Hacía tiempo que Rosa Benito no se mostraba tan serena y, a la vez, tan tajante. Tras años de un retiro mediático voluntario, la que fuera cuñada y confidente de Rocío Jurado ha regresado a los platós en el programa ¡De Viernes!. A sus 70 años, Rosa asegura sentirse "más libre que nunca", y no ha dudado en diseccionar las heridas abiertas de un clan que, tras la muerte de la artista, se fragmentó para siempre. Con la elegancia que la caracteriza, pero sin eludir ninguna de las preguntas que han marcado a su familia durante los últimos años, Rosa ha diseccionado el estado actual de los Mohedano, dejando declaraciones que resuenan como ecos de un pasado que se niega a cerrarse.
El tono de la entrevista osciló entre la nostalgia de los años de gloria y la absoluta perplejidad ante el presente. Rosa no reconoce a la Rocío Carrasco que protagonizó la docuserie. “Cuando venía al programa y me ponían imágenes, no entendía cómo se podía hablar con ese odio y rencor cuando ella nunca ha sido así”, confesaba con amargura. Para ella, el relato ofrecido por su sobrina dista mucho de la realidad: “Esa no es la historia real. Yo me he portado con ella de maravilla. Amador Mohedano se ha portado con ella de maravilla. Mi cuñada Gloria se ha portado con ella de maravilla. Mis hijos, mis sobrinas, han sido una piña, han estado siempre con ella, siempre”.
La colaboradora recordó incluso episodios íntimos de apoyo incondicional: “Cuando ella tuvo el accidente de la pierna, me fui a Barcelona y estuve con ella”. Por eso, no comprende el giro mediático de Rocío: “Lo que no entiendo es cómo en ‘Hable con ellas’ hablaba maravillas... Yo creo que llevaba pinganillo, porque ella no hablaba así, ni habla así. ¿Y cómo se sube la audiencia? Poniendo mal a la familia, porque si hablas bien no te oye nadie”.
El papel de madre, el punto de no retorno
Sin duda, el momento más tenso se produjo al abordar la relación de Rocío con sus hijos, Rocío y David Flores. Rosa, apelando a su instinto maternal, fue demoledora: “Lo que no le perdona la gente que somos madres es que ponga a sus hijos a los pies de los caballos. Yo no lo hubiera hecho en la vida”. Fue más allá al cuestionar el vínculo biológico frente al afectivo: “Hay madres que no quieren a sus hijos. Han parido y no los quieren. Igual hay padres, igual hay hijos que no quieren a sus padres. Y Rocío no quería a sus hijos, no los crió”.
Ante la pregunta directa de Terelu Campos sobre si afirmaba que su sobrina no ejercía como tal, Rosa respondió con una crudeza que heló el plató: “No, no ejercía como madre. Lo estoy diciendo porque lo he vivido. Y a la vista está, una vez que murió la madre, les dijo adiós”. Según su testimonio, la logística diaria recaía en terceros: “Quien iba a por esos niños al colegio era Claudio, los llevaba a casa de Rocío [Jurado] y por la noche se los llevaba ya cenados y estudiados”.
El "circo" y la sombra de Fidel Albiac
Rosa también se pronunció sobre el papel de Fidel Albiac. Aunque reconoció haberlo pasado bien con él en el pasado, dejó caer una sombra de duda sobre su influencia: “Mi sobrina era ella. Si ella se deja manipular, es respetable”. Además, defendió la ausencia de Pedro Carrasco en ciertos momentos mediáticos del pasado: “Pedro no quería participar de ese circo, porque le dolió mucho lo que estaba viviendo”. Sobre la situación actual de Rocío Carrasco, Rosa es tajante: “Ella es feliz sola. Bueno, sola, con su pareja y ya está. Al final, lo demás, todos estamos juntos, ¿no?”. Una frase que subraya el aislamiento respecto al resto del clan Mohedano.
Uno de los puntos que más dolió a Rosa fue el cuestionamiento de su entrega durante la enfermedad de Rocío Jurado. “Si éramos tan malos, ¿por qué nos dejó estar tantas horas junto a su madre? Era una enfermedad dura y difícil”, recriminó. Fue especialmente dura al recordar los turnos en el hospital: “Ella no se quedó ni una noche. Hacíamos tres turnos... y ahora sale en una docuserie diciendo que dejábamos a la madre dormida. Perdona, no te quedabas ni una noche”.
Amador Mohedano: "La relación es nula"
Más allá del conflicto con su sobrina, Rosa aclaró su situación con su exmarido. A pesar de los 35 años de matrimonio, el contacto se ha cortado en seco. “Le he bloqueado el teléfono hace dos años. Pasó algo que me molestó... es la gota que colma el vaso y no hay marcha atrás”. Ni siquiera el bache de salud de Amador en 2025 suavizó su postura: “Me dio mucha pena, pero creo que a veces hay que avanzar y no te puedes anclar”.
Con la determinación de quien ha pasado página, Rosa sentencia que si su cuñada viviera, nada de esto habría ocurrido: “Si hubiera vivido mi cuñada Rocío, yo ni siquiera me hubiera separado, y esta no hubiera tenido ovarios de hacer lo que hizo”.












