El 1 4 de julio de 2016, Francia atravesaba uno de los momentos más dolorosos de su historia reciente. Ese trágico día, del que ya han pasado diez años, Niza sufrió un atentado yihadista en el que perdieron la vida 86 personas durante las celebraciones del Día de la Bastilla. Una jornada marcada por la desesperación, la angustia por el futuro y el sufrimiento de los familiares de las víctimas que fallecieron de la cual, una década después, se ha descubierto un episodio vinculado con el entonces presidente de los Estados Unidos de América que, hasta el momento, había permanecido en secreto.
Tal y como ha desvelado el diario galo Nice-Matin en un especial con motivo de esta señalada fecha, Malia, la primogénita de Barack y Michelle Obama, tuvo que ser evacuada de urgencia de la ciudad situada en la Costa Azul francesa tan solo horas después de la tragedia vivida en la urbe. Según afirma la publicación mencionada, el Servicio Secreto estadounidense activó, casi de inmediato, un operativo de emergencia tras localizar a tres hombres de origen iraquí con una actitud considerada sospechosa en las inmediaciones del Royal Antibes —uno de los hoteles más espectaculares de la zona con unas inmejorables vistas al mar— donde se hospedaba la joven.
La hija mayor del cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos cumplió a principios de ese mes de julio —coincidiendo con el Día de la Independencia— la mayoría de edad, y se encontraba en la Costa Azul junto a varias amigas disfrutando de unas merecidas vacaciones cuando el atentado sufrido en el Paseo de los Ingleses de Niza truncó sus planes. Pasaron tan solo tres horas desde la tragedia cuando, saltándose el protocolo y sin esperar a las órdenes que se dictaban en el plan previsto, los agentes que estaban a cargo de su seguridad decidieron adelantar la salida de Malia del país galo.
Malia, de incógnito en Francia
Los Servicios Secretos optaron por evacuar a la primogénita de Barack y Michelle Obama en el menor tiempo posible, a pesar de que estaba previsto de que pusiera rumbo a los Estados Unidos tan solo 24 horas después. Con la amenaza aún sin resolver —y, con ella, el país sumido en la desesperación, el nerviosismo y el caos inherente a lo vivido—, Laurent Alcaraz —uno de los mandos más altos de la policía gala— fue el encargado de coordinar la operación, tal y como ha recordado para Nice-Matin.
"Unos diez estadounidenses me esperaban cuando llegué frente al hotel. Me dijeron: 'Nos vamos en 30 minutos'", han sido sus palabras al respecto en el periódico. Fueron tres los vehículos policiales encargados de escoltar el convoy del Servicio Secreto hasta el aeropuerto donde se encontraba el avión privado que trasladaría a Malia y a una de las amigas que se encontraba con ella en la Costa Azul a un destino seguro.
La información publicada por Nice-Matin también desvela algunas de las medidas de seguridad que Malia Obama adoptó durante su estancia en Francia. Según el diario, la hija del que fuera presidente de los Estados Unidos no estaba registrada con su nombre real en el hotel donde se alojaba, y que estaba identificada por un nombre en clave, D-POTUS, el cual hacía referencia al cargo de su padre en ese momento. Un apodo en incógnito que le ofrecía la seguridad y la intimidad que necesitaba, tal y como ha desvelado Pascal Le Roux —el entonces director del hotel Royal Antibes—, quien ha subrayado que la embajada estadounidense fue la encargada de gestionar la reserva y que, por ende, desconocía en un principio la identidad de la huésped bajo ese apodo.
Los tres hombres misteriosos y una duda que permanece
Según la información ofrecida por el mencionado periódico, los tres hombres fueron detectados de madrugada, cerca de las dos de la mañana, en las inmediateces del hotel donde se alojaba Malia. Agentes del Servicio Secreto, tras interceptarlos, avisaron a la Dirección General de Seguridad Interna (DGSI) con la precaución necesaria ante el temor de que su presencia guardara alguna relación o vínculo con el atentado cometido en Niza —el cual atropelló, con un camión de casi 20 toneladas, a gran parte del público que se encontraba concentrado para disfrutar del espectáculo de fuegos artificiales organizado con motivo del Día de la Bastilla—.
Los sospechosos, tres hermanos veinteañeros con ciudadanía danesa, fueron detenidos por las autoridades francesas, siendo interrogados a lo largo de las 48 horas siguientes a su privación de libertad, tratando de encontrar en sus respuestas un posible vínculo con el terrorismo. Sin embargo, ante la falta de indicios, fueron puestos en libertad sin cargos asumibles al poco tiempo al no encontrarse ninguna conexión con el mencionado ataque —ni, por consecuencia, con otra posible amenaza—.
Sin embargo, y tal y como recoge Nice-Matin, un investigador ya jubilado aún guarda una posible duda que le acompaña desde ese mismo momento. Según su testimonio para el mencionado diario, aún se pregunta si "no se les escapó algo" en referencia a la investigación, incidiendo en que los teléfonos móviles de esos tres hombres los situaban a poca distancia del Paseo de los Ingleses de Niza, apostillando también que, durante su estancia en la Costa Azul, habían visitado una pequeña mezquita de un barrio inmigrante de la localidad.










