En un mundo donde las obsesiones y los misterios laten bajo la superficie, una mujer vive atrapada entre la rutina, sus secretos más íntimos y los deseos que creía dormidos. Hasta que alguien llega y lo cambia todo... transformando lo que parecía una salida en su mayor problema. Así arranca Vladimir, la miniserie de Netflix que se ha colado entre los contenidos más vistos de la plataforma y en todas las conversaciones. Con un tono atrevido y elegante, la historia atrapa, provoca y juega con lo inesperado, dejando claro que no es una ficción cualquiera. Anula planes y prepárate... porque este maratón no querrás soltarlo.
Vladimir adapta la aclamada novela homónima de Julia May Jonas, publicada en 2022 y rápidamente convertida en un éxito de crítica y ventas. La historia sigue a una mujer de mediana edad —sin nombre en la novela ni en la serie—, a la que da vida Rachel Weisz, cuya vida personal y profesional atraviesa un momento crítico: su carrera como escritora se ha estancado, sus clases de literatura apenas tienen alumnos y la relación con su hija se ha enfriado.
Al mismo tiempo, su matrimonio con John (John Slattery), también profesor, arrastra tensiones del pasado: ambos han tenido aventuras conocidas por los dos, pero cuando él es investigado por mantener relaciones con alumnas, la protagonista siente que su mundo se derrumba.
La situación cambia con la aparición de Vladimir —interpretado por Leo Woodall, el mismo actor que hizo perder la cabeza a Renee Zellweger en Bridget Jones: Loca por él—, un joven y carismático colega que se incorpora al campus acompañado de su enigmática esposa, Cynthia (Jessica Henwick). La protagonista se siente intrigada y atraída por él y poco a poco su fascinación se transforma en una obsesión irrefrenable y liberadora, fantaseando con sus encuentros e iniciando un acercamiento sin filtro para convertirlos en realidad.
Con esta premisa, podría pensarse que se trata de un thriller psicológico, pero nada más lejos de la realidad. La serie se mueve con naturalidad entre el drama y la comedia negra, con un humor seco y mordaz que sorprende en cada giro. Rachel Weisz rompe la cuarta pared, al más puro estilo Fleabag, acercando al espectador a la mente de su personaje y a sus fantasías más atrevidas, jugando con complicidad e ironía sin perder intensidad.
La ficción combina erotismo, sátira del mundo académico y la exploración del deseo y la obsesión, mostrando personajes imperfectos que no buscan caer bien, pero que resultan irresistiblemente humanos. Las emociones y pasiones ocultas y las tensiones que atraviesan los protagonistas cobran vida en pantalla, manteniendo al espectador enganchado durante los ocho episodios de esta producción diferente y provocadora.
La serie también aborda otras cuestiones como la política de género en la universidad y la cultura de la cancelación. La protagonista se mueve en un entorno académico donde cada gesto y cada rumor pueden amplificarse, lo que intensifica el drama y la tensión de su relación con Vladimir y su familia.
Para trasladar a la pantalla a un personaje profundamente introspectivo en las novelas, la escritora Julia May Jonas, que también ejerce como directora y productora de la serie, decidió que hablara directamente a cámara, un recurso que permite “tener acceso directo a lo que el personaje está pensando y también a lo que quiere que tú pienses”, como explica a Tudum Weisz. La historia que cuenta no siempre es real al cien por cien, lo que refleja “un rasgo muy humano: ajustar la verdad para tu audiencia cuando las cosas se descontrolan”. Lo que atrae a la protagonista de su compañero, no es solo el atractivo de Vladimir, sino sobre todo su manera de escuchar y prestar atención: “Hace preguntas que nadie más hace”, señala.
En Vladimir, la ganadora del Oscar por El jardinero fiel interpreta un papel muy alejado de sus roles habituales en el que, cuando se dirige a los espectadores, revela una faceta suya que no habíamos visto, la de una antihéroe disparatada y caótica con la que es fácil identificarse. "Es gracioso cuando habla directamente a la cámara", dice Slattery sobre su compañera de reparto, porque "dice una cosa y luego admite otra".
En esa misma línea, Woodall añade que "cuando el personaje de Rachel rompe la cuarta pared, nosotros, el público, entendemos la broma, lo que la hace inmersiva y divertida. Pero también existe un mundo en el que ella justifica algunas de sus acciones, como hacemos todos cuando hacemos o decimos algo e inmediatamente necesitamos racionalizarlo. Eso la hace muy cercana al espectador", asegura el protagonista de Siempre el mismo día.
Para Leo, solo Weisz podría lograr este equilibrio tan humano. “La admiro muchísimo. Rachel tiene una excentricidad encantadora y muy natural que es perfecta para la protagonista. Necesitas que la protagonista sea encantadora para que el público esté de su lado”.
Guiada por esta narradora escurridiza e inescrutable, Vladimir gira en torno a la sensación de la protagonista, no a la situación real, mostrando con picardía y sensualidad cómo evoluciona el deseo de una mujer con los años de manera honesta y atrevida. "La historia que nos contamos en nuestra cabeza es mucho mejor y más emocionante que la que existe en la realidad, sobre todo cuando se trata de ese tipo de obsesión", dice su creadora. Fantasías, humor e intriga se entrelazan episodio tras episodio en un maratón que atrapa y no deja escapar.

















