La vida de Palito Dominguín no ha sido como la gente podría imaginarse. Pasó gran parte de su infancia en el campo extremeño, unos años que recuerda con cariño debido a lo inusuales que fueron; ya que, como ha comentado en más de una ocasión, no estuvo asistió al colegio hasta los seis años. "A mi hermana Jara y a mí nos enseñaron a leer y matemáticas en casa", admitía la concursante de DecoMasters —programa del que se ha vuelto una de las protagonistas absolutas y donde compite con su madre, Lucía Dominguín—, recordando su niñez en la granja.
A menudo, Palito menciona estos años debido a lo importante que fueron para ella y, si bien no tuvo amigos hasta entrada su adolescencia, admite que pasaba mucho tiempo con los animales que criaban en su casa. "Mis amigos eran las vacas, los cerdos...", le confesaba a Vanity Fair. Una infancia anómala pero, no por eso, menos feliz. La sobrina de Miguel Bosé le explicó a la mencionada revista que su día comenzaba junto a su madre en el huerto, donde iban a "recoger las verduras" y bebían "el agua del rocío en una hoja de col". Una rutina que se ha quedado grabada para siempre en su memoria: "Es uno de los recuerdos más bonitos que tengo".
Fue en esta época cuando la que fuera concursante de Supervivientes 2021 descubrió su pasión por el arte, del que ha hecho carrera —siente vocación por la fotografía, las artes escenas y las plásticas; además de trabajar esporádicamente como modelo— y, años más tarde, se formó en Bellas Artes en Londres (donde también trabajó como institutriz). "Mi madre ponía música clásica", recuerda, indicando que muchos de sus recuerdos de estos años están ligados a la tranquilidad que inundaba su casa cuando toda la familia se reunía en el salón para realizar diferentes actividades. "Mi padre (Carlos Tristancho) se sentaba a escribir, mi madre, a coser; y mi hermana Jara y yo, a hacer manualidades", explica, subrayando que este "era nuestro momento familiar".
En otra conversación con Vanitatis, Palito reiteraba que estos instantes los recuerda repletos de magia e ilusión. "Siento que vivíamos en un mundo mágico, creía en las hadas y los duendes...", confesaba la joven, reconociendo que, debido al especial componente que inundaba sus días en esa granja extremeña, "lo sigo haciendo". "Si hay gente que cree en cosas que no ha visto, ¿por qué no puedo creer yo en eso?", se pregunta, demostrando, de nuevo, lo especial que era su rutina —y cómo ha marcado el resto de su vida—.
Incorporarse a la 'sociedad normativa'
Un componente fundamental que impulsó su mente creativa fue, sin dudas, la ausencia de pantallas. "No tuvimos tele", indicaba en su entrevista con Vanity Fair, explicando que ahora, después de tantos años, "sigo sin tenerla". Un aspecto que trajo solo reacciones positivas a su día a día en la niñez. "La recuerdo como una infancia mágica", comentaba, recordando que "vivía en plan Mowgli, como en otro mundo". La sobrina de Miguel Bosé subraya que "teníamos nuestra propia burbuja", y que, por ende, incorporarse a un estilo de vida normativo no fue nada fácil. "Me costó un poco cuando 'entré en la sociedad'", añadía.
Durante una conversación con la revista Lecturas, Palito reconocía que su incorporación a la escuela fue una de las etapas más complicadas que ha vivido. "Me decían: 'esa es amiga tuya porque eres sobrina de Miguel Bosé'", recordaba, lamentando los dañinos comentarios que recibía prácticamente día a día. "Los niños no venían a mis cumpleaños", confesó, admitiendo que, en caso de que asistieran, su "madre tenía que ir a recogerlos para que viniesen", indicaba emocionada.








