Una madre que ha sabido conservar su belleza -y que sigue haciéndolo, como buena modelo- tiene muchas probabilidades de que su hija herede esa misma genética. Un buen ejemplo es Jimena Villalonga, protagonista de estas líneas e hija de Adriana Abascal. La joven apareció recientemente junto a su madre y a la pareja de esta, con quien habría retomado la relación. Así lo apuntan sus últimas apariciones en París, recogidas en exclusiva por la revista ¡HOLA!, donde todo apunta claramente a una reconciliación con Manuel Filiberto.
La última puesta en escena de Villalonga acompañando a su madre no es nueva, ni tampoco es nuevo que acapare todas las miradas. Desde que se estrenó como mayor de edad el año pasado no ha dejado de acompañarla públicamente para dejar constancia de la buena relación que existe entre ambas. Parece que fue ayer cuando asistía al desfile Al-Andalus, la colección para 2026 de Rocío Peralta y se sentaba en la grada para ver a su madre desfilar enfundada en un traje flamenco con homenaje a Dalí. Sí, a Dalí. Y si algo dejó claro sin ni decir una palabra fue que seguía las tendencias (o que se adelantaba a ellas). La joven apareció vestida con una americana napoleónica -o militar- que no hemos parado de ver.
Y eso no es todo, dejando de lado ese mundo de moda, flashes y celebridades, Villalonga, la pequeña de tres hermanos, Paulina y Diego son mayores que ella, también presenta una faceta académica a la que se entrega con constancia y disciplina. La hija de Juan Villalonga, exdirector ejecutivo de Telefónica, ha decidido continuar su formación en St Andrews, en Reino Unido. Aulas por las que han pasado royals como el príncipe Guillermo y Kate Middleton, donde se conocieron y se enamoraron mientras él cursaba Geografía y ella Historia del Arte (el resto de la historia ya la conocemos).
Y, aunque no sabemos por qué carrera se habrá decantado, conocimos por boca de su propia madre durante una de las entrevistas que concedió a la revista ¡Hola!, que Jimena presenta una faceta muy profesional en todo aquello en lo que se embarca y que también es “tremendamente responsable”. Y ahí no queda todo, la modelo nos adelantó que tenía buen ojo en captar las oportunidades antes que nadie (ya lo vimos en las tendencias): “Ella ve las oportunidades y nos ayuda muchísimo. De repente, te llama y dice “mira a esta influencer que creo que le gustan las botas y que le pueden interesar las nuestras”.
“Tiene muchísima sensibilidad y muchísima creatividad y una cosa que yo he visto en muy poca gente: su inteligencia natural para leer las situaciones, las personas…”, continuaba, “nunca olvidaré un día, en plena Semana de la Moda de París, que yo no paraba por casa y sentía un poco de culpa por estar 'desatendiendo' a mis hijos, y ella, que era muy pequeñita entonces, apareció mientras yo me vestía, me preguntó si iba a cenar en casa y yo de repente le dije: '¿Te quieres venir conmigo?'. En cinco minutos estaba lista y nos fuimos juntas a los desfiles. Me impresionó su saber estar, porque ella nunca me había acompañado antes y, sin embargo, parecía que lo hubiera hecho siempre. Parecía Anna Wintour en primera fila, manejó todo, los fotógrafos, el bullicio, perfectamente. Porque es una niña que registra y entiende todo, tiene mucha psicología. Le interesa la gente y se esfuerza por adaptarse a lo que venga”.
Así que, quién sabe si, cuando termine sus estudios, comenzará a acompañar a su madre no solo a eventos, sino también a seguir la estela de la firma Maison Skorpios, una firma de lujo de botas y zapatos fundada y dirigida por la propia Adriana. Ya que, esa actitud directiva, de manejo y de cazadora de tendencias no es solo algo que ha mamado desde la cuna, sino que esas cualidades innatas, la lleva dentro casi sin esfuerzo. Palabra de Abascal.







