¿Qué ocurre cuando la intimidad de una persona deja de pertenecerle? Esa es una de las preguntas que plantea Cabeza alta, la nueva miniserie de Mediaset que acaba de iniciar su rodaje con Leonor Watling al frente de un reparto que comparte con Paz Vega, Silvia Abascal y Lucía Jiménez. La intérprete madrileña da vida a Verónica, una directora de instituto cuya vida cambia por completo cuando un vídeo íntimo suyo se difunde sin su consentimiento. Un personaje que, más allá del escándalo y la exposición pública, plantea una reflexión sobre la dignidad, la responsabilidad y la forma en la que afrontamos el juicio de los demás.
En una pausa en el set, la actriz ha hablado con ¡HOLA! para contarnos cómo está todavía descubriendo este nuevo papel, qué fue lo que le atrapó del guion y el modo en que se acerca a esta historia que va mucho más allá de la ficción. Una conversación en la que el humor y la espontaneidad de la artista aparecen de forma natural, aunque también cambia de tono y se pone seria cuando la charla lo requiere.
¿Qué tal? Quiero que nos descubras un poco a Verónica, tu personaje.
Yo también quiero (risas), porque empezamos a rodar ayer. Es curioso, porque haces la rueda de prensa de "empieza el rodaje" cuando todavía estás conociendo al personaje. Yo tengo una idea previa de ella, pero luego empiezas a grabar y cambian un montón de cosas.
A grandes rasgos, y por lo que está en el guion y he hablado con Belén Macías [la directora], es una mujer muy capaz. Es directora de un instituto y es lo que más le gusta en el mundo. Le encanta su trabajo, le encantan los chavales y tiene un proyecto muy bonito: abrir un espacio llamado Cabeza Alta, un instituto en el que no haya conexión. Un lugar donde no haya cobertura ni puedas grabar, para que los chicos puedan equivocarse, aprender, hacer el idiota y probar cosas. Ese es su gran objetivo. Está casada, tiene un hijo que estudia en ese mismo centro y… después, pasan cosas.
Cabeza Alta’ entonces, ¿lo tiene pensado antes del suceso?
Sí, ese es el proyecto desde el principio.
Pensaba que quizá lo creaba después de lo que le ocurre, precisamente para evitar que algo así pudiera pasarle a alguien más.
No. Ella está presentando ese proyecto cuando le sucede algo que no sé si puedo contar...
Sí, cuando se filtra un vídeo íntimo suyo…
Vale, puedo (risas). A mí este personaje me encanta. Es una gozada interpretarlo porque sé perfectamente lo que yo haría: esconderme debajo de una piedra durante 75 años, o más. No sé exactamente cómo reaccionaría, pero mi tendencia es a implosionar. Esta mujer, en cambio, responde con un: "¿Perdona?". Puede pensar que ha hecho algo mal o que eso afecte a la gente de su entorno más íntimo, pero, más allá de eso, tiene muy claro que no ha hecho nada malo y sigue adelante. No hace como si no hubiera pasado nada, porque le afecta. No es que no le importe, por supuesto que sí, pero tiene muy claro, desde un punto de vista ético, dónde está y qué se le puede pedir y qué no a una persona. Y eso es muy bonito de interpretar.
¿Te has sentido alguna vez expuesta o juzgada de esa manera? Aunque no haya sido en una situación tan extrema.
Yo creo que no. Lo que pasa es que esto es muy curioso. Ha sido muy bonito encontrarnos Silvia, Lucía, Paz… Somos de la misma generación y hemos crecido profesionalmente juntas. Y con ellas hablábamos de que, antes de las redes sociales, teníamos una libertad enorme. Antes nos pasaban cosas que eran muy difíciles de explicar a alguien que no fuera actor y también muy difíciles de compartir. Ahora, en cambio, es muy fácil porque le pasa a todo el mundo. El impacto de esa exposición puede ser horrible.
Ahora cualquier momento o cualquier pequeño gesto puede acabar teniendo una repercusión enorme.
Mira la pareja que enfocaron en el concierto de Coldplay, por ejemplo. Eso tuvo un impacto mundial. No me lo puedo imaginar. Pero, en el fondo, a partir de cierto punto da igual que sea más grande o más pequeño, lo que realmente te duele es tu entorno, tu barrio, tu pueblo. Que luego tenga una repercusión mundial… bueno, ya es otra cosa.
Lo que sí ocurre es que ahora todos podemos compartir esa experiencia gracias a las redes. Yo puedo decirte: "Jo…" y tú me entiendes porque quizá te ha pasado con un vídeo, con una foto o con un story después de haberle dicho a tu jefe que no estabas en Madrid. De repente, todos compartimos ese tipo de situaciones.
¿Cómo te enfrentarías tú a algo como lo que vive Verónica,?
Llorando muchísimo. Escondida debajo de una manta, llorando muy fuerte. Yo no sé si tendría ese valor, de verdad que no lo sé. Porque además el tema es que las mujeres somos más fáciles, somos un tiro más fácil. Socialmente se nos puede lapidar de una manera muchísimo más cómoda, sin abandonar la comodidad de tu sofá. A los hombres es más difícil tumbarlos.
Eso es muy interesante en la serie, porque es una mujer y le dan por todos los lados por donde le puedes dar a una mujer, por lugares que le duelen y que probablemente a un hombre no le afectarían igual. Lo que me encanta de ella, que además es profesora de Filosofía, es que dice: "Vale, lo que yo hice no es muy brillante. Pero el otro no tiene derecho". Yo no tengo que estar defendiéndome todo el rato de posibles ataques. Eso me parece mucho más interesante que decir: "Ten cuidado". Dicho esto, a mi hija le digo: "Ten cuidado" y a mi hijo le digo: "Cuídalas". Es duro, pero es así. Aunque molaría más un mundo donde no tuviéramos que hacernos esa pregunta.
¿Qué tal ese primer día de rodaje y trabajar con estas compañeras?
Muy bien, la verdad. Los ensayos también han ido muy bien. Y trabajar con Belén está siendo una gozada. Tenía muchísimas ganas. Con Silvia Abascal hice A mi madre le gustan las mujeres, pero hace ya un montón de años.
¿Crees que es un buen momento para una serie como esta? Parece que están volviendo las ficciones de toda la vida, las que se emiten en abierto.
Me da mucha curiosidad, la verdad. No lo sé. Además, esto son solo dos capítulos, así que tampoco es una serie al uso. Ojalá funcione. Yo creo que sí, estamos en un momento de cierta saturación y, cuando aparece algo que compartimos todos, nos gusta mucho. Por eso surgen fenómenos como Juego de tronos. En el fondo, echamos de menos esa experiencia de ver todos lo mismo y llegar al día siguiente al trabajo diciendo: "¿has visto el capítulo de anoche?". Creo que esa conversación compartida se echa mucho en falta.
¿Y eres de las que estás pendiente de las audiencias?
Yo me acuerdo de cuando hacía una serie con Imanol Arias (Querido maestro), creo que eran los martes. y enseguida tenían la audiencia. Cuando hacía Raquel busca su sitio, igual. Pero, a mí, la verdad... es que es una cosa que no puedes controlar.
La mayor parte de este rodaje va a ser en exteriores, ¿cómo se lleva, sobre todo con esta ola de calor?
Pues estoy muy contenta de estar trabajando mucho, pero ya me han tocado dos rodajes en verano en Madrid y… ¡ostras! (risas) Nosotros lo pasamos mal, sobre todo por vestuario, porque sudas, el maquillaje te lo tienen que rehacer… Pero el equipo técnico lo pasa peor porque da igual cuántos cubos de agua te eches por la cabeza, llega un momento en que ya no puedes más.
Supongo que tendremos que cambiar, que habrá momentos en los que habrá que regularlo, igual que hay trabajos en los que, a partir de cierta temperatura, no se puede trabajar. Estuve rodando en Sevilla y pensaba: "Yo creo que esto es ilegal". Tiene que haber un límite, porque los actores tenemos un paraguas, un tal entre toma y toma, pero el equipo técnico está ahí trabajando sin parar. No sé qué va a pasar (risas).
Hablabas antes de la cantidad de ficciones que hay y muchas tratan temas como las redes sociales o la exposición pública. ¿Qué ofrece esta serie de diferente? ¿Qué fue lo que te atrajo el proyecto?
Hay muchas historias sobre este tema, pero a mí me encantó el guion porque ofrece una reacción. La premisa puede que no sea original, que es la filtración de un vídeo íntimo, pero me gusta muchísimo la reacción del personaje, lo que cuenta y cómo lo cuenta.
Y al final somos bichos que aprendemos imitando. Bigas Luna decía que las personas aprendimos a besarnos en el cine, que me parecía una frase muy bonita y que, en cierta forma, es verdad. Mi madre, por ejemplo, me decía: "Tu padre y yo no nos besábamos como se besaba la gente al principio". Aprendieron a besarse en el cine y un poco de eso sí que hay. Aprendes lo que se puede hacer o no, cómo se puede reaccionar o no. Entonces espero que eso esté en la serie, porque a mí eso me gusta mucho.
También hay una cierta responsabilidad, aunque no se trate de convertirse en un ejemplo, ¿no?
No estamos operando a corazón abierto, pero sí hay una parte en la que piensas: "Ojalá haya alguien que lo vea y diga: 'Me vale'. Pues con eso ya me doy por satisfecha".
En tus redes sociales, ¿qué límites te marcas? ¿Hasta dónde muestras y hasta dónde no?
No enseño casi nada, pero porque yo soy así de serie. De pequeña también era muy reservada. Soy muy privada, un poco gato (risas). A mí me cuesta justamente lo contrario. Hay gente a la que le sale de forma completamente natural, y me parece estupendo. Mientras seas fiel a ti mismo, creo que todo está bien.
Yo alguna vez lo he intentado. Me acuerdo de que, cuando estábamos grabando un disco en Los Ángeles, la discográfica me decía: "Tía, haz contenido". Solo la palabra ya me da la risa (risas), me suena como a frutería. Grabé algunos vídeos caminando por la ciudad o hablando a cámara, pero luego los veía y pensaba: "No puedo". Mientras los hacía me imaginaba que estaba hablando con un amigo, pero cuando los revisaba decía: "Esto no lo puedo subir, me muero de vergüenza". En cambio, luego me encanta ver vídeos de otra gente contando dónde están o qué hacen. Pero cuando me toca a mí pienso: "¿Pero qué haces, Mari Carmen?" (risas).
¿Alguna vez has sentido que, por no estar más presente en redes, podías estar perdiendo oportunidades laborales?
También depende de lo que tú quieras. Si decides ir por ese camino, es una opción profesional completamente legítima, con sus consecuencias. Es duro escuchar que están dudando entre otra actriz y tú —eso pasa más cuando estás empezando— y que van a coger a la que tenga más seguidores. Pero es que eso también pasaba antes. Pregúntale a Paz, pregúntale a Lucía… Pasaba con las portadas.
Cuando yo hacía pruebas para películas extranjeras me pedían el dosier con todas las portadas de revistas en las que había salido. Es una manera de cuantificar algo que, en realidad, es incuantificable. Ahora tienen esto, que tampoco es muy de fiar, porque puedes tener 300 millones de seguidores y que nadie vaya a pagar una entrada para verte.
Pero entiendo que un productor piense: "Entre dos actrices que me gustan mucho, ¿cuál elijo? Pues a lo mejor esta, que tiene más seguidores, me ayuda". Antes pasaba exactamente lo mismo con las portadas. Si eras más abierto con tu vida privada, tenías más portadas. Todo es válido… mientras tú estés bien cuando llegas a casa por la noche.
También hay actores que prefieren no mostrar su vida precisamente para mantener cierto misterio y que el público los crea cuando interpretan un personaje. Otros, en cambio, comparten todo lo que hacen, hasta la hamburguesa que se están comiendo.
Yo creo que eso es muy orgánico. Hay gente a la que le sale de forma natural.
Es una cuestión de actitud, ¿no?
Sí, yo creo que sí. A ellos les sale y a mí me cuesta. Bastante tengo ya con convencerte de que soy una señora, directora de instituto, como para darte mucha más información sobre mi vida. A mí, por ejemplo, ver a Anthony Hopkins bailando en su casa fue como: "No, Anthony. Tú no. No puedes" (risas). Piensas: "Tío, tocas el piano, eres Anthony Hopkins…". Luego, claro, dices: "Bueno, pues le hará ilusión" (risas). Pero te juro que la primera vez que lo vi fue como: "Es que no puede ser".









