El actor Billy Porter, de 56 años, continúa recuperándose tras atravesar uno de los episodios de salud más delicados de su vida. El intérprete ha revelado que sufrió una grave infección urinaria a finales de mayo del año pasado, que terminó derivando en un coma de tres días, una situación límite que, según denuncia, estuvo marcada por una atención médica inadecuada. “Es un regalo estar vivo. Todavía me emociona hablar de ello”, ha confesado este miércoles durante su intervención en Today, de la cadena NBC.
Una pesadilla interminable
El artista, conocido por su trabajo en Pose y la película Cenicienta, tenía previsto liderar durante 13 semanas el musical Cabaret en Londres. Sin embargo, su debilitado estado de salud le obligó a abandonar el proyecto. “No recibí el tratamiento adecuado”, ha subrayado. Sus críticas al sistema sanitario británico ya habían sido contundentes en el pódcast Outlaws, donde afirmó que “la medicina del Reino Unido es basura” y explicó cómo, tras varias tandas de antibióticos y semanas de tratamiento, la infección reapareció con mayor gravedad.
Convencido de que estaba recuperado, el actor regresó a Nueva York para reincorporarse a los ensayos de Cabaret en Broadway. Pero el alivio fue tan solo temporal. “Estaba en los ensayos de Cabaret y todo parece ir bien, pero un mes después, el dolor de los cálculos renales vuele”, recordó. El punto crítico llegó un martes de septiembre, cuando el dolor se volvió insoportable y tuvo que acudir de urgencia al hospital.
“Me hicieron un chequeo de rutina y vieron que el cálculo renal estaba atascado en mi uretra, así que procedieron a colocarme una cánula para redirigir la orina, administrarme antibióticos de verdad, no como los del Reino Unido, y disolver el cálculo. Cuando entraron, había tanto pus y bilis detrás del cálculo que burbujeó y en cuestión de minutos sufrí una urosepticemia ―la infección pasó del riñón a la sangre―. Estuve muerto por tres días”, ha narrado.
Durante ese periodo crítico, los médicos recurrieron a una máquina ECMO, un sistema que sustituye temporalmente las funciones del corazón y los pulmones. Por si no fuera suficiente, el intérprete sufrió adicionalmente un síndrome compartimental en una pierna, una complicación potencialmente devastadora por la que los médicos tuvieron que intervenir en pleno estado comatoso: “Tuvieron que dejarme la pierna abierta durante dos días para poder salvarla”, ha explicado.
Hoy, aún en proceso de recuperación, Billy afronta las secuelas físicas y emocionales de una experiencia que, según sus propias palabras, le ha cambiado la vida. Contra todo pronóstico, y a pesar de la dureza del proceso, el actor asegura haber encontrado un nuevo sentido a todo el sufrimiento que ha tenido que enfrentar: “Ha sido una experiencia que me ha cambiado la perspectiva y también me ha inspirado. Mi trabajo en esta Tierra aún no ha terminado y eso me da esperanza”.









