Genoveva Casanova cumple este 8 de noviembre 50 años. A lo largo de este medio siglo, la bella mexicana ha sido la protagonista de una vida fascinante, de esas que harían las delicias de un guionista, cautivado por las luces y las sombras de una trayectoria de novela.
La mexicana que llegó a España con una beca de intercambio y acabó entrando en el Palacio de Liria como condesa de Salvatierra llega a los 50 años en su versión más tibia: la de una superviviente que ha aprendido que el silencio es, a veces, la coraza más eficaz.
El aterrizaje en la Casa de Alba
A comienzos de los 2000, Genoveva cursaba Filosofía en la Universidad Panamericana de México y llegó a Sevilla como estudiante de intercambio. Conoció a Cayetano Martínez de Irujo, el hijo varón más pequeño de la duquesa de Alba, en un competición hípica en Jerez y el flechazo fue instantáneo. Pocos meses después de iniciar su noviazgo, el 25 de julio de 2001, con apenas 24 años, Genoveva dio a luz a los mellizos Luis y Amina.
Su entrada en la casa de Alba fue progresiva pero firme. Si bien la boda no llegó hasta 2005 —un enlace por todo lo alto en Sevilla, en el Palacio de Las Dueñas, con la novia vistiendo una creación de Manuel Mota y coronada con una tiara realizada a partir de una deslumbrante pulsera de platino y diamantes de la duquesa Cayetana—, Genoveva logró ganarse el cariño de su suegra. La aristócrata encontró en la mexicana una complicidad serena, culta y leal que sobrevivió incluso a la ruptura de la pareja. Y Genoveva encontró en la aristócrata a una segunda madre.
Dos años después de la boda, en 2007, se anunció la separación de los condes, todo un cataclismo para la crónica social. Pero, contra todo pronóstico, tejieron una férrea amistad, o más bien un pacto de respeto y afecto mutuo, hasta el punto de que la mexicana salió reforzada de su nuevo estado civil y ocupó despachos de responsabilidad institucional en la Fundación Casa de Alba.
De la literatura al budismo
Más allá de ser protagonista de las páginas del cuché, la ex condesa de Salvatierra siempre intentó dotar a su perfil de una pátina de introspección e inquietud intelectual. Una mujer “incansable de la vida” y “hambrienta de aprender”, como ella misma se definió en una entrevista en Televisión Española. Hizo cursos de Literatura, Egiptología, Religiones Comparadas y Guion Cinematográfico. Publicó la novela El llanto de los elefantes. Colaboró con organizaciones humanitarias y conoció los problemas de primera mano a través de sus viajes a Kenia, Jordania, India o Nepal.
Abrazó el budismo durante años, una religión, según confesó en la cadena pública, de la que aprendió “muchas cosas, entre ellas que el sufrimiento no se debe de evitar. No hay que esquivarlo sino que tienes que sentarte y vivirlo”. Palabras que hoy cobran todo el sentido a juzgar por el devenir de los acontecimientos que ha tenido que afrontar.
En el plano sentimental, su nombre estuvo ligado a nombres de gran relevancia en la escena pública: del diplomático Gonzalo Vargas Llosa, hijo del escritor Mario Vargas Llosa (inolvidables las imágenes de Genoveva bailando con el autor en la cena de los Premios Nobel en Estocolmo), al ex ministro de Justicia José María Michavila, pasando por un affaire con el cantante Luis Miguel que nunca fue confirmado por los protagonistas.
La curva cerrada: la salud y la tormenta danesa
Cuando estaba entrando en la madurez, Genoveva se enfrentó, quizás, a la peor etapa de su vida. En el verano de 2023 la mexicana vio de cerca el abismo: sufrió una embolia pulmonar que le provocó un infarto pulmonar y un derrame pleural. Tras ocho días de ingreso hospitalario y un período de reposo, la ex mujer del duque de Arjona reconoció ante los medios en su reaparición: “Tuve mucha suerte porque el coágulo no era muy grande y no se quedó atascado al principio. Luego, lo que me salvó la vida fue la doctora, que actuó rápidamente”.
Pero un par de meses después, cuando todavía se recuperaba física y anímicamente, el destino le tenía reservada la mayor tormenta mediática de su vida. La publicación en el otoño de 2023 de unas fotografías paseando por Madrid con Federico de Dinamarca —en ese momento príncipe heredero— desató un seísmo internacional sin precedentes.
Mientras Copenhague guardaba silencio —en medio de la crisis la Reina Margarita abdicó y su hijo se convirtió en Federico X— y la prensa europea asediaba su portal en Madrid, Genoveva tomó una decisión radical: desaparecer del mapa. Se refugió en el palacio de Arbaizenea, en San Sebastián —propiedad de su exmarido, quien volvió a ejercer de leal escudero—, apagó el teléfono y dejó que el viento amainara.
La vuelta al foco y el 'exilio' voluntario
Tras meses de hermetismo absoluto, su reaparición se fue cocinando a fuego lento. Eligió la televisión para volver a mostrarse, en concreto un programa de entretenimiento y superación, El Desafío, donde se la vio más terrenal, vulnerable y dispuesta a reírse de las complejidades del destino.
Sin embargo, nada volvió a ser como antes y, hace poco más de un año, días antes de la boda de Cayetano con Bárbara Mirjan, celebrada el 4 de octubre de 2025, Genoveva volvió a tomar una drástica decisión: dejar España y marcharse a vivir a México por la necesidad de recuperar la estabilidad emocional y para estar cerca de los suyos. De hecho, en mayo recibió otro duro golpe al perder a su padre, Larry Casanova, que falleció a los 79 años.
Su regreso a España hace unos días volvió a situar a Genoveva en el radar. Fue fotografiada paseando por Madrid junto a un desconocido y apuesto acompañante. Pero lo que más llamó la atención fue la buena forma física en la que se encuentra, al menos, sus bíceps musculados así lo acreditan. También, todo el lujo que llevaba puesto encima a pesar de su aspecto casual: bolso Birkin de Hermès, reloj Rolex, pulsera de la colección Alhambra de Van Cleef & Arpels, abrigo Ralph Lauren y deportivas Golden Goose.
Se desconoce si esta visita a Madrid ha sido temporal o ha vuelto para quedarse. Al parecer, en todo este tiempo fuera ha compaginado sus viajes a Londres para ver a sus hijos, Luis y Amina —que se han convertido en dos jóvenes profesionales independientes y son su mayor orgullo— con los estudios de un máster en Estados Unidos.
Ahora cruza la barrera de los 50 habiendo conocido todas las caras de la fama: el oropel de la aristocracia, el brillo de las portadas, la fragilidad de la salud y la crudeza del escrutinio mundial. Tal vez algún día cuente su historia en primera persona a través de sus memorias. Quién sabe. De momento, permanece detrás de su propia armadura: el silencio.












