿Qué es? “El estrés oxidativo ocurre cuando hay un desequilibrio entre la producción de radicales libres (moléculas inestables que se generan en situaciones de estrés, exposición a contaminación, tabaco, humo, alcohol, radiaciones solares, dieta alta en procesados…) y la capacidad de nuestro cuerpo para neutralizarlos”, define Pedro Catalá. O dicho de otra manera: es cuando la piel no es capaz de defenderse de todo lo que la agrede. “Entonces se generan más radicales libres de los que se pueden neutralizar”, aclara Carmen Galera. La consecuencia de todo esto es que se produce daño en el ADN celular, degradación de los lípidos de la barrera cutánea (ceramidas, colesterol y ácidos grasos), además de aparición de manchas, arrugas finas, flacidez y pérdida de luminosidad.
¿Qué puedes hacer?
- Cosmética antioxidante: “Lo importante es usar cosmética con antioxidantes por el día, a las concentraciones adecuadas y bien formulada, especialmente vitamina C estabilizada”, aconseja la doctora Galera. Los antioxidantes que mayor evidencia científica tienen son el ácido l-ascórbico (vitamina C), el tocoferol (vitamina E), el ácido ferúlico, la astaxantina, la niacinamida (vitamina B3), el resveratrol y la coenzima Q10. Y la dermatóloga aconseja: “Siempre combino antioxidantes de día con retinol; y productos reparadores del colágeno como péptidos, por la noche.”
- Protección solar de amplio espectro: “No solo hay que usar protección solar que incorpore filtros UVA y UVB que proteja la piel al aire libre, sino que también incluya protección contra los radicales libres que se forman durante la exposición a la luz azul o luz visible de los dispositivos móviles, ordenadores, televisores”, aconseja el cosmetólogo y doctor en farmacia.
- Refuerzo nocturno: Para los expertos la higiene del sueño es de vital importancia para la piel; procura descansar mínimo 7 horas, mantener un horario fijo para acostarte y levantarte, evitar bebidas con cafeína y teína, el alcohol y el tabaco por la tarde, las cenas copiosas, y las pantallas dos horas antes de acostarte, y realiza ejercicio a diario a ser posible al aire libre y mínimo tres horas antes de irte a la cama. Algo más: “Por la noche, utiliza cosmética con efecto calmante y reparador (alantoina, bisabolol, aloe vera, caléndula, centella asiática, lactato de zinc, beta-glucan…)”, añade Pedro Catalá.
Degradación de la función barrera
¿Qué es? Vaya por delante que, “nuestra barrera cutánea es súper poderosa y, en gente joven y sin dermatitis atópica u otras patologías como la rosácea, suele estar bien conservada”, aclara la Dra. Galera. Ahora bien, sometida a los factores que integran el exposoma puede perder su capacidad para retener agua y notarse más deshidratada. “Cuando los lípidos cementales (ceramidas) fallan, el agua se escapa y las sustancias dañinas, irritantes y microorganismos tienen la capacidad de entrar. En definitiva, es la pérdida de la integridad del ‘muro’ de contención que protege la piel (estrato córneo)”, explica Catalá. Para la dermatóloga la degradación de la función barrera muchas veces es por una saturación de cosméticos: “sobre todo muy grasientos, lo que hace que la barrera se ‘relaje’ y deje de realizar su función”, asegura. En cualquier caso, las consecuencias de este fenómeno suelen ser la deshidratación transepidérmica (TEWL), le sensibilidad (rojeces), la piel reactiva, los eccemas y la entrada de patógenos.
¿Qué puedes hacer?
- Limpieza no agresiva: “Hay que evitar tensioactivos fuertes que despojen a la piel de sus aceites naturales”, aconseja Pedro Catalá. Apuesta por leches, aceites y espumas sin jabón y mejor si llevan aloe vera o pantenol.
- Exfoliación: La dermatóloga Carmen Galera aconseja estimular la exfoliación de forma física y suave una vez por semana. La exfoliación física o mecánica consiste en utilizar esponjas, cepillos o cosméticos con partículas sólidas (azúcar, sal, semillas o sílice) que eliminen las células muertas de la capa superficial de la piel por fricción.
- Reposición de lípidos: “Hazte con cosmética que aporte ceras, escualano y ácidos grasos esenciales (linoleico y linolénico)”, aconseja el cosmetólogo y doctor en farmacia. Estos activos refuerzan la barrera cutánea, hidratan profundamente, reducen la inflamación y calman la piel. Y algo más: “hay que entender que hidratar no es poner más cremas ni elegir texturas más untuosas”, advierte la doctora Galera.
- Un pH equilibrado: El cosmetólogo y doctor en Farmacia aconseja mantener el manto ácido en niveles óptimos (alrededor de 5) para preservar la barrera cutánea y la hidratación. Para ello, hay que realizar una limpieza suave, usar tónicos restauradores del pH, y cosmética con ingredientes activos, como el ácido láctico, las ceramidas, los lípidos, el ácido hialurónico, la glicerina o la niacinamida.
Una última duda
Para terminar, preguntamos a los expertos por qué la cosmética convencional muchas veces no funciona frente a todo esto. “Porque muchas veces está pensada para gustar más que para tratar. Tiene buenas texturas y sensaciones, pero no siempre concentraciones eficaces ni formulaciones que realmente generen un cambio en la piel”, advierte la Dra. Galera. De ahí que Pedro Catalá aconseje buscar cosmética con soporte biológico e ingredientes altamente compatibles con los de la piel: “sacáridos isomerados para una hidratación profunda que ‘ancla’ el agua, ácido hialurónico de alto peso molecular para crear una película permeable sobre la piel que la mantenga hidratada y elástica, aceites vegetales similares a los presentes en la piel (aceite de jojoba y escualano), antioxidantes que nos ayuden a que la barrera cutánea esté fuerte y factor de protección, y nutrición intensiva por la noche con ácidos grasos y activos calmantes”, concluye.













