El sueño olímpico de Lindsey Vonn se esfumó tras sufrir una gravísima caída en el descenso de Milán-Cortina, una prueba que afrontó 9 días después de haberse roto el ligamento cruzado de su rodilla izquierda, y tuvo que ser evacuada en helicóptero y posteriormente operada hasta en dos ocasiones en las últimas horas. La esquiadora estadounidense, de 41 años, ha concedido sus primeras declaraciones públicas tras el accidente, un escrito cargado de resiliencia y reflexión con el que ha querido poner fin al debate de si tomó demasiados riesgos al competir sin estar al 100% físicamente o si por el contrario, demostró el verdadero espíritu del deporte de alto rendimiento.
Un mensaje inspirador
"Ayer mi sueño olímpico no terminó de la forma en que soñé que lo haría. No era un final de un libro de cuentos o una cola de hadas, era solo la vida", comienza el comunicado, uno de los más difíciles que haya tenido que escribir. "Me atreví a soñar y había trabajado tan duro para lograrlo. Porque en las carreras de esquí cuesta abajo la diferencia entre una línea estratégica y una lesión catastrófica puede ser tan pequeña como 5 pulgadas (13 centímetros). Simplemente estaba 5 pulgadas demasiado ajustado en mi línea cuando mi brazo derecho se enganchó en la puerta, retorciéndome, lo que provocó mi accidente. Mi ligamento y lesiones anteriores no tuvieron nada que ver con mi accidente en absoluto", quiso recalcar.
Vonn sufrió una fractura compleja de tibia, que actualmente se encuentra estable, pero que requerirá múltiples cirugías para repararla adecuadamente. "Aunque no acabó como esperaba y el dolor físico ha sido intenso, no me arrepiento de nada", afirmó. Vonn recordó la emoción que sintió en la casilla de salida, consciente del riesgo inherente al deporte: "Fue una sensación increíble que nunca olvidaré. Saber que estaba allí con la oportunidad de ganar ya de por sí era una victoria. También sabía que competir era un riesgo. Siempre ha sido y siempre será un deporte increíblemente peligroso. Siempre lo ha sido y lo será. Como en la vida, tomamos riesgos: soñamos, amamos, saltamos y, a veces, caemos. A veces nuestros corazones están rotos. A veces nuestros sueños no se cumplen, pero esa es también la belleza de la vida; podemos intentarlo".
"Lo intenté. Soñé. Salté. Espero que si hay algo con lo que tengáis que quedaros de mi carrera, sea que todos tengáis el coraje de atreveros enormemente. La vida es demasiado corta para no correr riesgos. Porque el único fracaso en la vida es no intentarlo. Creo en vosotros, tal como vosotros creísteis en mí. Os quiere LV", finalizó.
El apoyo de estrellas del deporte y de Hollywood
El emotivo mensaje de Lindsey Vonn desató una oleada de cariño y admiración de estrellas del deporte y el entretenimiento. El español Marc Márquez, ocho veces campeón mundial de MotoGP, expresó su admiración: "Totalmente de acuerdo, el único fracaso en la vida es no intentarlo. Verdadera inspiración". Rafa Nadal, leyenda del tenis, añadió: "Eres una gran inspiración y un ejemplo de perseverancia. ¡Ánimo y recupérate pronto!".
Actores y actrices de Hollywood le han mostrado su apoyo. "Me inspira mucho tu valentía para desafiarte siempre a ti misma. Eres y siempre serás una auténtica campeona", señala la protagonista de The Morning Show Reese Witherspoon. "Te envío energía curativa y te deseo una pronta recuperación", le deseaba Natalie Portman. Orlando Bloom, Patrick Schwarenegger y Chiara Ferragni, entre muchos otros, se sumaron al aluvión de mensajes entre los más de 20.000 usuarios que le desearon una pronta recuperación.
El padre de Lindsey: "Es el final"
Pese a todos los mensajes de ánimo y apoyo, Lindsey Vonn sabe que aquí acaba su sueño olímpico. Sin embargo, su padre, Alain Kildow, ha sido tajante: "No habrá más carreras de esquí para Lindsey Vonn, mientras yo tenga algo que decir al respecto", señaló tras la grave lesión que sufrió su hija el descenso de Milano Cortina. "Tiene 41 años y este es el final de su carrera", declaró a Associated Press.
La familia de Lindsey, que presenció el dramático accidente desde la zona de meta, frente a una pantalla de televisión junto a otros espectadores, no se ha separado de ella desde su ingreso el domingo en el hospital de Treviso. La esquiadora se encuentra estable, tal y como revelan los médicos y su progenitor. "Es una persona muy fuerte. Conoce el dolor físico y entiende las circunstancias en las que se encuentra. Y es capaz de manejarlo. Mejor de lo que esperaba. Creo que lo está llevando muy bien", destacó su padre, que fue su primer entrenador de esquí. Vonn había iniciado el descenso pese a romperse el ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda solo nueve días antes en Suiza, pero su padre reiteró que esa lesión no había tenido nada que ver en el accidente. "Esto no tiene nada que ver con esa lesión en la pierna izquierda. Nada en absoluto", insistió. "Demostró en los dos entrenamientos previos que podía rendir a un nivel altísimo, y médicos de primer nivel la autorizaron para competir". Según Kildow, el accidente no vino por la rodilla, sino por forzar al límite su trazada: "Forzó los límites de su línea de carrera, chocó contra una puerta al inicio de la carrera y perdió el control".









