Seguro que te suena. Allá por 2017 empezamos a oír hablar de laboratorios, muestras de saliva y el llamado "CSI de las cacas perrunas". Parecía casi una leyenda urbana de ayuntamientos desesperados por acabar con los excrementos abandonados en la calle. De hecho, es probable que no conozcas a nadie a quien le hayan puesto una multa así.
Sin embargo, casi una década después, la realidad ha cambiado. En España ya hay más perros que niños, y el problema de las heces en aceras, parques y jardines se ha convertido en una cuestión de convivencia urbana. La respuesta de algunos municipios ha sido apostar por la genética: analizar el ADN de los excrementos para identificar al perro… y multar a su dueño.
Hoy, 87 ciudades y pueblos de 15 provincias han implantado o están implantando censos de ADN canino. Según un recuento realizado por Pablo Muñoz Gabilondo, creador del proyecto Pipper on Tour, al menos 68 municipios ya utilizan este sistema para sancionar a quienes no recogen los excrementos de sus mascotas, mientras que otros 19 están en proceso de implantarlo.
La gran pregunta es si este sistema realmente funciona o si, más que un detector infalible, se ha convertido sobre todo en una herramienta para disuadir a los dueños menos responsables.
Cómo funciona el "CSI de las cacas de perro"
El sistema se basa en una idea sencilla: cada perro tiene un ADN único, igual que ocurre con las personas.
Para poder identificar a los animales, el ayuntamiento crea primero un censo genético de mascotas. Los propietarios deben acudir al veterinario con su perro para que se le tome una muestra de saliva, que se registra en una base de datos junto al microchip del animal y los datos del propietario.
La segunda fase llega cuando los servicios municipales encuentran excrementos abandonados en la vía pública. Los agentes recogen una muestra, anotan el lugar y la envían a un laboratorio.
Allí se analiza el ADN del excremento y se compara con el registro municipal. Si hay coincidencia, el sistema permite identificar al perro y, por tanto, al dueño responsable.
Las sanciones dependen de cada ordenanza municipal, pero suelen situarse entre 60 y 600 euros, aunque en algunos municipios pueden ser más altas.
Cuántas ciudades lo están utilizando
El sistema se ha extendido de forma desigual por el territorio español, pero cada vez más ayuntamientos lo están incorporando.
Actualmente hay 87 municipios que han apostado por el ADN canino, con una fuerte concentración en algunas provincias como Valencia y Barcelona, donde decenas de localidades han implantado o están implantando el sistema.
Entre los municipios que ya utilizan el análisis genético para sancionar a los infractores se encuentran ciudades como:
- Málaga, Benalmádena y Rincón de la Victoria
- Alcalá de Henares y Tres Cantos, en la Comunidad de Madrid
- varios municipios del área de Barcelona
- numerosas localidades de la provincia de Valencia
La tendencia, según los expertos, sigue creciendo. De hecho, nuevas ciudades continúan estudiando su implantación como medida para mejorar la limpieza urbana.
Cuando la genética sí logra cambiar el comportamiento
En algunos municipios el sistema ha mostrado resultados llamativos.
Uno de los casos más citados es el de Xàtiva (Valencia), pionera en la implantación del censo genético. Según datos municipales, desde que se puso en marcha el sistema se ha registrado una reducción cercana al 80% de las heces abandonadas en la vía pública.
Sin embargo, los resultados dependen en gran medida de cómo se implante la medida.
Para que el sistema funcione realmente se necesitan tres elementos:
- que la mayoría de los perros estén registrados en el censo
- que el ayuntamiento recoja muestras de excrementos con frecuencia
- que las sanciones se tramiten de forma efectiva
Si alguno de estos elementos falla, la eficacia del sistema se reduce considerablemente.
Las sombras del sistema
A pesar de su expansión, el ADN canino también tiene limitaciones.
Entre un 5% y un 20% de las muestras recogidas pueden descartarse porque el material está contaminado o degradado, lo que impide obtener un perfil genético fiable.
Además, no todos los perros que pasean por una ciudad están registrados en el censo municipal. Algunos pertenecen a visitantes, otros no han sido inscritos por sus dueños y también existen animales que proceden de otros municipios.
Esto significa que no todas las heces abandonadas pueden identificarse.
Por otro lado, algunos proyectos se han ralentizado o incluso paralizado en determinados municipios por cambios políticos, falta de recursos o dificultades administrativas.








