Su voz es la banda sonora de Eurovisión desde hace diez años y su rostro es sinónimo de actualidad informativa y de entretenimiento en RTVE. Por si esto fuera poco, Julia Varela (Pontevedra, 1981) guarda un universo creativo que va mucho más allá de la radio y la televisión. Un talento innato que le permite hacer mil cosas y que encima le salen bien: "Soy perfeccionista, sí, pero también soy tímida, me he hecho extrovertida a fuerza de trabajar en esto". La periodista gallega ha regresado a las librerías con 'Todo por hacer', su segunda novela, un relato donde explora el duelo y las segundas oportunidades con tintes autobiográficos. Charlamos con ella sobre este nuevo salto a la ficción, sobre cómo gestionó la inesperada y prematura muerte de su madre, de su propia enfermedad y de cómo convirtió todo ese dolor en algo positivo.
¿Qué has querido contar con tu segunda novela 'Todo por hacer'?
Cuando me decidí venía de pasar una etapa complicada con la muerte de mi madre y también mi enfermedad y dije: "bueno, a ver si con todo este dolor atravesado puedo de ahí sacar algo bonito". Hay una frase que me gusta mucho de de de Georges Braque, que fue un contemporáneo de Picasso, y que dice: "El arte es la herida hecha luz", y creo que, de alguna manera, la novela 'Todo por hacer', sale de ahí, de intentar hacer luz con la oscuridad.
Hay una parte importante de tu propia vida en sus páginas, ¿escribirlo te ha servido para hacer terapia?
Me lo había trabajado antes, había tomado distancia, porque además cuando atraviesas un duelo es algo muy doloroso y en ese momento tú no puedes escribir. No puedes llevar a la literatura un dolor grande cuando lo estás viviendo. Con el paso del tiempo, cuando ya lo has transitado, dices "ahora sí". Eso no quita que cuando lo recreas y lo vuelves a vivir, te vuelves a emocionar.
Eres muy joven y ya conoces cómo es el lado más oscuro de la vida (Julia ha sufrido la muerte de su madre y ha superado un cáncer de mamá). Yo quería saber cómo te ha cambiado eso a ti y cómo es la nueva Julia desde entonces.
Lo que yo descubrí viviendo ese lado oscuro de la vida, que tiene que ver con la muerte y con la enfermedad, es que somos muy frágiles. Pero precisamente cuando descubrimos lo frágiles que somos, nos damos cuenta de que somos más fuertes de lo que creíamos. Cuando se va un ser muy querido dices "ya el mundo no va a ser lo mismo". Todo cambia, te quedas como paralizado, como estancado, como que la vida sigue, pero tu, no. Sin embargo es cierto que la vida te sigue invitando a vivir otra vez y vas conociendo gente nueva y vas atravesando otras experiencias. Y de repente llega un momento que puedes tomar esa invitación a la vida y puedes levantarte otra vez y puedes reincorporarte y eso es muy bonito. También te ayuda a relativizar las nimiedades de la vida.
En cuanto a tu propia maternidad, ¿la pérdida de tu madre te ha hecho ser a ti una madre diferente?
Sí. Yo creo que ya no solo por la muerte de mi madre, cuando una es madre te das cuenta del paso del tiempo, de que tus tus padres envejecen, y de la gran labor que ellos hicieron contigo.
Si pudieras volver a empezar. ¿Qué es lo primero que harías?
Es que en el tema del duelo hay un melón muy grande que es el sentimiento de culpa. Atravesar esa culpa que es como un desierto tremendo, porque cuando alguien querido se va, uno siempre siente culpa por todo lo que le pudo decir y no le dijo, por las veces en las que esa persona quizás le reclamó y no estuvo ahí, por las palabras que no se dijeron, por los 'te quieros' que no se dijeron, por los abrazos que te ahorraste.. Pero también uno aprende que hay cosas que nunca puedes ya remediar, pero puedes aprender de ellas. De cara a otras personas, a otras relaciones, eso lo tienes más en cuenta. Creo que te hace un poquito más sensible a todo eso y a intentar expresar un poco al final el amor que sientes. Y tener esa sensibilidad más a flor de piel.
¿Te daba miedo hablar de cosas tan personales en el libro que te pudieran generar más dolor?
Me daba un poco de miedo, pero lo camuflo bastante bien con ficción. Uno de mis objetivos también al escribir fue hacerlo siempre de una manera muy sencilla. O sea, hablar de la gravedad del asunto, pero desde la sencillez. Creo que eso es muy importante. A veces no hace falta ser muy descriptivo en estos temas y basta con insinuar la nostalgia. A veces basta con que la protagonista a lo mejor encuentre una blusa de su madre. Porque a veces la vida es eso, encontrar pequeñas cosas de los que ya no están y eso nos genera muchas cosas.
¿Qué crees que te hubiera dicho tu madre al leer tu libro?
Cuando falleció mi madre, una amiga me dijo una cosa que yo dije: "esta tía ¿qué se ha tomado?"... Me dijo: "Tranquila, que podrás volver a hablar con tu madre". Y yo dije: "Pero vamos a ver, este no es el mensaje que necesito en este momento". Pero ahora la entiendo, porque es verdad que con las personas queridas que ya no están, con el paso del tiempo, aprendes a establecer una conversación con ellos diferente. Aprendes a adivinar las decisiones que ellas tomarían y te lleva a pensar en ¿cuál sería su opinión? Es un poco paranormal.
No sé si has trabajado con Sara Carbonero, que como sabes, ha perdido recientemente a su madre también.
No, no he tenido la oportunidad de conocerla, pero sí que mi libro se lo hice llegar a Berta Collado, que también perdió a su madre hace poco, y creo que le ha acompañado bastante. Cuando escribía el libro, muchas de mis compañeras periodistas, que también habían perdido a su madre más o menos recientemente, me contaban historias al final muy bonitas. Mira, una compañera periodista gallega me dijo que ella perdió a su madre muy joven, cuando ella ya tenía 20 años, y me dijo que ella guardaba el pintalabios que su madre siempre utilizaba. Su preferido. Ya habían pasado 40 años. A veces hay objetos materiales que pertenecieron a los que ya no están a los que nos aferramos y se convierten casi en talismanes.
Como homenaje al título de tu libro, ¿qué te queda a ti por hacer?
Creo que me queda mucho. Sobre todo quiero escribir y me gustaría volver a la radio en algún momento.
"Lo mejor de Eurovisión es su espíritu inclusivo y lúdico"
¿Qué es lo mejor y lo peor de comentar Eurovisión?
Es un programa de televisión que sigue muchísima gente en sus casas, es el programa de televisión no deportivo con más audiencia en todo el año. Para los comentaristas supone una exposición muy grande y también supone una responsabilidad y una sensibilidad a la hora de hacerlo que tienes muy en cuenta. Y lo más bonito es que se crea mucha comunidad y mucho compañerismo entre gente muy diversa y gente de todo el mundo. Hay un espíritu eurovisivo que es muy inclusivo y muy lúdico también.
¿Puedes compartir con nosotros algún 'tierra trágame' que hayas presenciado como locutora del certamen?
El famoso 'eurogallo' de Manel Navarro. Recuerdo además que estaba con José María Íñigo en la cabina y se produjo ese momento y recuerdo que yo me quité los auriculares y le dije: "José María, ¿qué decimos ahora?", buscando un poco el refugio de la veteranía, y recuerdo que me dijo: "Yo, Julia, no voy a decir nada, tú di lo que quieras" (risas).
Julia, enhorabuena por esta novela, por haber convertido el dolor en algo muy bonito.
Gracias a ti. Me ha gustado muchísimo charlar contigo.










