Esta noche, España se juega el pase a las semifinales del Mundial 2026 ante Bélgica. La Roja llega a este duelo con la ilusión intacta y con un país entero soñando en voz alta: primero con superar esta eliminatoria y, después, con alcanzar la gran final del próximo 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva York. De lograrlo, España sumaría su segunda estrella y volvería a situarse entre ese selecto grupo de selecciones que han levantado alguna vez la Copa del Mundo, un club en el que entró en 2010 junto a históricas como Brasil, la pentacampeona canarinha, o Italia y Alemania, con cuatro cada una.
Sea cual sea el desenlace de este Mundial, hay una fecha que permanece grabada en la memoria colectiva: el 11 de julio de 2010, día en que España conquistó su primer título mundial en Johannesburgo. Aquel triunfo culminaba un ciclo brillante iniciado dos años antes con la Eurocopa de 2008, pero también dejó una imagen que trascendió lo deportivo y se convirtió en un fenómeno global: el beso de Iker Casillas y Sara Carbonero.
La imagen que recorrió el planeta
El entonces capitán de la Selección Española y portero del Real Madrid llevaba unos meses saliendo con la periodista de deportes de Telecinco, que cubría el Mundial desde Sudáfrica. Tras la final, Casillas acudió a la zona mixta para atender a los medios y, en concreto, a la reportera encargada de las entrevistas para la cadena, que tenía los derechos del torneo.
Visiblemente emocionado, Iker respondió a las primeras preguntas con la voz quebrada: “Muy contento, muy feliz y superalegre, la verdad. Nos lo hemos merecido de principio a fin y se lo agradezco a la gente que me ha apoyado siempre, a mis padres, a mi hermano…”.
Sara, intentando reconducir la entrevista, le animó con un “No pasa nada, vamos a hablar un poquito del partido…”. Pero el guardameta, desbordado por la emoción, añadió: “A los amigos… y a ti”, y en ese instante se lanzó a darle un beso apasionado en los labios, digno del mejor final de película.
La escena, espontánea y natural, dejó a la periodista ruborizada frente a la cámara. Solo atinó a decir un tímido “Madre mía” antes de dar paso al estudio. En cuestión de minutos, el vídeo ya circulaba por todo el mundo. Era la imagen del Mundial, un gesto que mezclaba euforia, amor y victoria, y que se convirtió en uno de los momentos más recordados de la historia del deporte español.
Una historia que siguió creciendo y 2019, su annus horribilis
Este sábado, 11 de julio, se cumplen 16 años de aquel beso que marcó un antes y un después en la vida de la pareja. Tras aquel verano inolvidable, Iker y Sara continuaron consolidando su relación. En enero de 2014 nació su primer hijo, Martín, y dos años después, el 20 de marzo de 2016, se casaron en secreto en el Ayuntamiento de Boadilla del Monte. La periodista ya estaba embarazada de su segundo hijo, Lucas, que llegó al mundo el 2 de junio de 2016.
Tras dejar el Real Madrid, la pareja y sus hijos se marcharon a Portugal, ya que el portero había firmado por el Oporto. En tierras lusas pasaron sus mejores años hasta 2019. Aquel año fue especialemtne complicado para la pareja.
El 1 de mayo, Iker Casillas sufrió un infarto agudo de miocardio mientras entrenaba con el Oporto, club al que había llegado tras su salida del Real Madrid. Apenas unas semanas después, el 21 de mayo, Sara Carbonero anunció que había sido intervenida por un cáncer. Dos golpes consecutivos que marcaron profundamente a la pareja, que afrontó ambos procesos con gran entereza y pusieron a prueba su relación.
Caminos por separado, pero unido por sus hijos
Dos años más tarde, el 12 de marzo de 2021, Iker y Sara anunciaron su separación mediante un comunicado conjunto en sus respectivas cuentas de Instagram. En abril firmaron el divorcio de mutuo acuerdo. Desde entonces, cada uno ha seguido su camino, pero siempre han mantenido una relación cordial y respetuosa centrada en el bienestar de Martín y Lucas. El exportero, que abandonó definitivamente el fútbol en 2020, siempre ha estado pendiente de los problemas de salud de su expareja e incluso la acompañó en uno de los momentos más difíciles de su vida, la muerte de su madre, Goyi Arévalo, el pasado mes de abril.
Y, aunque ya no estén juntos, el beso de Sudáfrica permanece como una de las estampas más icónicas del deporte español. Una escena espontánea que dio la vuelta al mundo, que emocionó a millones de personas y que, 16 años después, sigue siendo la imagen del Mundial.















