El emotivo adiós de Griezmann al Atlético de Madrid deja unas imágenes inolvidables junto a su mujer, Erika Choperena y sus 4 hijos


El delantero francés estuvo arropado por el cariño se sus amigos, compañeros del club y la afición rojiblanca


Antoine Griezmann© Getty Images
Ana ToroPeriodista y Locutora
18 de mayo de 2026 a las 14:19 CEST

La noche del adiós de Antoine Griezmann al Atlético de Madrid dejó una de esas imágenes que trascienden el fútbol y se convierten en puro sentimiento. El estadio, teñido de rojo y blanco, se rindió ante uno de los jugadores más queridos de la última década en una despedida cargada de emoción, abrazos, lágrimas y momentos familiares que hicieron vibrar a toda la afición colchonera. No fue una noche cualquiera. Desde mucho antes del pitido final ya se respiraba algo especial en el ambiente. Las gradas coreaban su nombre mientras miles de aficionados levantaban bufandas y móviles iluminando el estadio como si quisieran congelar para siempre ese instante. Porque despedir a Griezmann era despedir a una parte fundamental de la historia reciente del Atlético.

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Sin embargo, más allá de lo deportivo, lo verdaderamente conmovedor llegó cuando el delantero francés saltó al césped acompañado por las personas más importantes de su vida. Su mujer, Erika Choperena, y sus hijos fueron los grandes protagonistas de una tan emotiva como inolvidable. Los pequeños, sonrientes y visiblemente emocionados, caminaron junto a su padre mientras él no podía contener las lágrimas. En varios momentos se le vio especialmente sensible al abrazarlos, consciente de que aquella noche cerraba un capítulo irrepetible tanto en su carrera como en su vida personal.

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Su familia, siempre con él

La complicidad con su familia fue uno de los detalles más comentados de la velada. Erika permaneció siempre a su lado, mirándole con orgullo mientras él recibía el cariño de la afición y de sus compañeros. La pareja, que siempre ha mantenido un perfil discreto, protagonizó algunos de los momentos más tiernos de la despedida, demostrando la unión que les ha acompañado durante todos estos años en Madrid.

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También hubo espacio para los homenajes de sus compañeros, muchos de ellos incapaces de ocultar la emoción. Los abrazos se sucedían uno tras otro en una imagen que reflejaba el enorme cariño que Griezmann ha despertado dentro del vestuario. Futbolistas, técnicos y trabajadores del club quisieron acompañarle en una noche muy especial en la que no faltaron las ovaciones eternas ni los gestos de admiración.

Jan Oblak, Koke, Enrique Cerezo, Diego Simeone y Antoine Griezmann© Getty Images
Jan Oblak, Koke, Enrique Cerezo, Diego Simeone y Antoine Griezmann

Especialmente emotivo fue el momento en el que todo el estadio se puso en pie para dedicarle una última ovación. Griezmann, con los ojos vidriosos, miraba a las gradas intentando grabar en su memoria cada rincón del estadio que durante tantos años fue su casa. El francés saludaba una y otra vez, llevándose la mano al corazón en señal de agradecimiento, mientras los cánticos de la afición retumbaban con fuerza.

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Porque si algo quedó claro anoche es que su historia con el Atlético va mucho más allá de los goles o los títulos. Griezmann logró conectar emocionalmente con una afición que siempre valoró su entrega, su carácter luchador y su forma de entender el fútbol. Y esa conexión quedó reflejada en cada aplauso, en cada lágrima y en cada abrazo vivido sobre el césped. Y es que el francés se ha convertido durante más de una década —en dos etapas diferentes— en una de las grandes figuras del club madrileño, dejando una huella profunda tanto dentro como fuera del campo. 

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La despedida tuvo, además, un tono muy familiar y humano, alejado de la solemnidad fría de otras despedidas deportivos. Fue una celebración del cariño recibido durante todos estos años y también una forma de agradecer el apoyo constante de quienes han estado a su lado dentro y fuera del terreno de juego. Anoche, el Atlético no solo despidió a una estrella. Despidió a un símbolo, a un jugador que marcó una época y que se marchó rodeado de amor, emoción y el calor de una familia —la suya y la rojiblanca— que jamás olvidará todo lo que vivieron juntos.