No es habitual que un chef de alta cocina hable con tanta naturalidad sobre lo que significa cocinar para la realeza, pero Paco Roncero, uno de los nombres más respetados de la gastronomía española, lo ha hecho de la forma más sincera y reveladora posible. Roncero, conocido no solo por sus dos estrellas Michelin, sino también por su faceta como jurado de Top Chef Dulces y Famosos, ha ofrecido una visión humana y profesional de qué significa disfrutar de la buena mesa… incluso cuando quien ocupa un plato es alguien tan observado como la reina Letizia.
Desde la primera vez que ingresó en el mundo de la cocina, Paco Roncero entendió que la gastronomía es algo que va mucho más allá del sabor: es una disciplina que conecta tradición, producto, técnica, servicio y, sobre todo, sensibilidad. Actualmente, a sus 56 años, su carrera ha ido desde la vanguardia culinaria hasta la dirección de algunas de las cocinas más admiradas de España, siempre con un enfoque claro: el producto es la base de todo.
Un paladar exigente
El cocinero ha hablado para la revista Lecturas, donde ha confesado que para él, la exigencia de la reina Letizia en la mesa no es un capricho, sino una muestra de responsabilidad y criterio. “Como cualquier persona con responsabilidad y criterio”, explicó. En su entorno profesional, todo tiene que estar impecable: producto, timing y servicio, pero esa exigencia, puntualizó, no es otra cosa que “profesionalidad bien entendida”.
Con esta reflexión, Roncero desmitifica una visión de la realeza como alguien inaccesible o con gustos excéntricos. Según él, no hay secretos especiales: quienes disfrutan de la buena cocina lo hacen desde el respeto por lo que hay en el plato —y por quien lo ha preparado—, independientemente de su posición social. Esa forma de entender el gusto culinario es algo que está al alcance de cualquier persona que aprecie el valor de una buena materia prima y un servicio cuidado.
La alimentación saludable, una constante en su vida
Roncero también habló de lo que él considera una dieta equilibrada y comentó que cree que la familia real lleva un estilo de vida saludable aunque, reconoció con humildad, “no lo sabe con certeza”. Para él, una alimentación equilibrada es coherente, variada y sin excesos —un principio que aplica tanto a su vida personal como profesional. Es evidente que para un chef con un ojo tan fino para el producto y su preparación, este equilibrio es parte esencial de una vida plena y saludable.
Este enfoque está en consonancia con otros aspectos de la vida de Roncero: además de su pasión por los fogones, es un firme defensor de la vida activa y cuida su alimentación, con el aceite de oliva virgen extra siempre presente como uno de sus ingredientes favoritos.
El valor de la tradición y los recuerdos
Más allá de la alta cocina, Roncero tiene una mirada nostálgica hacia sus primeros recuerdos culinarios. Para él, muchos de los sabores que hoy aprecia provienen de su infancia, cuando acompañaba a sus abuelos y a su padre al campo, al huerto o a pescar, y luego veía a su abuela convertir esos productos en comida. Ese vínculo entre tradición, recuerdos y gastronomía ha marcado profundamente su forma de entender la cocina, y es algo que traslada cada vez que diseña un menú o recibe a comensales especiales.
Esa mezcla de tradición y técnica —de lo simple a lo sofisticado— es lo que convierte a la mesa en algo más que un lugar para comer: es un espacio de encuentro, de memoria y de celebración. Y es esa filosofía la que Roncero cree que comparte, en esencia, con la reina Letizia y con cualquier persona que aprecie una buena comida.
Servicio impecable: más allá del plato
Un punto al que Roncero da especial relevancia es el servicio. Para él, no basta con que el plato sea excelente; hay que cuidar todo lo que rodea la experiencia: desde el tiempo de servicio hasta la presentación y la atención al comensal. Esa meticulosidad es lo que él llama “impecable”, y es un valor que no asocia exclusivamente a la realeza, sino a cualquier circunstancia en la que se busque respeto por el trabajo y por quien va a disfrutar de la comida.
No se trata de rigidez o protocolo, sino de una sensibilidad profesional que hace que cada detalle cuente. Y esa es, según Roncero, la verdadera sofisticación: valorar cada aspecto de la experiencia gastronómica sin perder de vista el placer de comer bien.
Una mesa que inspira y une
Al final, lo que revela Roncero con sus palabras es que la alta gastronomía no es un mundo aparte, sino una forma de elevar lo cotidiano. Comer bien no es una extravagancia, sino una expresión de cultura, respeto y cuidado.
Tanto si se trata de una cena de gala como de una comida familiar, los principios son los mismos: producto de calidad, equilibrio, atención al detalle y, sobre todo, el deseo de compartir momentos alrededor de la mesa —un mensaje que, por su forma de entender la cocina, Roncero transmite con el mismo respeto con el que trata cada uno de sus ingredientes.











