De cuidar a sus gallinas y sus treinta ovejas en la sierra a convertirse en el "Cupido" de la temporada. Carlos Lozano estrena hoy lunes su nuevo programa, Amor..¡o lo que surja!, y para celebrarlo concede a ¡HOLA! su entrevista más sincera, divertida y madura. Tras un retiro de cuatro años que le ha servido como terapia mental para convertirse en un hombre mucho más zen, el comunicador regresa a los platós con las ideas claras. Sin tapujos a la hora de hablar de sus cuatro años de soltería, haciendo autocrítica sobre los errores amorosos del pasado y deshecho en elogios hacia su hija Luna —licenciada con matrícula de honor—, Carlos vuelve dispuesto a demostrar por qué sigue siendo uno de los reyes de la naturalidad en la pantalla.
Pastor de ovejas
Carlos Lozano ha encontrado su auténtico refugio en la Sierra de Madrid, concretamente en un minúsculo municipio donde ha adoptado un estilo de vida que ha dejado a todos boquiabiertos. “Ya sabes que yo me había ido al campo, cuatro años sin tele y sin pareja también. Me compré unas ovejas y tengo ya 30 en El Berrueco” , nos confiesa con orgullo sobre su nueva rutina campestre, donde también cría gallinas y cultiva su propio huerto.
En este idílico entorno rural, el presentador ha descubierto un universo fascinante basado en la sencillez y la buena vecindad: “Es un pueblo muy pequeño, con lugareños, con gente amable. Todavía existe el trueque; Allí nos cambiamos huevos por pimientos o por lechugas. Es otro rollo y soy muy feliz, la verdad. He dejado Madrid y ahí estoy, viviendo con mi ganado”.
El bálsamo de la sierra frente a la vorágine de la televisión
Vivir en mitad de la naturaleza le ha enseñado a Carlos a rebajar las revoluciones ya abrazar una mentalidad mucho más calmada. De hecho, son los propios vecinos quienes le recuerdan a diario la necesidad de bajar el ritmo: “Los lugareños me dicen que voy muy deprisa siempre, que voy acelerado. Nosotros no nos damos cuenta porque vivimos en la vorágine de la tele, pero a esta gente eso le da igual. Me dicen: "Carlos, hablas muy deprisa, déjalo para mañana". Y vas al día siguiente y te dicen: "déjalo para el siguiente mañana"” , nos cuenta entre risas.
Este contraste con el estrés de la ciudad ha sido su gran terapia mental, algo que se reflejó de manera directa en su paciencia durante su último concurso: “Como vengo tranquilo del campo, si se meten conmigo en un plató o en un reality yo digo: "muy bien, chaval". Si me pillara en la vorágine de antes, seguramente estaría dando zascas, más nervioso y cabreado. El pueblo me ha ayudado mucho a encontrar la paz, a tratar con personas normales que hablan con naturalidad. Ahora soy mucho más zen”. Una desconexión que le ha llevado incluso a romper amarras con su pasado patrimonial: “Vendí mis apartamentos de Madrid, he hecho caja y lo he guardado a plazo fijo. Soy muy conservador. Ya no echo de menos la ciudad ni salgo de discotecas; ahora prefiero un tardeo largo que la noche, porque la noche me confunde”.
Un regreso a los platós “desnudo totalmente” y sin guiones
A pesar de que el comunicador confiesa que en la sierra vive “como un cura” y duerme “como un santo” con un horario británico —se acuesta a las diez de la noche y abre los ojos a las seis de la mañana de forma natural—, el gusanillo de los focos volvió a picar a su puerta. Aunque su madre le imploró que no regresara al medio (“¡Hijo, no vayas, no se te ocurre otra vez!”, le advirtió asustada por las polémicas), el magnetismo del plató pudo más: “Cuando estaba dentro de la casa en el último reality pensé: "Hostia, el equipo, las cámaras... ¡esta es mi vida de los últimos 40 años!"”.
Ahora, afronta su nuevo programa de televisión desde una madurez profesional y una frescura envidiables, rompiendo con los moldes tradicionales de la conducción: “Lo bueno es que ya he pillado el rollo: yo salgo desnudo totalmente. No salgo con nada; ni escaleta, ni guiones. Buenas tardes, a disfrutar ya ver qué pasa. Sobre lo que va ocurriendo, voy opinando y dando paso” . Este nuevo registro le obliga a desarrollar facetas que antes no requería el directo: “Esto es otro rollo. Aquí tienes que escuchar mucho, tener pausas, ver cuándo la gente llora, lo que piensa... A mí, como profesional, me viene muy bien porque es algo nuevo. Yo soy muy sensato y amable con ellos; si veo que alguien sufre, voy y le ayudo”.
Cinco años de soltería y un contrato blindado que le prohíbe enamorarse
Al abordar el terreno sentimental, Carlos Lozano nos sorprende al confesar que lleva cuatro años completamente solo y alejado del amor por una estricta decisión personal: “Llevo cuatro años sin pareja y nadie se lo cree. Pero yo no miento; la última vez no lo pasé bien, tomé la decisión de irme al pueblo a hacerme pastor y chao. Además, allí tampoco es que haya muchas oportunidades, están todas las mujeres casadas... ¡a lo mejor tengo que esperar a alguna viuda!” , nos dice entre bromas.
El presentador asegura que la época de “estar cada día con una persona distinta y levantarte sin saber con quién estás ya pasó”, y que ahora busca una conexión real basada en la personalidad y la sensibilidad, más allá del físico. Sin embargo, está prolongada soltería va a estar rígidamente custodiada en su nuevo proyecto debido a una insólita y restrictiva cláusula contractual: “Me han hecho firmar un contrato con una cláusula de un pastizal que me prohíbe enrollarme con nadie del programa. Le preguntó al director si podía empezar algo con las concursantes según se fuesen marchando y me dijo que tampoco, que tiene que pasar mucho tiempo. ¡Tampoco con las hermanas ni con las madres! Olvídate, cero. De estar en un pueblo tranquilo a venir aquí y ver a estos pibones... me está volviendo a nacer el rollo, pero pienso en el contrato y me contengo”.
Rinde cuentas con su pasado
“El amor me ha tratado como yo lo he hecho. En el fondo, yo soy culpable de todo cómo me ha tratado la vida porque he sido un viva la pepa, he sido golfo desde pequeño. He sido muy culpable en casi todas mis relaciones porque he sido yo el que ha engañado y el que se ha portado mal. Cuando eres joven eres un loco y la lías; me ha tratado como me lo merezco. Al final, yo creo que a mí me han corneado como yo he corneado también; el karma vuelve y se asume”.
Esa experiencia vital es la que ahora le permite leer las intenciones de quienes se le acercan a la primera mirada: “A la gente la calo antes de que entre por el plató. Yo me fui de casa con 19 años a trabajar en la moda internacional y volví a los treinta y tantos. Viajar y aprender idiomas te da una psicología increíble para saber si alguien viene de buenas o no”.
El orgullo por su hija y su aplauso a las mujeres de hoy
Más allá de sus proyectos televisivos o de su ganado, el verdadero orgullo y el gran motor de la vida de Carlos es su hija Luna, fruto de su relación con Mónica Hoyos. El presentador se deshace en elogios al desvelar la brillante trayectoria académica de la joven: “Mi hija ha aprobado con matrícula de honor y se ha licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Tiene un currículum fantástico, habla idiomas, estuvo en Bruselas en la Comisión Europea y ahora nos vamos toda la familia a la graduación a Inglaterra a tirar los birretes” .
Con profunda admiración, el presentador destaca la independencia y la fortaleza de su hija, recordando una reveladora anécdota de cuando la joven decidió terminar una relación sentimental: “Me pidió que estuviera cerca por si acaso había movida. Fui, esperé en el coche desde lejos y ella le dijo con una seguridad increíble: "Mira, no me gusta el trato, no me gusta lo que me dices y no quiero estar contigo". Me alegre tanto por ella... Hoy las mujeres tienen los arrestos y el valor para decir "hasta aquí". Antes, por el machismo que ha habido siempre en el mundo y en España, la mujer se mantuvo calladita. Ahora no; ahora son ellas las que mandan en las relaciones”.













