Murcia se ha vestido de gala, pero también de sentimiento, para recibir a una de sus visitantes más ilustres y queridas. En estos días de recogimiento, raíces y profunda cultura, la reina Sofía ha querido cumplir con su inquebrantable fe y su amor por las tradiciones españolas desplazándose hasta la Región de Murcia. No lo ha hecho sola, el Jueves Santo, doña Sofía ha estado arropada por sus dos hijas, las infantas Elena y Cristina, quienes se han convertido en su mejor apoyo en una fecha marcada por la nostalgia. Es esta la primera Semana Santa que la madre de Felipe VI afronta tras la dolorosa pérdida de su hermana, la princesa Irene de Grecia, fallecida el pasado mes de enero. La "tía Pecu", como era conocida cariñosamente en la familia, era la sombra y el apoyo constante de la Reina. Sin embargo, en lugar de retirarse al silencio de Marivent, doña Sofía ha elegido el calor del pueblo murciano y la compañía de sus hijas para honrar estas fechas.
La expectación en los alrededores de la Plaza de San Agustín era máxima. A su llegada al Museo Salzillo, sede de la emblemática cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, el ambiente se transformó en una auténtica ovación cerrada. Los murcianos, sorprendidos en muchos casos por la presencia real, no dudaron en romper el silencio procesional con muestras de afecto. "¡Viva la reina!", vitorearon muchas de las personas que se agolpaban en las inmediaciones, mientras los aplausos se sucedían al paso de la comitiva.
Doña Sofía, con esa eterna sonrisa que es ya su sello de identidad, se mostró visiblemente conmovida por el recibimiento. Las infantas, por su parte, compartieron la alegría de su madre, saludando con amabilidad a los ciudadanos que, desde los balcones engalanados, buscaban su mirada. La estampa era la de una familia unida frente a la tradición, disfrutando de la belleza de una ciudad que este año es además el hogar de la princesa Leonor, quien reside en la región desde septiembre de 2025 por su formación militar, concretamente en la Academia General del Aire de San Javier.
El simbolismo de una mariposa
Siguiendo el riguroso protocolo que dicta la tradición para el Jueves Santo, las tres damas lucieron estilismos en negro, color que simboliza el luto por la pasión de Cristo. Doña Sofía dio una lección de elegancia atemporal con un traje de chaqueta estructurado, blusa fluida y pantalones de tiro alto. Sin embargo, fue un pequeño detalle el que captó todas las miradas: su icónico broche de mariposa. Esta pieza, que forma parte de su joyero más personal, aportaba un toque de luz y esperanza a un conjunto marcado por la sobriedad.
Las infantas Elena y Cristina optaron por la comodidad de la sastrería clásica. Doña Elena eligió una americana entallada con una prenda superior en tono claro para iluminar el rostro, mientras que doña Cristina se decantó por el binomio infalible del blanco y negro, logrando un equilibrio perfecto entre respeto y modernidad. Como bien se podía observar en su caminar pausado por las naves del museo, ellas demostraron con creces una elegancia innata y el respeto propio de un día marcado por la solemnidad.
Entre tallas y soldados romanos
La visita privada al Museo Salzillo permitió a la Reina y a sus hijas contemplar de cerca las maravillas del imaginero barroco Francisco Salzillo. Acompañadas por autoridades como el alcalde de la ciudad, José Ballesta, y el presidente de la cofradía, Emilio Llamas, se detuvieron especialmente ante el paso de La Cena. La riqueza visual de los doce apóstoles y los detalles del mantel barroco, decorado con uvas frescas, cautivaron a la familia real.
A la salida, la atmósfera de la Semana Santa murciana las envolvió por completo. Frente al callejón Bretau, un grupo de judíos y soldados romanos en formación las recibieron con una escolta de honor. Fue un momento de gran fuerza visual que subrayaba la importancia de la visita. Tras recorrer el centro de la ciudad hasta la Puerta de Murcia, la jornada continuó con una visita a la iglesia de Santa María de Gracia y a la Real Sociedad Económica de Amigos del País. Allí, doña Sofía pudo asomarse por primera vez a un balcón para ver la salida de las imágenes, una imagen de cercanía que los presentes difícilmente olvidarán.
Destino Cartagena
Tras la intensidad vivida en la capital murciana, la Reina y las infantas pusieron rumbo a Cartagena. Allí, la agenda se tornaba más solemne si cabe para asistir a la procesión del Silencio y del Cristo de los Mineros, de la cofradía de los Californios. Es en estos momentos de penumbra y tambores sordos donde doña Sofía encuentra el espacio para el recuerdo y la oración.
Atrás quedan los días en los que celebraba la Pascua en Mallorca junto a su hermana Irene. En este 2026, la ausencia de la princesa griega ha sido el gran vacío que ha llenado el fervor de Murcia. Pero, arropada por Elena y Cristina, y bajo el amparo de los pasos de Salzillo, la reina Sofía ha demostrado que la fe y el cariño del pueblo son el mejor bálsamo para el alma. Murcia, por su parte, le ha devuelto el gesto con creces: con vítores, con respeto y con el corazón abierto de una ciudad que ya siente a la Reina como parte de su propia historia.












