Acaba de cumplirse un año sin el duque de Sevilla. Este miércoles, 20 de mayo, era un día difícil, lleno de emociones, para sus hijos, Olivia y Francisco de Borbón -Cristina, la mediana, se marchó antes de tiempo, en 2020-; y su hijo pequeño quiso recordarle de una manera especial. Como ya avanzamos, Francisco de Borbón von Hardenberg había organizado una misa en su honor en la Iglesia de Santa Bárbara de la capital, pero antes tenía otro acto muy importante para él: la sesión inaugural del Consejo de nobles del Cuerpo de la nobleza del Antiguo Reino de Sevilla. Una corporación que él mismo anunciaba hace unos meses que iba a poner en marcha.
"Mi misión en la vida será honrar su memoria y seguir su legado", aseguraba Francisco en una entrevista con La Razón, en la que también explicaba que iba a constituir unos premios en homenaje a su padre, al que echa de menos cada día. "Uno nunca se acostumbra a perder a alguien".
Una promesa cumplida
Francisco se reunía ayer con los miembros del consejo en el Real Club de Puerta de Hierro de Madrid, con los que después se dirigiría al templo religioso para la misa conmemorativa, y finalizaban la jornada con una íntima cena donde compartieron sus recuerdos y rindieron homenaje a la memoria y el legado del duque de Sevilla.
Además de presidente de esta corporación, Francisco es Gran Maestre de la Orden de San Lázaro, como antes lo fue su padre, quien nos matizaba en una entrevista que "no lo nombré yo, sino una asamblea formada por personas de los cincuenta países en los que está la Orden".
"Por supuesto, influí porque yo, mi padre, mi abuelo, un primo mío… Todos fueron grandes maestres de la Orden. De los 50 Grandes Maestres que fundaron la Orden, por lo menos 20 eran antepasados en distinto grado. Es una tradición muy familiar", añadía, al tiempo que decía sentirse muy orgulloso de su hijo porque "la Orden está haciendo grandes cosas".
Su segundo acto en dos meses
En marzo, Francisco participaba en otro acto con mucho significado. Reaparecía para hacer entrega del fajín del Teniente General don Francisco de Borbón y de la Torre, IV Duque de Sevilla -su bisabuelo- a María Santísima de la Encarnación, donde también le nombraban Hermano Honorífico de la Hermandad Cautivo y Santa Marta Marbella -donde vive junto a su mujer, Sophie Karoly de Borbón, y su hijo-.
Estos han sido, sin duda, unos meses complicados para el aristócrata, que acaparó titulares en la prensa nacional tras ser detenido -y después, puesto en libertad- por presunta implicación en un delito de blanqueo de capitales. Un hecho que negaba ante la Audiencia Nacional, y que, como detallaba recientemente a través de sus abogados, su nombre fue incluido en el procedimiento “a raíz de la falsificación de su firma” -lo que estaría acreditado mediante prueba pericial-.
El recuerdo al duque de Sevilla
De lo que no cabe duda es de que, un año después, el recuerdo de Francisco de Borbón y Escasany sigue vivo. El hombre que siempre rehuyó de los focos –"nunca me ha gustado salir", reconocía-, aunque en muchas ocasiones no le "había quedado más remedio", sigue en la memoria de aquellos que le conocieron.
Llevó el apellido Borbón con una "gran responsabilidad", consciente de que había que tener "mucho cuidado con lo que haces y cómo lo haces, por las repercusiones que puede tener en otros miembros de la familia", y aquel ejemplo de humildad y discreción fue el mejor legado que pudo dejar a sus hijos.
Pero, sobre todo, tomando sus propias palabras, su gran deseo era ser recordado "como una persona que intentó cumplir con su deber y que intentó hacerse un lugar en este mundo".
Su hija, Olivia, solicitó la sucesión como próxima duquesa de Sevilla -un título que le corresponde por ley-, aunque Francisco ha mantenido que su padre quería que fuese él quien llevase el título, y la herencia del duque está todavía en proceso.







