Pocas mujeres pisan un escenario con la soltura y las tablas de Natalia Millán. Esta vez vuelve a la Gran Vía madrileña vestida de negro y dispuesta a meterse en la piel de la mítica Morticia Addams.
Entramos en su camerino antes de la primera función. Hay prisas de última hora, percheros repletos de vestuario, el calor de las bombillas de tocador y ese olor inconfundible a laca y Maquillaje que solo se respira entre bambalinas. Natalia nos recibe con una sonrisa y la piel impoluta. Hoy en ¡HOLA!, Natalia Millán nos habla de su vuelta a los escenarios y cómo es ponerse en la piel de la icónica madre de Miércoles Addams.
Más allá del cómic de los años veinte
Meterse en la piel de Morticia Addams no es cualquier cosa. Todo el mundo tiene en la cabeza su imagen, sus gestos, sus pasos cortos y su voz pausada. Es un personaje instalado en la memoria colectiva desde hace décadas.
“Revisé de todo antes de empezar: películas, series y hasta una antología de los cómics originales de los años veinte que encontré en un libro. Pero la verdad es que un personaje no cobra vida en tu cabeza. Cobra vida cuando te encierras a ensayar con tus compañeros y empiezas a interactuar con tu nueva familia”, nos cuenta.
"Dentro de la excentricidad de los Addams, el amor está por encima de todo. La familia debería ser siempre ese lugar de refugio, cuidado y seguridad al que llegar"
Para Natalia, la clave del trabajo no está en hacer una imitación basada en el pasado, sino en no quedarse en la cáscara del personaje: “El arquetipo está ahí y el público espera ver exactamente eso cuando compra la entrada. Pero tú tienes que ponerle algo tuyo por dentro. Y es justo eso que pones de ti lo que genera la emoción real y lo que conecta con la gente desde el patio de butacas”.
Eso sí, reconoce que el vestuario y la caracterización hacen la mitad del trabajo. Y en este caso, es un caramelo: “Morticia es el paradigma de la sofisticación. En la vida diaria todos intentamos medirnos para no pasarnos de frenada o quedar bien con todo el mundo. Pero ella no tiene límites. Puede ser todo lo elegante, extravagante y sofisticada que quiera sin despeinarse. Eso para una actriz es un regalo y una liberación absoluta”, nos dice.
Un hogar muy peculiar en tiempos difíciles
Detrás del humor negro, la estética gótica y los chistes de ultratumba, la historia de los Addams guarda una lectura muy clara sobre la convivencia. Y Natalia lo tiene claro a la hora de defender el texto.
“Ella es una mujer que ama a su marido y a sus hijos con pasión. Una familia debería ser exactamente eso: un refugio de amor, cuidado y seguridad donde llegar cuando empiezas a vivir. Lamentablemente no siempre pasa en la vida real, pero es lo que nos marca el desarrollo para siempre”, reflexiona la actriz.
Lo divertido de la función es ver cómo reaccionan ante lo diferente: “Lo bonito de esta familia es que, dentro de su locura y sus excentricidades, el respeto y el amor están por encima de todo. Cuando Miércoles se enamora de un chico normal de una familia común, al principio hay un conflicto enorme. Pero lo aceptan porque prima el afecto. Es un mensaje precioso para los tiempos que corren”.
“No he pegado ojo en toda la noche”
Ver a Natalia Millán actuar parece fácil. Canta, baila y mantiene la postura sin perder el aliento un solo segundo. Sin embargo, la trastienda de un musical de gran formato exige una disciplina casi militar que no perdona despistes.
“El musical te tiene que pillar en forma desde casa. No hay milagros. Tienes que ir a tus clases de danza y de canto de forma continua durante todo el año. Cuando arrancan los ensayos no hay tiempo para ponerse a punto; tienes que llegar con los deberes hechos”, explica con sinceridad.
Además, los horarios de este oficio van al revés del resto del mundo: “Mientras la gente sale de trabajar por la tarde para tomarse una caña o irse a la cama a descansar, tú te tienes que hacer un sprint de dos horas a máximo rendimiento sobre las tablas. Por eso durante el día tienes que reservarte, cuidar la voz y medir mucho las fuerzas”. A pesar de llevar décadas en lo más alto de la profesión, los nervios previos a la subida del telón no perdonan a nadie en el equipo. Tampoco a ella.
“No he pegado ojo en toda la noche. Y sé que la mayoría de mis compañeros tampoco han dormido. Da igual los años que lleves en esto: el cuerpo reacciona ante la tensión como si fuera a atacarte un león. La clave de este oficio no es evitar que te tiemblen las piernas, sino usar esa adrenalina a favor del personaje”.
El timbre del backstage suena avisando a los actores. Toca cerrar la puerta del camerino, dar el último retoque al labial rojo pasión y salir a escena. La mansión Addams abre sus puertas en la Gran Vía y Natalia Millán ya está lista para reinar en ella.












