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De Río a Terminator: las fotos de la increíble transformación de Miguel Herrán


Han pasado diez años desde su debut en la interpretación, una década marcada por su cambio físico y emocional


© STUDIO24
26 de febrero de 2026 a las 20:27 CET

Un simple paseo con sus amigos cambió su vida para siempre. Daniel Guzmán estaba buscando protagonista para su primera película, A cambio de nada, y nada más ver a Miguel Herrán supo que era lo que necesitaba. La humanidad, la luz y también el dolor que transmitía su mirada le convertían en el protagonista perfecto de una historia que cautivó al público y a la crítica, como demuestran sus dos premios Goya. Dio ahí los primeros pasos de una carrera en la que La casa de papel marcó un punto de inflexión al hacerlo conocido internacionalmente. Casi una década después de su llegada de la popular banda de atracadores, la transformación del actor ha sido radical.

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Nacido en Fuengirola, el actor ha dejado atrás esa imagen infantil y tierna que proyectaba como Río, el experto en tecnología que se puso a las órdenes de El Profesor y vivió un apasionado romance con Tokio (Úrsula Corberó). Poco queda también de Christian, aquel adolescente de origen humilde que consigue una beca para estudiar en el exclusivo instituto Las Encinas, escenario principal de la trama de Élite. A punto de cumplir 30 años, está asumiendo roles cada vez más maduros en la ficción y su físico ha cambiado notablemente. ¡Está preparado para interpretar a Terminator si Arnold Schwarzenegger decide ceder el testigo!

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En las fotos que ¡HOLA! muestra en exclusiva, en las que aparece por las calles de Madrid con pantalón de chándal y camiseta marrón sin mangas, el actor luce unos impresionantes músculos. Tanto, que consigue que pase desapercibido el apósito que lleva en la parte derecha cara tras una cirugía que no parece revestir gravedad. Su físico es, sin duda, el resultado de una exigente disciplina deportiva. Le gusta montar en bicicleta y la calistenia, pero además se está preparando desde hace meses para meterse en la piel de Poli Díaz. En octubre, y de la mano de Netflix, comenzó el rodaje de la serie basada en 'el Potro de Vallecas', leyenda del boxeo en la España de los 80,  cuya fama lo arrastró a un mundo de excesos, haciendo que la mayor pelea fuese contra sí mismo.

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Miguel, perfeccionista y siempre dispuesto a llevarse un aprendizaje de cada proyecto, confesó antes del rodaje que llevaba meses entrenando para acercarse lo máximo a su forma de pelear, de moverse y de expresarse. Una preparación que tiene resultados evidentes en su físico, con los bíceps, tríceps y deltoides muy definidos. El cambio es aún más impactante si tenemos en cuenta que hace tres años estuvo en el punto contrario. Su trabajo en Modelo 77 le obligó a perder 12 kilos en un corto espacio de tiempo, lo que resultó ser un calvario con el que puso en riesgo su salud. Se obsesionó con no comer y hacer mucho ejercicio hasta llegar al punto de tocar fondo. "El médico me dijo, te estás generando una úlcera, te puedes llegar a morir, tienes que comer", confesó.

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El papel más importante de su vida, el de padre

Desde que conocimos a Miguel, su cambio ha sido notable y va mucho más allá de la imagen. Es una transformación física, pero sobre todo emocional. Cuando debutó en el cine era "un chaval sin ilusión ni ganas de nada" y la interpretación le abrió las puertas a una "vida nueva" a la que se aferró como si no hubiera otra. Diez años después ha logrado ser uno de los actores más queridos, tiene su propio restaurante de pizzas saludables en Málaga y ha formado una familia que es su absoluta prioridad. Hace dos años llegó el papel más exigente e importante de su vida, el de padre. Dio la bienvenida a María, una niña que nació durante su relación con Celia, la hermana de María Pedraza, con la que curiosamente trabajó tanto en Élite como en La casa de papelAunque tiempo después decidieron emprender caminos separados, entre ellos existe un gran cariño y respeto, además de tener un deseo común: la felicidad de su niña.