Un paseo tranquilo puede convertirse en un momento de tensión en cuestión de segundos si aparece un perro sin correa que se acerca de forma brusca. Aunque muchos encuentros entre perros acaban sin consecuencias, la incertidumbre de no saber cómo reaccionará el animal genera inquietud entre muchos dueños.
Ante este tipo de situaciones, Tom Davis, adiestrador canino estadounidense y fundador de Upstate Canine Academy, una de las escuelas de entrenamiento más conocidas en Estados Unidos, ha compartido una serie de recomendaciones para actuar con mayor seguridad cuando un perro suelto se dirige hacia el tuyo.
La primera defensa: un buen entrenamiento de obediencia
Para Davis, la base de todo está en el entrenamiento previo del propio perro. Un animal que responde bien a órdenes básicas como "quieto", "junto" o "ven" es mucho más fácil de controlar cuando aparece un estímulo inesperado.
Según explica el entrenador, en una situación tensa poder dirigir a tu propio perro con claridad marca una gran diferencia, ya que permite evitar movimientos bruscos o reacciones impulsivas que puedan escalar el conflicto.
Si ves un perro suelto, intenta alejarte
El primer consejo de Davis es sencillo: si detectas a un perro sin correa acercándose, lo mejor es cambiar de dirección y ganar distancia.
Evitar el encuentro suele ser la opción más segura, especialmente cuando se trata de cachorros o perros pequeños, que pueden sentirse amenazados con mayor facilidad.
Haz ruido para alertar al dueño
Si no es posible alejarse, el adiestrador recomienda levantar la voz o hacer ruido. Gritar, aplaudir o llamar la atención puede servir para dos cosas:
- alertar al dueño del perro que va suelto, para que intervenga
- hacer dudar al perro que se aproxima, frenando su avance
Este simple gesto, explica Davis, a veces es suficiente para desactivar una situación potencialmente conflictiva.
Mantén al otro perro a distancia
Otra medida importante es intentar mantener al animal que se acerca lo más lejos posible de ti y de tu perro. Mantener la calma y situarse entre ambos animales puede ayudar a evitar el contacto directo.
Davis insiste en que la prioridad es evitar que la interacción escale, especialmente cuando el comportamiento del otro perro es incierto.
Una realidad incómoda: la defensa del propio perro
El entrenador también reconoce un escenario que muchos dueños esperan no tener que afrontar nunca. En casos raros en los que un perro agresivo inicia un ataque y no hay forma de escapar, permitir que un perro grande capaz de defenderse lo haga puede ser, según explica, la opción más segura.
Eso sí, subraya que no se aplica a perros pequeños ni a cachorros, que podrían salir perjudicados.
Un encuentro así puede marcar a un cachorro
Más allá del momento del susto, Davis advierte de que este tipo de experiencias pueden afectar al comportamiento futuro de los perros jóvenes.
Un encuentro agresivo puede generar miedo o reactividad hacia otros perros, algo que después requiere tiempo y entrenamiento para corregirse.








