Hubo un tiempo en el que Oscar Pistorius no podía dar un paso sin ser reconocido. Era el Blade Runner, un atleta admirado que nació con hemimelia fibular bilateral, una malformación congénita por la que carecía de ambos peronés y que llevó a que le amputaran las dos piernas por debajo de las rodillas cuando apenas tenía once meses. Con sus prótesis de fibra de carbono ganó seis oros paralímpicos y se convirtió en el primer corredor con una doble amputación que participó en unos Juegos Olímpicos. Hoy, trece años después de asesinar a su novia, Reeva Steenkamp, su vida transcurre casi en silencio.
A sus 39 años, luce barba, algunas canas y suele llevar pantalones largos que cubren sus prótesis, lo que le permite pasar más inadvertido. Los residentes de Waterkloof, uno de los barrios más acomodados de Pretoria, en Sudáfrica, lo ven acudir por las mañanas a una cafetería acompañado por Maggie, su pequeña caniche marrón. "Aquí no queremos saber nada de él. Es como un fantasma", aseguró al Daily Mail uno de sus vecinos, que añadió que la mayoría está satisfecha de que continúe manteniendo un perfil bajo.
Una libertad todavía vigilada
Pistorius salió de prisión en enero de 2024 tras cumplir cerca de nueve años de cárcel por el asesinato de Reeva Steenkamp. Desde entonces se encuentra en libertad condicional, un régimen que se prolongará hasta 2029 y que le obliga a cumplir con ciertas condiciones: debe comunicar sus desplazamientos, participar en programas de rehabilitación y control de la ira y permanecer bajo la supervisión de las autoridades.
Actualmente vive en Bateleur, la mansión de su tío Arnold Pistorius, quien lo crió desde los 15 años tras la muerte de su madre. La propiedad, situada en el exclusivo barrio de Waterkloof (Pretoria), está protegida por altos muros, seguridad privada y perros guardianes. Además, cuenta con gimnasio y piscina, donde el exatleta puede entrenar sin ser visto.
Trabajo discreto y regreso al deporte
Lejos de los grandes contratos publicitarios que marcaron su etapa como campeón, el Daily Mail asegura que Pistorius ha comenzado a trabajar en una empresa de ingeniería de sonido. No se conoce con exactitud cuál es su puesto y ninguna gran compañía parece dispuesta a vincular públicamente su nombre con el suyo.
Sin embargo, el deporte continúa ocupando un lugar importante en su vida. Se le ha visto jugando al pádel, frecuentando una tienda de bicicletas de su barrio y participando en pruebas de resistencia. En 2025 completó un Ironman 70.3 en Durban, para el que necesitó autorización de las autoridades responsables de su libertad condicional, y terminó tercero en la categoría de deportistas con discapacidad física. Sin embargo, ya no estaban sus admiradores para celebrar su triunfo.
Una nueva pareja y refugio en la religión
En esta etapa también ha aparecido una nueva mujer. Se trata de Rita Greyling, con quien Pistorius habría formalizado su relación al acudir juntos a la boda de una de sus hermanas.
Ambos asisten a una iglesia evangélica de Pretoria en la que el exatleta participa como voluntario, ayuda a organizar el aparcamiento y sirve café. Según algunos feligreses, la fe se convirtió en uno de sus principales apoyos durante los años de cárcel.
La congregación parece ser uno de los pocos lugares en los que ha encontrado cierta aceptación. Fuera de allí, su presencia continúa generando rechazo.
La versión que la familia de Reeva nunca aceptó
Pistorius siempre ha mantenido que disparó a través de la puerta del baño porque creyó que había un ladrón dentro. La justicia sudafricana terminó condenándolo por asesinato después de que una primera sentencia por homicidio culposo fuera revocada.
Barry Steenkamp, padre de Reeva, llegó a reunirse con él en prisión durante el proceso de justicia restaurativa. Le pidió que reconociera que había disparado deliberadamente a su hija durante un arrebato de ira, pero Pistorius mantuvo su relato.
“Estaba perdiendo el tiempo. Es un asesino”, declaró Barry, que falleció en 2023 sin escuchar la confesión que esperaba.
La madre de Reeva, June Steenkamp, resumió el dolor de la familia tras conocer su puesta en libertad: ninguna cantidad de tiempo en prisión puede considerarse justicia cuando la persona asesinada nunca regresará. Para ellos, quienes permanecen vivos son los que cumplen una auténtica cadena perpetua









