La semana pasada, el mundo se paralizó para Marina Valdés. Tras una intensa jornada de ocho horas en su puesto de trabajo en Más vale tarde, salía de las inmediaciones de Atresmedia cuando, de manera inesperada, fue atropellada. La presentadora de laSexta recuerda algunos instantes con claridad, pero hay fragmentos que se le escapan, borrosos en su memoria, como si el tiempo se hubiera detenido. Lo que sí permanece intacto es el miedo que la recorrió de inmediato, pero también un instinto de supervivencia que la empujó a reaccionar. Un coche la embistió a las puertas de su trabajo, un instante que pudo cambiarlo todo. Desde ¡HOLA! hemos querido conocer cómo se encuentra y nos ha relatado con detalle cómo sucedieron los hechos, cómo cada segundo pareció eterno y cómo, pese al shock, logró mantener la calma y salir adelante. Este episodio ha dejado una huella imborrable, recordando que la vida puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos, y que incluso los momentos más cotidianos pueden convertirse en prueba de valentía y resiliencia.
Marina, ¿cómo sucedieron los hechos?
Yo salía, como siempre, todos los días a las 8, de Más vale tarde. Yo siempre cogía el bus en la parada y ese día, pues las típicas casualidades de la vida, el bus pasó como tres minutos antes, no había nadie en la parada y entonces se me fue. Una amiga me dijo que me acercaba a mi casa, por lo que me dispuse a cruzar en el paso de cebra. Yo miré a ambos lados, evidentemente no venía nadie, y yo iba con el móvil mandando un audio. Terminé de mandar el audio —eso que levantas el dedo de la nota de voz— y vi perfectamente, y recuerdo súper nítido, el momento del impacto. O sea, quiero decir, cuando lo vi, ya lo tenía encima. Entonces me dio en la cadera derecha porque yo estaba casi terminando el paso de cebra, a punto de subirme a la acera, y me levantó de costado.
¿Te acuerdas del momento...?
Recuerdo que, en el momento en que estaba en el aire, pensé: esto es una… O sea, fue como muy dramático, y eso no me gustó nada. Yo sentí de verdad que me iba a morir porque, claro, sentí un golpe muy fuerte, me vi en el aire y pensé: o sea, me han atropellado, ¿sabes? Y entonces me dio… porque esto que dice la gente de que piensas en tu vida, piensas en alguien y tal, pues no. Yo no pensé nada de eso. Me dio como mucho fastidio pensar que me iba a morir por no haberlo visto.
¿Te dio tiempo a pensar algo en esos segundos?
Pensé: mierda, ¿cómo no lo he visto? Y luego tuve otro pensamiento; pensé: bueno, intenta al caer poner los brazos, ¿vale? Yo pensé en la cabeza, en proteger la cabeza, y de hecho caí como de costado. Entonces caí con un golpe muy seco y recuerdo abrir los ojos y tener el bordillo de la acera a nada, a un centímetro, y pensar: Dios. Porque claro, ahí no me di en la cabeza, pero si hubiera caído en el bordillo sí que me habría dado en la mandíbula o en la cabeza o algo así. Entonces, los siguientes segundos —o minutos— después de eso no los recuerdo.
¿Qué pasó después?
Yo me senté sola en la acera, o sea, me incorporé. Es verdad que yo no sentí dolor hasta lo que ahora te voy a contar, y dicen que es por la adrenalina, que aunque tengas el cuerpo destrozado uno es capaz de hacer eso, pero yo no lo recuerdo. Entonces se ve que yo hice como el ademán de levantarme y, al intentar levantarme, me vino una oleada de dolor brutal, pero brutal, un dolor que yo no había sentido en mi vida, y entonces, del dolor, perdí el conocimiento durante unos segundos.
¿Tuviste miedo?
Entonces, una vez más, pensé que me iba a morir otra vez, aquí ya en plan dramática, porque me asusté muchísimo. O sea, aquí me entró un pánico terrible. Ya llamaron a la ambulancia y vinieron la policía local y una ambulancia. Hasta ese momento no tardaron casi nada porque, claro, el hospital Infanta Sofía está al lado. Se ve que me preguntaron qué sentía y yo decía que mucho mareo, mucho dolor y que tenía mucho miedo.
¿Qué te han dicho los médicos?
El traumatólogo vino a decirme que, milagrosamente, no tenía nada roto. Me insistió mucho —y es algo en lo que me han insistido muchos médicos— en que había tenido muchísima suerte. Que en una colisión así, en la que no hay frenazo previo y te llevas el impacto directamente, y más en la cadera, es muy fácil que se desplace la pelvis. Y cuando se desplaza la pelvis lo que pasa es que te desangras internamente. Entonces, que no me había pasado nada de eso y, sobre todo, que no tenía nada roto. Que eso era porque era joven, por la masa muscular, etcétera, etcétera. Y que también había tenido mucha suerte por eso de quedarme muy cerca del bordillo y por tener el reflejo de poner los brazos.
¿Sabes cuándo vas a poder volver a retomar tu rutina y volver al trabajo?
Sobre la vuelta, me van revisando la baja y voy semana a semana, en función de cómo avance con la rehabilitación. Pero bastante bien. Todos los médicos coinciden en que, pudiendo haber sido una desgracia, he tenido una suerte tremenda en todos los sentidos. Y siento que todo el mundo se portó súper bien, desde mis compañeros en ese momento a todos los médicos y mis jefes. Y que al final ha sido un accidente “tonto”, pero que nos puede pasar a cualquiera.








