El pasado 5 de julio, Iván Sanz Cid, director general de la histórica bodega Dehesa de los Canónigos, perdió la vida a los 48 años en un fatídico accidente de tráfico en el que también fallecieron su mujer, Irene Garijo, de 45, y dos de sus hijos, de 17 y 14 años. La única superviviente fue la hija menor del matrimonio, de nueve años. Una desgarradora noticia que conmocionó a toda España, pero especialmente a los allegados de la familia. Entre ellos, el periodista José Ribagorda, quien mantenía una estrecha amistad con el empresario. Desde entonces han pasado poco más de dos meses y, aunque el dolor es irreparable, los bonitos recuerdos, si cabe, ayudan a sobrellevar la tristeza.
La foto con la que José Ribagorda dio el último adiós a su amigo a través de su perfil de Instagram el pasado 11 de agosto ha sido plasmada en un cuadro que ahora forma parte de la cocina del periodista, un lugar en el que pasó algunos de sus mejores momentos junto a Iván Sanz Cid.
Se trata de un regalo de la artista María José Pastor, a quien el comunicador ha agradecido públicamente, mostrando el rincón que ha elegido para honrar a su gran amigo. "Gracias por este detalle que me ha emocionado. Iván ya nos acompaña en nuestra cocina, donde tantas celebraciones y brindis hemos vivido juntos", ha expresado Ribagorda en su perfil de Instagram. Un obsequio que también resulta especialmente significativo para la mujer del periodista, Loles Silva. "Emocionante y precioso detalle", ha escrito en los comentarios. Entre los mensajes también destaca el de la bodega Dehesa de los Canónigos, que ha dejado tres corazones.
La desgarradora carta de José Ribagorda a Iván
Poco después de conocerse la noticia del fallecimiento del bodeguero, su mujer y dos de sus hijos, el presentador se despidió públicamente de la familia desde su proyecto personal de gastronomía, De las cosas del comer. "Lloramos en casa desconsoladamente desde ayer por la pérdida cruel e inhumana de una familia que era nuestra familia. Una familia bodeguera de bien, honesta, trabajadora y de profundos valores. Iván, Irene, Irenita y Alvarito viviréis siempre en nosotros. Gracias de corazón por la infinidad de buenos momentos que nos habéis dado. Gracias por habernos hecho tan felices. Que inmenso vacío nos dejáis. Que injusta es la vida", expresó.
Sin embargo, un mes después, José Ribagorda también quiso rendirle un emotivo homenaje a su amigo a través de su perfil personal con una desgarradora carta. "Sigo sin creérmelo y al mismo tiempo sin superar la insoportable ausencia de todos ellos. Habían llenado nuestras vidas los últimos 15 años de tantas maravillosas sensaciones que es imposible levantarse cada día sin pensar en ellos con los ojos humedecidos y sintiendo un dolor para el que no existe consuelo posible. Uno se pregunta por qué ha tenido que ocurrir una tragedia así, por qué el destino se ha cebado con una familia buena y ejemplar y no encuentro respuestas, lo que hace que la pesadumbre sea más grande", confesó roto de dolor al comienzo del texto.
Sobre el bodeguero siempre tendrá el mejor de los recuerdos: "Iván era un ser extraordinario, el mejor hijo, el mejor hermano, el mejor esposo y padre y el mejor de los amigos que uno podía tener. Para nosotros, era más que un amigo, era nuestro hermano, nuestra familia misma. Generoso hasta el extremo, siempre dispuesto a ayudar a quien fuera, cordial, honesto, tremendamente vital. Iván interiorizó los enormes valores de sus padres, Luis y Mari Luz, basados en la humildad, el esfuerzo y el sacrificio, el respeto por la tradición, la consideración de la familia y la eterna disposición de estar siempre al lado de quien lo necesitaba. Daba igual qué o quién. Lo mismo daba el equipo de rugby de su hijo Alvarito, cualquier ONG o acción destinada a promocionar los vinos de la DO Ribera del Duero y la gastronomía de su tierra, Valladolid".
En aquella conmovedora carta, José Ribagorda también quiso destacar el trabajo de Iván Sanz Cid: "Junto a su hermana Belén y al excelente equipo de la bodega, dimensionó extraordinariamente la Dehesa de los Canónigos fundada por sus padres, modernizándola y posicionándola a nivel nacional e internacional".
Como despedida, añadió: "Se nos ha ido uno de los grandes bodegueros que teníamos en nuestro país y lo que para mí es más importante, un ser humano auténtico y excepcional. Las viñas de la Dehesa de los Canónigos no dejan de llorar. Esas lágrimas que terminarán fundidas con el zumo de las uvas que darán origen a la añada 2026, que Iván velará desde el cielo para que sea más extraordinaria aún que las anteriores. Descansa en paz, amigo, hermano mío. Descansad en paz Irene, Irenita y Alvarito. Siempre viviréis en nosotros".







