Hay lugares que se visitan y otros que se viven, y Starlite Occident pertenece a esta segunda categoría. Desde primera hora de la tarde, el recinto comienza a transformarse. Los asistentes recorren las diferentes zonas gastronómicas, brindan en las terrazas de sus restaurantes y disfrutan de un ambiente elegante pero relajado que anticipa una velada en la que cada detalle está pensado para que el concierto sea solo una parte de la experiencia.
Nuestra visita comenzó horas antes del inicio del espectáculo. Al cruzar la entrada del recinto resulta fácil entender por qué miles de personas, muchas de ellas llegadas desde distintos países, incluyen cada verano una visita a Starlite Occident en su agenda. El ambiente invita a pasear sin prisas y descubrir cada rincón antes de ocupar el asiento y dejarse sorprender por este enclave único: un auditorio excavado en plena roca, en la Cantera de Nagüeles.
La alfombra social del verano
Con el paso de las horas el recinto fue ganando ambiente. Nadie quería perderse la actuación de Lenny Kravitz, uno de los artistas más esperados dentro de la programación del festival de este año.
Entre los asistentes que no quisieron perderse esta cita con el estadounidense pudimos ver a las hermanas Kimpel, Nicole y Bárbara; Estefanía Luyk; Carolina Mazza o Cristina y Guillermo Iglesias, hijos del cantante Julio Iglesias.
Además, pudimos ver a la actriz Goya Toledo disfrutando emocionada desde el palco presidencial de la actuación de su marido Craig Ross, guitarrista de la banda.
Llega el momento más esperado
A medida que el reloj se acercaba a las diez de la noche el ambiente cambió por completo. Los asistentes comenzaron a dirigirse hacia el auditorio, las conversaciones fueron dejando paso a la expectación y las luces empezaron a atenuarse.
Entonces apareció Lenny Kravitz, al mismo tiempo que se dejó ver la luna llena marbellí que nos acompañó esta noche.
El artista estadounidense inauguró su actuación con ‘Bring It On’ provocando la primera gran ovación de la noche. Vestido con su inconfundible estilo rockero y acompañado por una banda perfectamente compenetrada, dejó claro desde el primer minuto que la energía iba a marcar el concierto.
Durante cerca de dos horas fue repasando algunos de los grandes éxitos de su carrera. Sonaron ‘It Ain’t Over Till It’s Over’, ‘Fly Away’, ‘Are You Gonna Go My Way’ o ‘American Woman’ coreadas por un público entregado que no dejó de cantar y bailar.
Desde nuestra posición pudimos comprobar cómo la acústica natural del auditorio y la cercanía favorece una conexión muy especial y de intimidad entre el artista y los asistentes. No importa dónde se encuentre cada espectador ya que la sensación es la de estar mucho más próximo al escenario que en cualquier gran estadio.
Uno de los momentos más emocionantes llegó cuando Lenny Kravitz decidió detener el espectáculo para llamar al escenario a una joven que se encontraba entre el público. Se trataba de Mia, una niña de tan solo 11años a la que presentó como “el futuro del rock” y cuyo gesto provocó una de las mayores ovaciones del público.
Y, cuando ya parecía que había acabado, el estadounidense volvió con un bis y regaló a los asistentes el momento más mágico bajando a cantar junto al público ‘Let Love Rule”, cerrando así una actuación llena de magnetismo y complicidad.
Cuando el concierto termina... la noche continúa
Sin embargo, abandonar el auditorio no significa que la noche haya terminado. Al contrario, en Starlite Occident la experiencia comienza mucho antes de que el artista salga al escenario pero también se prolonga mucho después de que se apague el último foco.
Al salir comprobamos cómo el festival recuperaba inmediatamente el ambiente con el que había comenzado la tarde. Muchos asistentes se dirigieron nuevamente hacia las zonas gastronómicas para continuar la velada, mientras otros optaron por prolongar la noche en el Starlite Night Club, donde la música continúa hasta la madrugada y donde artistas, invitados y público suelen compartir espacio en un ambiente mucho más distendido. Allí pudimos ver disfrutar de la sesión de DJs a las hermanas Kimpel.
Finalmente, abandonamos la Cantera de Nagüeles con la sensación de haber asistido a algo más que un concierto. Fue una noche en la que la música sirvió como punto de encuentro entre generaciones, culturas y estilos de vida en un escenario que, verano tras verano, convierte Marbella en uno de los grandes epicentros culturales y sociales del Mediterráneo.










