En 2002, una melodía imparable nacida al calor de la Vuelta Ciclista a España cruzó fronteras, conquistó la Fórmula 1, puso banda sonora a un Mundial de fútbol y catapultó a Patricia Manterola a la cima internacional. Hoy, a las puertas de celebrar el 25 aniversario del histórico Que el ritmo no pare —un hito que festejará por todo lo alto—, la que fuera integrante del mítico grupo Garibaldi ha regresado a España en plena madurez artística con su nuevo sencillo, Como yo, tras superar los siete millones de reproducciones con sus últimos videoclips.
Pero lejos de los escenarios y del vértigo mediático, su verdadero triunfo habita de puertas para adentro: en un sólido matrimonio de casi dieciséis años junto a su marido Forrest Kolb y en la entrega absoluta a sus tres hijos —Lucca, de catorce años, y los mellizos Alesso y Matteo, de trece—, que han heredado la pasión musical en clave clásica. En una conversación cercana y sin artificios, la cantante y actriz hace balance de un cuarto de siglo de éxitos, repasa las renuncias que implicó priorizar el hogar y nos descubre la serenidad de una mujer en completa paz con el paso del tiempo.
Patricia, acabas de lanzar Como yo. ¿Qué cuenta esta canción y qué tiene de ti que el público todavía no conocía?
Pues mira, esta es una canción que le canta al amor infiel. Aunque yo no estoy viviendo ese momento en mi vida porque tengo una relación hermosa con mi marido, esa es, sin duda, la magia de la música: que podemos contar historias que a lo mejor son del pasado sin tener que decir nombre y apellido. Por eso, "Como yo" es una canción de despecho, pero hecha también desde la fortaleza de la mujer actual, esa que dice: "Bueno, si me fuiste infiel me caigo, me duele muchísimo, pero me levanto, ¡y nadie te va a besar ni abrazar como yo!" (risas).
Hablas precisamente de levantarte y de esa fuerza femenina. En tus últimos trabajos insistes mucho en la superación personal, la complicidad y en celebrar el presente; ¿sientes que la canción refleja exactamente el momento vital en el que estás ahora?
En la fortaleza del tema, sin mirar la letra, por supuesto que sí. Lo refleja la canción y, sobre todo, la producción, que tiene un ritmo muy actual, muy fuerte y muy echado para adelante. Si lo pudiéramos comparar con una rueda de la fortuna, siento que estoy justo en ese punto de arriba: con la fortaleza de vivir entusiasmada por todo lo que está pasando a nivel profesional, pero también apoyada en los cimientos de una familia hermosa y con mis hijos, que son mi vida y mi adoración. Me siento plena y muy completa.
Dices que te sientes arriba en esa rueda de la fortuna y muy plena, pero también has contado con total naturalidad que a veces se te pasa por la cabeza la duda de si al público le seguirá interesando tu música. Con más de treinta años de carrera, ¿cómo gestionas esa incertidumbre para seguir creando canciones?
La verdad es que nunca he tenido miedo como tal, porque creo que la incertidumbre forma parte inevitable de hacer música: una escribe una canción, la produce y nunca sabes qué va a ocurrir con ella una vez que ve la luz. En estos cuatro últimos sencillos, con los que retomo de lleno el “pop” arropándome del talento de productores como David Santisteban y David Parejo, busqué rodearme de calidad, apostar por el sonido que estaba sonando y plasmar las letras que de verdad quería compartir. Sin embargo, siempre llega ese momento en el que entregas el tema y quedas a la expectativa. Por eso ha sido tan maravillosa la respuesta del público al ver las cifras en las plataformas digitales y confirmar que no me equivoqué al regresar a esa autenticidad con la que la gente me conoció en mis inicios. Hubo una etapa en la que sí sentí que me había perdido un poco artísticamente hablando debido a la fuerte influencia de lo urbano y luego del regional mexicano, corrientes con las que creé fusiones que, aunque dejaron temazos y colaboraciones increíbles, me hacían sentir desdibujada por querer complacer lo que dictaba el “mainstream”. Así que decidí volver al pop con todo el corazón y la fortaleza, asumiendo que tal vez era un nicho más reducido. Pero ese camino que creía pequeño me ha regalado unos resultados sumamente gratificantes que valoro y agradezco de corazón.
Ese reencuentro con tu autenticidad y el cariño de la gente pide a gritos el directo. Tu plan es salir de gira, ¿cómo te imaginas esa vuelta a los escenarios y qué planes tienes para venir a España a cantar?
Yo estaría encantada. De hecho, lo hemos estado hablando con mi mánager aquí, picando piedra y tocando puertas, con la esperanza de que todas estas visitas de promoción con la nueva música me regalen la oportunidad de volver a girar por España. Y sobre cómo me imagino esa vuelta a los escenarios... imagínate: ya he tenido momentos para disfrutarlo, como en Cáceres, donde canté en el festival En Terapia ante casi cinco mil personas reunidas. Fueron instantes maravillosos al poder interpretar tanto los temas que me dieron a conocer aquí como las nuevas canciones, comprobando que la acogida sigue siendo igual de positiva. Con esa probadita que tuve en verano cantando en Sevilla y ahora en Cáceres, estoy profundamente entusiasmada para, si Dios quiere, regresar ya de una forma mucho más continuada.
España siempre ha sido un amuleto en tu historia. Mirando al horizonte, en 2027 se cumplen 25 años del lanzamiento de Que el ritmo no pare, un tema que sigue sonando con la misma fuerza. ¿Qué supuso realmente para ti aquel fenómeno y tienes en mente alguna celebración o reedición especial para festejar este cuarto de siglo?
Me lo han pedido muchísimo y ya estoy en ello, porque esa canción cambió mi vida artística como solista y a nivel profesional: rompió barreras de fronteras y de idiomas de una forma impresionante. Y todo empezó precisamente aquí, en España, cuando fue elegida como el tema oficial de la Vuelta Ciclista, expandiéndose desde este país a toda Europa. A partir de ahí, me llamaron de la Fórmula 1 para hacer la versión en inglés del Gran Premio de Europa y más tarde la seleccionaron para la transmisión de la Copa del Mundo de Corea y Japón en toda Latinoamérica, donde adaptamos la letra a "Que el fútbol no pare". En definitiva, fue un himno que me abrió las puertas de países donde jamás había estado como solista y me dio a conocer en el mundo entero. Le estoy eternamente agradecida y, por supuesto, vamos a festejar por todo lo alto estos veinticinco años.
Con toda la vorágine de la promoción de Como yo, la preparación de una gira y esos veinticinco años en el horizonte, ¿cómo se compagina esa intensidad con la maternidad? Antes mencionabas que tus hijos son tu adoración: ¿de qué manera encajan los ensayos y la música con los horarios escolares y la vida familiar?
Antes de formar una familia no paraba ni un segundo: rodaba una novela, sacaba un disco, terminaba la promoción, salía de gira y volvía a empezar ese mismo ciclo; así me pasé quince años sin frenar. Sin embargo, la llegada de mis hijos cambió por completo esa dinámica y tuve claro que ellos eran mi prioridad absoluta. Hoy en día es al revés: mis momentos como artista son mucho más selectos, medidos y cuidados, motivo por el que no he querido hacer giras interminables. Lo bueno es que las giras de verano en España tienen una magia especial porque la gente está de fiesta y, al no haber colegio, mis hijos pueden acompañarme perfectamente sin alterar sus rutinas. De hecho, ya vinieron este verano, conocieron el país y se quedaron completamente enamorados del país.
Esa complicidad familiar deja claro que ellos son tu cable a tierra. Fuera de los focos, las cámaras y las giras, ¿cómo es un día normal en tu casa cuando cierras la puerta y eres simplemente Patricia, con tu marido y tus hijos?
¡Ah, ahí soy mamá al cien por cien! Hoy me ves con todo el glamour porque me encanta arreglarme para vosotros, pero en mi día a día soy de coleta, cero maquillaje, vaqueros y camiseta. Hago las tareas del hogar, estoy con los niños, les cocino a diario el desayuno y el almuerzo —de la cena suele encargarse mi esposo— y vivo volcada en ellos 24/7: entre los entrenamientos de tenis, el béisbol y las clases de música, porque todos tocan instrumentos clásicos como violín, chelo, saxofón o contrabajo. Es verdad que han heredado la pasión por la música, pero de una forma muy distinta: les fascina lo clásico, leen partituras y componen sus propias piezas. Yo los admiro una barbaridad porque soy una artista mucho más lírica. Toco el piano de oído únicamente para sacar melodías, pero jamás aprendí a leer solfeo como ellos. Así que, como solemos decir en casa... ¡se me cae la baba con mis hijos! (más risas).
Esos talentos dicen mucho de ellos. Lucca, Alesso y Matteo están creciendo muy rápido: ¿cómo son sus personalidades y qué es lo que más disfrutas de verlos hacerse mayores?
Mira, cada uno tiene una personalidad completamente distinta a la de sus hermanos. Lucca ya es todo un hombrecito: a sus catorce años es sumamente responsable, cariñoso y muy inteligente, con una conexión espiritual muy profunda con Dios. De hecho, se despierta una hora antes de ir al colegio para rezar y practica su fe con auténtico fervor. Por su parte, los mellizos son polos totalmente opuestos: Matteo es el deportista de la casa, muy competitivo, le apasionan todas las disciplinas y no para nunca. Me recuerda muchísimo a mí en esa misma energía inagotable y explosiva. Alesso, en cambio, es el intelectual del grupo: le apasiona leer y tiene una sed increíble de conocimiento. Eso sí, a los tres los une por completo la música: tocan sus instrumentos y, no te imaginas, a veces montan conciertos privados en el salón solo para mí. Es una experiencia verdaderamente maravillosa.
Estar tan unida a ellos hace que la distancia cueste el doble. Para cualquier madre trabajadora que tiene que viajar suele aparecer la culpa: ¿te pasa a ti cuando tienes que coger un avión por compromisos profesionales o has aprendido a llevarlo con naturalidad?
Sí, muchísimo, nos pesa tanto a ellos como a mí. Desde que nació Lucca en casa, en un parto en el agua, y lo tuve por primera vez en mi pecho, prácticamente no me he separado de mis hijos. Por eso decidí no volver a hacer telenovelas y lo digo sin ningún tipo de pesar, porque ya las viví, las disfruté y hoy por hoy ser mamá se ha convertido en mi verdadero propósito de vida. Claro que nos cuesta la separación física, pero ellos entienden perfectamente mi profesión y se alegran por mí, sobre todo porque saben que estas ausencias por un concierto o una gira de promoción ya son muy puntuales y ven lo muchísimo que disfruto sobre el escenario, aunque luego nos echemos de menos a rabiar.
Ahora que son más mayores, ¿qué te dicen cuando ven tus videoclips de los noventa o tus telenovelas de entonces, como Acapulco, cuerpo y alma?
¿Las telenovelas? ¡Todavía no les he dejado verlas! Aún no tienen edad para tantas infidelidades, pasiones y dramas como los que se ven en una novela (risas); ya más adelante imagino que les picará la curiosidad. Los videoclips sí los ven y escuchan la música desde que nacieron. Además, me dan sus opiniones y es algo que me tomo muy en serio: como son músicos formados, no dicen tonterías. Al contrario, me sorprenden con apuntes como: "Mamá, en este arreglo las cuerdas deberían entrar un compás antes". ¡Me flipa, como decís aquí en España! Así que, sin duda alguna, cualquier día de estos acabo trabajando en el estudio con ellos.
Aunque ahora la música y tu familia sean el centro de todo, dejaste huella en la pantalla con melodramas tan recordados como Gente bien o Apuesta por un amor. ¿Te apetece volver a actuar si surge un buen proyecto o estás volcada al cien por cien en la música?
La actuación es algo que me apasiona muchísimo, pero es una disciplina que exige una enorme cantidad de tiempo. Rodar una película completa, aunque se filme en tres meses, requiere una dedicación absoluta y con las telenovelas ocurre exactamente lo mismo. Por eso he seguido haciendo cositas muy puntuales: apariciones o actuaciones especiales con personajes breves cuando me invitan o series de televisión en México con planes de rodaje muy específicos. De hecho, hace poco grabé una serie en apenas cinco semanas donde me permitían rodar únicamente martes, miércoles y jueves; así podía estar de viernes a lunes volcada con mi familia, lo que se acoplaba a la perfección a mi vida como madre. Pero, en definitiva, cualquier proyecto actoral que llegue a mis manos hoy en día tiene que ser muy medido y, sobre todo, no restar un solo segundo al tiempo que le dedico a la maternidad.
En diciembre cumples dieciséis años de matrimonio. ¿Cuál es vuestra fórmula para cuidar la relación día a día?
El compromiso diario y hacer equipo. Ninguno de los dos somos los mismos de hace quince años y vamos evolucionando, pero tenemos una meta común: una familia sólida. Aplicamos un consejo clave: cuando surge una dificultad, no vemos al otro como el problema, sino como un reto externo que nos toca resolver juntos. Al dejar de señalar y trabajar como tándem, todo fluye mucho mejor.
¿Y qué hacéis para no caer en la monotonía, que suele ser el gran peligro de cualquier matrimonio? ¿Cómo desconectáis de los niños para seguir sintiéndoos novios?
Mantener viva la curiosidad. Los dos somos personas muy curiosas y a mí me apasiona seguir descubriéndolo cada día, porque nunca somos exactamente los mismos. Por las noches nos sentamos a hablar, a preguntarnos cómo nos sentimos, qué pensamos sobre lo que ha pasado y esa complicidad rompe por completo la rutina diaria de llevar a los niños, regresar y cumplir horarios. Además, tengo que atribuirle mucho mérito a Forrest: jamás ha perdido el romanticismo ni los detalles, como regalarme flores, algo que a cualquier mujer nos conquista. Pero la clave de oro es que tenemos nuestros «viernes de cita»: esa noche es sagrada e inamovible para los dos. Los niños lo saben desde pequeños y contamos con el apoyo de las abuelas para salir a cenar solos, ver el atardecer o simplemente compartir tiempo en pareja.
De joven viviste historias de amor que estuvieron en el centro de todas las miradas. Con tanta exposición, ¿fue muy difícil en aquella época distinguir quién se acercaba a Patricia de verdad y quién al personaje público?
Sí, claro que es difícil, aunque en realidad nunca fui de tener muchos novios ni demasiadas relaciones. Tuve una historia muy larga, de quince años, con Javi, compañero de Garibaldi, así que durante todo ese tiempo apenas me vi en la tesitura de cuestionarme quién se acercaba por interés y quién por la persona. Fue tras separarme de él, en esa etapa previa a conocer a mi marido, cuando sí viví algunos romances; pero en el fondo siempre he sido alguien transparente: abro el corazón de par en par y espero que el otro haga lo mismo, porque si no hay esa entrega mutua y sincera, simplemente no funciona.
Has comentado en alguna ocasión que las relaciones complejas del pasado te enseñaron con claridad qué querías y qué no en tu vida. Mirando atrás, ¿qué aprendiste de aquellas vivencias sentimentales tan mediáticas, como la que tuviste con Luis Miguel?
Soy muy reservada con ese tema: por respeto a mi marido, que es un hombre maravilloso, y por respeto a mis hijos y a mi familia, procuro no hablar de mis relaciones pasadas. Lo que sí te puedo asegurar es que cada una de las personas con las que he compartido mi vida y ante quienes decidí abrir el corazón dejó una huella muy especial. Todas siguen guardando un rincón bonito en mi recuerdo, al igual que espero que, en el corazón de quienes compartieron esa historia conmigo, también haya quedado una huella linda.
Con todo lo vivido y aprendido en el terreno sentimental, ¿qué consejo práctico sobre el amor te gustaría que tus tres hijos tuvieran siempre presente cuando empiecen a enamorarse?
¡Guau, qué buena pregunta! Les diría lo que siempre he intentado inculcarles: como dicen en las instrucciones de los aviones, primero tienes que ponerte tú la mascarilla de oxígeno para poder ayudar a los demás. Con la felicidad ocurre exactamente igual. El amor propio, tu esencia y tu paz tienen que nacer de ti para que luego puedas compartirlos con otra persona. Nadie te va a regalar la felicidad ni te va a completar desde fuera. Por eso espero que el día que elijan a una pareja no busquen que esa persona los haga felices, sino que ya sean felices por quiénes son y caminen juntos desde esa plenitud.
Esa plenitud interior se refleja por fuera: estás radiante y parece que los años no pasan por ti. ¿Cómo vives el paso del tiempo y qué relación tienes con el espejo?
Lo vivo desde la aceptación: aprendí con “El poder del ahora” que abrazar tu edad sin pelear con las canas o las arrugas te da una paz enorme. Además, mi relación con el espejo es muy sana porque, aunque soy coqueta y me gusta verme bien, no pretendo tener la piel de los veinte años, sino estar fuerte y sana para disfrutar en un futuro de mis nietos. Por eso me cuido tanto: entreno, no pruebo el alcohol desde hace años y evito el azúcar, las harinas y la sal. Se trata de cuidar el cuerpo, aceptar el paso del tiempo y crecer con él con alegría.
Insistes mucho en la importancia del autocuidado y de saber frenar. Con el ritmo tan intenso que llevas entre la música y la familia, ¿cómo logras ese primer momento de calma en el día a día?
Es completamente necesario, sobre todo por las mañanas y por las noches, porque reconozco que soy un auténtico huracán: tengo muchísima energía y no paro con los niños, las comidas, los viajes y el gimnasio. Sin embargo, al despertar me siento en silencio para agradecer a Dios el simple hecho de estar viva y respirar. Ahí se detiene el mundo por completo. Y por la noche hago exactamente lo mismo: apago todo y me dedico diez o quince minutos sagrados a meditar, rezar y dar gracias.
Además de esa pausa espiritual y mental, ¿qué otras rutinas físicas no pueden faltar en tu rutina para mantenerte en equilibrio?
El yoga es fundamental para mí porque lo practico en cualquier lugar del mundo. Además de mantenerte en forma física, funciona como una maravillosa meditación activa que te conecta de lleno con tu interior. Cuando viajo y no tengo un gimnasio a mano, es mi gran aliado; aunque últimamente, por recomendación médica para cuidar los huesos y fortalecer el músculo con los años, he sumado a mi rutina el entrenamiento de fuerza y pesas, algo que antes apenas hacía pero que ahora disfruto muchísimo.
Para terminar, Patricia: con Como yo ya sonando, la gira en camino y tu hogar consolidado, ¿qué significa hoy para ti tener éxito en la vida?
Hoy en día, el mayor éxito es simplemente ser feliz, eso no te lo da nada ni nadie. Cuando era más joven solía confundir la felicidad con el "cuando tenga", "cuando sea" o "cuando logre", viviendo siempre proyectada hacia el futuro. Ahora me doy cuenta de que el verdadero triunfo reside en estar en paz conmigo misma, disfrutar de esa plenitud interior y compartirla con mi esposo, con mis hijos y con el público a través de mis canciones. Para mí, el éxito definitivo es cuando logras tocar el corazón de los demás con esa misma luz.









