Aparcar la fama cuando se está en la cima no es algo que se vea todos los días en la competitiva colina de Hollywood. Muchos recordarán a Cassie, aquella joven de mirada etérea que nos cautivaba en Skins, o a la valiente Gilly, que sobrevivía hasta el final—algo poco habitual en la serie— en Juego de Tronos . Sin embargo, mientras su rostro daba la vuelta al mundo y su carrera parecía no tener techo, Hannah Murray se desvanecía poco a poco de la vida pública. Lo que en un principio pareció un retiro voluntario para buscar la tranquilidad del anonimato era, en realidad, el comienzo de una historia mucho más oscura y compleja de lo que nadie podía imaginar. Tras años sin dar señales, la actriz regresa para desvelar el motivo real que la obligó a alejarse de los focos y terminó por cambiar su existencia para siempre.
Con la calma que da el paso del tiempo, la intérprete ha decidido romper su silencio para presentar sus memorias, tituladas The Make-Believe: A Memoir of Magic and Madness (Lo imaginario: Memorias de magia y locura). En este libro, que verá la luz en junio de 2026, Hannah relata su caída en una secta que la apartó de su entorno y de su propia identidad. Su desaparición de las alfombras rojas y la falta de nuevos proyectos desde 2020 cobran hoy un sentido desgarrador ya que la actriz no estaba descansando entre rodajes sino que intentaba sobrevivir a una farsa que la llevó al límite.
El proceso para captarla fue tan sutil como peligroso puesto que, en 2017, Hannah se encontraba en un momento de gran vulnerabilidad debido a la presión de la industria. Fue entonces cuando entró en escena una organización de "bienestar" que le prometía sanación a través de un supuesto "conocimiento secreto". Sin embargo, lo que ella creyó que era un camino espiritual que la liberaría, pronto se convirtió en una trampa absoluta. Según explica ahora, todo empezó a precipitarse tras realizar un curso de tan solo una semana; siete días bastaron para que quedara aislada de sus seres queridos y cayera bajo el influjo de un líder que usaba rituales cada vez más complejos y asfixiantes para controlar su voluntad, hasta el punto de ceder el control total de su vida.
En un impactante testimonio que ha servido como adelanto de sus memorias, la intérprete, de 36 años, resume aquel periodo de luces y sombras con unas palabras que sobrecogen: “Cuando tenía 27 años era actriz y protagonizaba el drama fantástico de HBO Juego de Tronos, pero mi vida detrás de las cámaras era donde las cosas eran realmente fantásticas. Verdaderamente increíbles. Verdaderamente aterradoras”, desvela en un vídeo publicado por Penguin Random House, editorial del libro. Mientras el mundo la admiraba en la ficción más exitosa del planeta, ella se sumergía en una realidad paralela en la que incluso llegó a enamorarse del carismático líder de la organización, quien manejaba los hilos de sus seguidores con una maestría perturbadora. Un vínculo que complicó aún más su capacidad para distinguir lo que era real de lo que era una ilusión de su mente.
El momento más delicado llegó cuando la línea entre la fe y la realidad se quebró definitivamente, obligándola a detener su vida por completo. "Quiero contar mi historia de magia y locura. De un despertar espiritual que se convirtió en un colapso mental. Quiero llevar a los lectores en el viaje que yo emprendí: un viaje a los límites de la realidad, a un mundo seductor y peligroso donde la magia parece posible", confiesa Hannah con una honestidad desarmante.
Aquella etapa acabó de la peor manera posible: con un brote psicótico y un ingreso de urgencia en un hospital psiquiátrico donde finalmente recibió un diagnóstico de trastorno bipolar. La actriz tuvo que enfrentarse entonces a la tarea de reconstruir su vida desde cero al comprender que lo que ella vivía como una revelación era en verdad un síntoma de su enfermedad alimentado por la manipulación de la secta.
Tras aquel durísimo proceso de recuperación, la actriz decidió alejarse de los focos para refugiarse en los libros y estudió Filología en la Universidad de Cambridge. Estos años de calma y anonimato le han servido para sanar y encontrar la fuerza necesaria para alzar la voz. “Me siento empoderada para contar mi propia historia y recuperar mi propia narrativa. Me entusiasma compartirla con los lectores para que puedan adentrarse en un capítulo de mi vida que fue a veces mágico, a veces caótico, a veces doloroso y oscuro”, concluye con orgullo. Porque su objetivo con este libro no es solo desahogarse, sino visibilizar cómo cualquier persona, sin importar su éxito o su posición, puede ser víctima de una manipulación psicológica extrema.
Hoy la vida de la actriz es muy diferente a la que vivía durante el rodaje de la saga basada en las novelas de George R.R. Martin. Tras años de terapia y alejamiento mediático, Hannah se siente preparada para retomar su lugar, pero esta vez bajo sus propias reglas. Su historia es un recordatorio de que la verdadera valentía no consiste en enfrentarse a caminantes blancos en una pantalla sino en sobrevivir a los propios monstruos internos y a aquellos que intentan aprovecharse de ellos. Su regreso no solo es el de una intérprete con talento, sino también el de una mujer que ha logrado escapar de su propia celda de cristal para volver a ser dueña de su destino.








