La muerte de Silvia Tortosa fue del todo inesperada, ya que prefirió llevar su enfermedad con total discreción. Al impacto que causó su fallecimiento a los 77 años le siguió la controversia que despertó su última voluntad: excluyó de la herencia a su viudo, Carlos Cánovas, con el que llevaba casi dos décadas. ¿La razón? Se enteró de una infidelidad de su marido, al que le puso un detective privado. Así, nombró heredera universal a su mejor amiga y albacea, Ana Congost, quien ha hablado por primera vez.
La carrera de la actriz fue imparable desde su debut en la década de los 70, cuando protagonizó la película El último sábado, de Pedro Balaña. A raíz de ahí fue encadenando proyectos de renombre, entre los que destacan Curro Jiménez, Hostal Royal Manzanares y Farmacia de Guardia. También como presentadora triunfó en Aplauso, concurso en el que descubrieron a Enrique y Ana o Parchís. Además, la propia Tortosa tuvo carrera en la música, con dos discos.
Su éxito le permitió ser económicamente independiente, como deseaba desde pequeña, y amasar una importante fortuna: dos pisos en Barcelona, otro en Madrid y una casa en la exclusiva urbanización Puerta de Hierro, valorada en más de dos millones de euros y lugar en el que fijó su hogar. La principal beneficiaria fue Ana Congost, que ha roto su silencio para pronunciarse sobre la polémica que generó la decisión de Tortosa respecto a sus bienes. Un paso al frente que da cuando se cumplen dos años del fallecimiento de la artista.
Ana Congost ha comenzado situándose al inicio de su amistad con Silvia Tortosa. Sus caminos se cruzaron hace décadas, cuando trabajaba en una empresa de eventos. "Para mí era un icono y fue estupendo que me la presentaran. Surgió una amistad impresionante", ha comenzado a decir en conversación con El tiempo justo.
También ha resaltado que la acompañó en sus últimos días, en los que todo se desencadenó muy rápido: "No sabíamos nadie que tenía cáncer. Estaba esperando unos resultados, pero vivía sin dolores y estaba bien. Se vino a Barcelona; el sábado estuvimos cantando, que le encantaba, y el martes la ingresamos porque se encontraba peor. Nos dicen que tiene metástasis en el hígado y duró tres días. Estaba tranquila, tenía paz interior".
En medio del duelo por la muerte de su amiga, Ana Congost se enteró de que era la heredera universal. Lo supo porque "me llaman de la notaría" y confiesa que fue "una sorpresa enorme". No se lo imaginaba cuando acompañó a Silvia al notario meses antes, el día en el que la artista cambió su testamento para dejar fuera a Carlos, su cuarto marido, por haber incumplido sus deberes matrimoniales, como recoge el Código Civil. "La infidelidad la vivió con rabia, desolación…", ha resaltado, recordando que ingresó en la Clínica López Ibor, referente en salud mental, por ese disgusto.
En su testamento, Silvia Tortosa también dejó dispuesto que se entregara dinero a la familia de Charles Davis, su primer marido; una donación de 50.000 euros a la congregación de las Hermanitas de los Pobres; y una parte de sus bienes a otra de sus incondicionales, Ana Umbral.
Homenaje artístico
El legado de la artista sigue muy presente. Así se refleja en Santa Perpetua de Mogoda, donde pasó largas temporadas y donde se ha inaugurado la exposición Sílvia, el arte de la elegancia infinita. Una muestra abierta hasta el 27 de marzo y formada por fotografías, premios y objetos personales del artista y material diverso de su trayectoria profesional. Se expone en El Molí, espacio social en el que también incluyen proyección de películas, catas musicales y un coloquio con amigos, compañeros y productores que conocieron a Tortosa.







