Anne Freeman, madre de Carolyn Bessette, no veía con buenos ojos la relación de su hija con John F. Kennedy, y no precisamente por él. Estaba preocupada y creía, con buen criterio, que la vida de la joven y su libertad cambiarían al vincularse en matrimonio con alguien tan conocido. Segura de que esa unión no convenía a Carolyn, aprovechó el brindis de la boda para soltar lo que su discreción había callado en público durante el tiempo que duró el noviazgo. “No recuerdo sus palabras exactas, pero dio a entender que estaba preocupada por su hija. En retrospectiva, es escalofriante. En aquel momento, me sorprendió su franqueza y me dio pena por John, a quien sus comentarios le dolieron visiblemente”, escribió Robert Littell, uno de los amigos íntimos del novio en su libro 'Los hombres en los que nos convertimos: Mi amistad con John F. Kennedy, Jr.'.
"Carolyn, al fin y al cabo, siempre había sido una persona reservada; casarse con una figura pública equivaldría a ser puesta bajo el microscopio: cada aspecto de su vida personal sería explorado y explotado por los medios de comunicación", dijo Elizabeth Beller, autora de la obra Once Upon a Time: The Captivating Life of Carolyn Bessette-Kennedy, el relato en el que los productores de FX se han basado para crear Love Story.
El sexto sentido de una madre
Como si de una especie de premonición se tratase, Ann Freeman le había hecho una petición a su yerno, que él desoyó. Sin demasiada confianza en su seguridad desmedida para ponerse a los mandos de la avioneta, con tan solo 15 meses de experiencia como piloto, la madre de Carolyn y Lauren le había advertido a John John Kennedy que tuviera cuidado cuando pilotaba, más aún si sus hijas iban a bordo. “Le dije que nunca se llevara a dos de mis hijas al mismo tiempo”, gritó presa del pánico al otro lado del teléfono cuando RoseMarie Terenzio, asistente y amiga íntima de John F. Kennedy Jr., la llamó el 16 de julio de 1999 para comunicarle que el avión en el que viajaban sus dos hijas no había llegado a su destino.
Aquel día de verano, John F. Kennedy Jr. tenía en su hoja de ruta pilotar hasta Martha’s Vineyard para dejar allí a Lauren, la hermana de Carolyn Bessette, antes de continuar con su mujer rumbo a Hyannis Port, donde al día siguiente asistiría a la boda de su primo Rory. Sin embargo, nunca llegaron a su destino. La aeronave, la Piper Saratoga, se precipitó en picado hacia las oscuras y frías aguas del océano Atlántico a unas siete millas de Martha’s Vineyard y, según determinó la investigación de la National Transportation Safety Board, la causa más probable fue la pérdida de control por parte del piloto durante un descenso nocturno sobre el agua, consecuencia de una desorientación espacial. A ello se sumaron factores como la neblina y la escasa visibilidad propia de la noche. Con apenas año y tres meses de experiencia como piloto, Kennedy no contaba con la preparación suficiente para enfrentarse a un vuelo en esas condiciones. Los tres ocupantes fallecieron en el acto, poniendo fin a una historia que había cautivado a todo un país.
La muerte de la pareja, junto a la de Lauren Bessette, dejó una profunda herida que pronto se convirtió en un conflicto entre dos familias radicalmente opuestas. Freeman, en medio de su dolor, reclamaba una indemnización por "muerte por negligencia y dolor y sufrimiento conscientes". Lo que vino después fue un litigio silencioso, complejo y cargado de dolor, con formas muy distintas de vivir el duelo. Los Kennedy continuaron bajo el foco mediático que los acompañaba desde siempre, mientras que los Bessette intentaron recuperar el anonimato que habían tenido hasta de que Carolyn se casó con John.
Más allá de la imagen de Carolyn delante de los focos, concebida como la mujer de John John Kennedy, la joven era también hija, hermana, amiga, alguien con una vida propia, algo que se deja patente en el último capítulo de la serie de Disney + Love Story, donde la madre de Carolyn, Ann Freeman, tiene un papel clave, desde un lugar muy emocional y simbólico. En este último episodio de la ficción Ann Freeman, interpretada por la actriz Constance Zimmer (55 años), se plasma el dolor inmenso de una madre que ve cómo en cuestión de segundos pierde a dos hijas de sus hijas con desolación y rabia en 16 de julio de 1999.











